El impacto de la IA en el oficio del periodismo: usos y abusos
Las redacciones de los medios de comunicación completaron su proceso de informatización tras el cambio de milenio. Al mismo tiempo, los móviles y los avances en las redes sociales volvieron la información mucho más accesible, lo que creó el escenario perfecto para que la IA revolucionara el oficio.

Escribir es cada vez más fácil. El día que entré a un periódico por primera vez, en 2001, en una esquina estaba el último teclista ocupándose de las esquelas. Lo recuerdo flaco, con gafas y bigote cano. Al poco tiempo, se jubiló.
Los teclistas eran, antes de mi llegada al oficio, los subordinados de los periodistas que habían estudiado la carrera. El periodista aporreaba la máquina de escribir y dejaba la noticia escrita en un folio.
El folio con la noticia descendía entonces al piso de abajo, el de los teclistas. Allí, uno de estos trabajadores lo tomaba y transcribía todas aquellas letras en una extraña máquina de escribir, sin importarle demasiado el contenido.
La diferencia de su máquina radicaba en que no usaba folios corrientes, sino un rollo de papel similar al que se entrega en los supermercados con el ticket de la compra. Esto es, con la estrechez justa de una columna de periódico.
La cinta de papel se cortaba después a la altura adecuada, para configurar con los distintos pedazos, pegamento y cera, cada página que se llevaría a la rotativa.
La jubilación del último teclista y la desaparición de los tomos de la RAE y de los libros de consulta que estaban por todos los escritorios de la redacción -a los que Google fue tirando a la basura sin que nos diéramos cuenta- completaron el proceso de informatización de las redacciones durante la siguiente década. O eso pensábamos.
Mientras todo esto sucedía en las redacciones, la accesibilidad del contenido mejoró tanto o más. Los móviles se universalizaron, lo que volvió localizable a cualquiera las 24 horas del día y permitió sacar fotos de todo. Ahora, las ruedas de prensa llegan nada más terminar, normalmente hasta con foto, por correo.
La suma de facilidades no trajo comodidad. Las caídas en las ventas de papel y la asunción de que la información es gratuita atacaron las cifras de negocio y las empresas se dieron cuenta de que, con menos personas, también podía sacarse adelante un periódico. Sobre todo, cuando llegan cada vez más delgados al quiosco.
En 2004, los periódicos del Estado español necesitaban 22.500 toneladas de papel cada mes para imprimirse (según AEDE) y dos décadas después, consumían 4.800 toneladas (cifra de KPMG).
Ahora todo eso parece como la pista de aterrizaje de la verdadera revolución: la llegada de la IA, más concretamente la llegada de la inteligencia artificial generativa.
Los terrenos donde el periodismo puede florecer
El gran faro que los periodistas usan para ver hacia dónde evolucionará su oficio es el informe ‘Journalism, Media, and Technology Trends and Predictions’ que publica Reuters. Este informe es la destilación de la opinión de los medios de comunicación más importantes de todo el mundo, del que se extraen datos tipo encuesta y reflexiones más profundas.
Ahí se revela la IA como un instrumento de doble filo. Los medios están aterrados, pues solo el 38% manifiesta tener «confianza» en el sector, frente al 60% que confiaban hace tan solo un año.
Su miedo principal se justifica en que, como los buscadores de noticias están aplicando una IA que resume los contenidos de sus webs, las personas que buscan esa información ya ni siquiera entran.
El segundo temor es que las personas acaben perdidas en un mar de contenido generado por bots para entretenerlas o para difundir noticias falsas.
Otra cosa es que los medios no puedan defenderse. Como señala Le Quoc Minh, el editor jefe del periódico vietnamita “Nhan Dan”, en ese mismo trabajo: «Cuando las plataformas de las redes sociales se inundan de noticias falsas y contenido tóxico, es el momento idóneo para que el periodismo demuestre su valor».
Hay casi unanimidad en cómo los periodistas deben «demostrar su valor». Las IA escriben y procesan, pero no levantan el teléfono, no salen a la calle, no hablan con la gente ni encuentran historias.
Así, los encuestados por Reuters creen que hay que centrarse en la cobertura sobre el terreno, con un 91%, hacer un periodismo pegado al territorio.
Christof Zimmer, de “Der Spiegel”, lo resume así: «Las noticias genéricas ya no funcionan; se trata de salir a la calle, descubrir noticias, aportar nuevas perspectivas».
El otro cambio se deriva del anterior. Si los medios tienen que apegarse a su territorio y buscar historias, esto va en detrimento de pugnar por ser los primeros en dar noticias generales o masivas.
Martin Shiori, director de IA en “Aftonbladet” (el periódico sueco más vendido), asegura que las IA seguirán «empaquetando nuestro contenido», por lo que «la respuesta a eso probablemente sea centrarse en un periodismo que no se pueda resumir fácilmente en tres viñetas».
Usos generales, pioneros y plante necesario
Los medios participantes en el estudio admiten que ya usan la IA para lo que se denomina back-end, o automatización interna, cuyo rol pasa a ser «muy importante» para el 64% de ellos. Los periodistas la usan para la transcripción de entrevistas o la asistencia en la corrección de textos, que ha saltado ya de lo puramente gramatical a hacer sugerencias estilísticas o corroborar algunos datos que se citan online en la web.
«Los generadores de titulares y la automatización de textos alternativos se han adoptado ampliamente, junto con guías de estilo integradas en los sistemas de gestión de contenidos, mientras que los resúmenes de contenidos se incorporan ya en muchos sitios», recoge Journalism, Media, and Technology Trends and Predictions.
La IA también ayuda a recabar información, aunque se usa menos que para el back-end. Es «muy importante» esta tarea solo para el 29% de los medios consultados, pero algunas de las funciones encontradas parecen prometedoras.
Es el caso de “The New York Times”, que usa bots que criban información masiva para elaborar sus artículos. Los empleó para analizar podcasts y vídeos que hablaban de la muerte de Charlie Kirk para encontrar parámetros clave de los discursos que surgieron a partir de ese crimen.
Mientras, los medios económicos están desarrollando algoritmos de alerta enfocados en la bolsa y los movimientos trascendentes para avisar a sus lectores.
Otros periódicos han desarrollado herramientas con IA que se centran en analizar todas las publicaciones gubernamentales (los Boletines Oficiales) para rastrear en ellas noticias de forma automática, mejorando sustancialmente con esto la capacidad de fiscalización de la política, destacando en este punto el noruego 'iTromsø', que ha logrado así importantes exclusivas.
El finlandés 'Helsingin Sanomat' ha desarrollado algoritmos de alerta que peinan grupos de Telegram prorrusos y avisan de inmediato a sus redactores.
En definitiva, el futuro del periodismo depende de la pugna entre los periodistas y esta herramienta, aunque todo uso tiene su contrapartida. ChatGPT opina, por ejemplo, que este texto abusa de las subordinadas y que resulta redundante. Pero nadie está obligado a hacerle caso.
Los investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela Xosé López-García y Cristian Augusto González Arias advierten de que la IA está asesorando tanto que «la escritura empieza a sonar cada vez más parecida a sí misma: se repiten estructuras sintácticas, tonos medios, secuencias formularias y maneras previsibles».
A lo que cabe añadir que, si los periodistas renuncian a escribir y no aprovechan las nuevas facilidades que trae la IA para destacar en hacer periodismo pegado al territorio y en buscar buenas historias, correrán el mismo destino que los teclistas.
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Proyecto financiado por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial y por la Unión Europea - Next Generation a través de la convocatoria de ayudas para la integración de inteligencia artificial en las cadenas de valor de medios de comunicación.
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