La llegada masiva de sargazo cambia el color del Caribe
El sargazo llegó este año antes y con más fuerza a las playas del Caribe mexicano, golpeando al turismo y a los ecosistemas costeros. Mientras empresarios buscan convertir la macroalga en ladrillos, cosméticos o bioestimulantes, gobiernos y organismos intentan contener una crisis que crece cada año.
Barrer la arena es como ponerle puertas al campo o buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, cada día al amanecer, decenas de personas barren las playas del Caribe mexicano para separar la arena de una macroalga llamada sargazo: trabajan con rastrillos, palas, carretillas y, muchas veces, acompañadas por máquinas barredoras y excavadoras, que recorren el arenal entre los turistas más madrugadores.
El sargazo llegó a las playas del Caribe de forma masiva por primera vez en 2011 y este año se ha registrado un récord de arribazones: montañas de algas se van acumulando en las playas y todo esfuerzo para limpiarlas parece en vano, pues hay tanto sargazo flotando en el mar que ola tras ola se sigue acumulando en la orilla. Además, si años atrás las algas aparecían solo un par de meses durante el verano, este año llegaron en febrero y de la forma más severa de la que se tiene registro.
Detrás de las toneladas de sargazo que están afectando a las playas de la región –no solo de México, sino de más de treinta estados y territorios del Caribe, desde la República Dominicana hasta las islas Barbados– existe un fenómeno llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una inmensa biomasa de unos 9.000 kilómetros que se extiende entre las costas occidentales de África, Brasil y del Caribe.
Su crecimiento está relacionado con una combinación de factores naturales y humanos. Los nutrientes que desembocan en el océano a través de grandes ríos –por ejemplo, el Amazonas– alimentan su expansión, mientras que el aumento de la temperatura del mar crea condiciones cada vez más favorables para su proliferación. El resto lo hace el capricho de corrientes y vientos, que deciden adónde llevar las algas que se desprenden del Gran Cinturón de Sargazo.
México ha impulsado y exportado estrategias para contener esta alfombra marrón que avanza lentamente, empujada por las corrientes y el viento
Frente a esa realidad, México ha impulsado y exportado estrategias para contener esta alfombra marrón que avanza lentamente, empujada por las corrientes y el viento: barreras flotantes, embarcaciones que intentan interceptar el sargazo antes de que llegue a tierra y proyectos industriales destinados a transformar la biomasa en nuevos productos forman parte de una respuesta que, sin embargo, sigue siendo insuficiente.
El alga que se convirtió en negocio
Ante la magnitud del problema, algunas empresas han decidido convertir la crisis en oportunidad. Una de ellas es Carbonwave, que se dedica a transformar el alga en biomateriales. Con la parte líquida del sargazo –que representa un 80%– produce un bioestimulante para plantas que vende sobre todo en Estados Unidos, mientras que la parte sólida del alga es secada, molida, tamizada y vendida a otras empresas que crean distintos productos como sandalias y lápices. El sargazo es utilizado también en la cosmética y existen proyectos de investigación orientados a la producción de un cuero vegano.
El pionero del aprovechamiento del sargazo en el Caribe mexicano es Omar Vázquez Sánchez, que hace más de diez años, cuando caminaba por la playa de Puerto Morelos, miró las algas con curiosidad y vio en ellas una oportunidad. «Fui la primera persona en dar el servicio de limpieza de playas del sargazo en el estado de Quintana Roo; tenía más de trescientos empleados», afirma el empresario, que entonces era jardinero y empezó a usar el sargazo como compost para las plantas de su vivero.

Años después tuvo una gran intuición y creó SargaBlock: un tabique hecho con la macroalga. «Tiene un 40% de sargazo y un 60% de materia orgánica que nosotros mismos preparamos, está libre de cemento y de aglutinantes no naturales», dice Vázquez Sánchez, que en los últimos años ha viajado a otros países caribeños como República Dominicana, Barbados, Belice, Puerto Rico, Guadalupe y Estados Unidos para compartir su experiencia sobre el uso comercial de la macroalga.
En algunas personas, la economía circular ha despertado expectativas no solo por su potencial económico, sino como estrategia para combatir el sargazo. Justo en Puerto Morelos, el Gobierno mexicano tiene planeada la construcción del Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar Quintana Roo (Podecibi), donde invitó a las empresas dedicadas a la transformación del sargazo.
«La propuesta nos interesa sobre todo porque nos darían unos apoyos fiscales», dice Rodrigo Malagón, director de ventas del Grupo Ensol Caribe, que es una rama de Carbonwave. Sin embargo, Malagón no piensa que actualmente la economía circular pueda ser una solución real al problema. «Creo que puede ser una respuesta a esta crisis solo en el muy largo plazo», asegura.
El récord de arribazones de este año motivó una visita a la costa caribeña de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, quien a principios de agosto anunció el lanzamiento de un plan integral contra el sargazo que consistirá no solo en apoyos para las empresas que lo transforman, sino también en la integración de un grupo de científicos que estudie el alga y en la compra de nuevas embarcaciones que amplíen la capacidad de recolección del alga mar adentro, considerada la forma más eficaz de contención.
Víctor Hugo Morales, embajador mexicano en Trinidad y Tobago: «Ningún Estado puede enfrentar al sargazo y sus efectos de manera aislada»
Por su parte, la Asociación de Estados del Caribe (AEC) está buscando una respuesta regional coordinada a la crisis. En mayo de 2023, jefes de Estado y de Gobierno de la AEC firmaron la Declaración de Antigua, con la que reconocen el vínculo que los arribazones de sargazo tienen con la crisis climática y el impacto de las actividades humanas. Además, dentro de la AEC se creó una Subcomisión de Sargazo que formuló un proyecto regional con el propósito de enfrentar futuras arribazones.
«Ningún Estado puede enfrentar al sargazo y sus efectos de manera aislada. Sin embargo, la respuesta regional coordinada para atender el sargazo enfrenta desafíos de distinta naturaleza: la ejecución del proyecto regional 2026-2030 requerirá movilizar aproximadamente 25 millones de dólares y persisten desafíos técnicos e institucionales», sostiene en entrevista Víctor Hugo Morales Meléndez, embajador mexicano en Trinidad y Tobago y representante permanente de México ante la AEC.
Los costos que el negocio no resuelve
Los arribazones masivos de sargazo tienen grandes costos ambientales, sociales y económicos para los países caribeños. Los turistas llegan en números cada vez menores a estas playas que en las agencias son vendidas como paraíso de aguas cristalinas y arena blanca, y donde, en realidad, el color que ahora prevalece es el marrón. El Caribe ya no es tan paradisíaco para el turismo y, tomando otra vez a México como ejemplo, a pesar de la alta temporada vacacional, la ocupación hotelera en julio rondó el 57%.
El sargazo causa graves afectaciones también al medioambiente y mucho antes de llegar a la playa. Mientras permanece flotando, forma extensas balsas que reducen la cantidad de luz para los arrecifes de coral y las praderas de pastos marinos, dos ecosistemas esenciales para la biodiversidad tropical. Cuando finalmente arriba a la costa y se acumula sobre la arena, inicia un proceso de descomposición que libera gases como amoníaco y ácido sulfhídrico, responsables del característico aroma a azufre que ahuyenta al turismo.
El 21 de julio, miles de peces aparecieron muertos frente a la costa de Puerto Morelos y, de acuerdo con investigadores de la UNAM, puede haber sido causada por la falta de oxígeno debida a la gran cantidad de sargazo
Además, su descomposición consume oxígeno en el agua y se pueden producir episodios de hipoxia que causan la muerte de la fauna marina. El 21 de julio, miles de peces aparecieron muertos frente a la costa de Puerto Morelos y, de acuerdo con investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la mortandad puede haber sido causada por la falta de oxígeno debida a la gran cantidad de sargazo, mientras que las autoridades afirmaron que hasta el momento no es posible establecer una causa única.
Mientras tanto, cada amanecer trae una nueva marea marrón como parte de un ciclo que parece no tener fin. En la playa, los trabajadores vuelven a llenar carretillas convencidos de que, unas horas después, el mar devolverá exactamente lo que acaban de recolectar.
Retirar el sargazo tampoco está exento de consecuencias. Una vez trasladado a centros de acopio, el alga continúa descomponiéndose y produce lixiviados capaces de infiltrarse en el suelo y contaminar el acuífero. Diversas organizaciones ambientalistas han advertido además que el uso de maquinaria pesada como excavadoras puede acelerar la erosión costera, compactar la arena y afectar a nidos de tortugas marinas y otros organismos que dependen de las playas para completar su ciclo de vida.
Omar Vázquez: «La raíz del problema está en el calentamiento global, provocado por nosotros mismos. Todos compartimos una parte de esa responsabilidad»
Omar Vázquez lo sabe mejor que nadie. A pesar de haber construido viviendas con sus bloques de sargazo y de haber demostrado que la macroalga puede convertirse en un recurso útil, no piensa que el aprovechamiento industrial resolverá la crisis. «La raíz del problema está en el calentamiento global, provocado por nosotros mismos. Todos compartimos una parte de esa responsabilidad. El problema es mucho más grande que cualquier solución que podamos ofrecer. El sargazo llegó para quedarse», concluye el empresario.

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