
Hace ya diez años desde que Ángel Vicente decidió dejar de mezclar canciones y comenzó a fusionar heladería con repostería. En el año 2016, dejó su oficio de DJ y puso rumbo a Italia para formarse en el oficio más querido en verano, el de maestro heladero. Volvió a Gasteiz con una pala italiana bajo el brazo, y con muchas ganas de jugar como un niño. Hoy lo recuerda como una «reconversión laboral».
Tras varios intentos de crear helados en casa, y vender otros tantos a restaurantes cercanos, abrió ese mismo año su propia heladería bajo el nombre de Angelato. Desde la pandemia se encuentra a escasos metros de la plaza de la Virgen Blanca, en la calle Prado. Asegura que sus clientes siempre han sido gasteiztarras, aunque confiesa que al estar en el centro de la ciudad sí se acercan turistas.
Son veintinueve los sabores que ofrece Vicente, desde el helado de pantxineta hasta el helado de queso Idiazabal, membrillo y nueces caramelizadas, pasando por el de tarta de queso con sabor a limón. «Intento descubrir que se puede hacer otra heladería aparte de mantecado y pitufo, que aquí no hay», relata el heladero a NAIZ.
Se llena de orgullo al mencionar la amplia variedad de sabores veganos que ofrecen, ya que asegura tener una de las vitrinas «más grandes» de estos helados.
Desde hace tres años, además, no solo fusiona la repostería con la heladería, sino que también se ha atrevido con la perfumería. Mediante aceites esenciales de flores, el cliente goza de sabores como el helado de mango, maracuyá y flores blancas. «Aquí la gente viene a buscar las especialidades, porque Angelato es una heladería de autor», afirma.

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