Markel Garzon Goitia
Aktualitateko erredaktorea

Un hechizo colectivo hace surgir ocho noches mágicas en Bilbo

Cuando clarea el alba y uno se dirige a su nido recuerda a Schiller. Tenía razón el germano. Al igual que Olentzero no puede prescindir de sus galtzagorris en la noche del 24 de diciembre, Marijaia y su Aste Nagusia no sería posible sin el admirable trabajo nocturno de sus comparseras y comparseros.

Multitud de gente en las txosnas durante la primera noche de Aste Nagusia.
Multitud de gente en las txosnas durante la primera noche de Aste Nagusia. (Aritz LOIOLA | FOKU)

Una semana antes de que Ainhoa Urrejola prendiera la mecha para lanzar el txupin desde la balconada del Arriaga y dar inicio a ocho noches de desenfreno en Bilbo, quién escribe estas líneas se encontraba en el aeropuerto de Stuttgart, una semana por un verdadero refugio climático como es la Selva Negra da para familiarizarse algo con el alemán. 

Coge el ‘Bild’ de una estantería metálica. Pone a prueba su comprensión escrita, aunque todavía no es apta como para entender el análisis del periodista deportivo Michel Makus sobre la salud económica del Borussia Dortmund, se queda con el nombre de Friedrich Schiller en un artículo de opinión.

Dicho dramaturgo, poeta y filósofo de gran influencia en Alemania del siglo XIX destacó en una de sus obras que «todo sucede de noche». Consideraba que ese período del día no era solo para dormir y relata que los revolucionarios aprovechaban para salir de las catacumbas para organizarse y hacer frente a la aristocracia en busca de una mejor vida.

El espectáculo pirotécnico da comienzo a la fiesta nocturna (Aritz LOIOLA | FOKU)

Con el estallido de los fuegos artificiales desde el Parque Etxebarria, puntuales a las 22.30, se acuerda de Schiller y considera que los jóvenes y no tan jóvenes revolucionarios de las 27 txosnas de Bilboko Konpartsak que dedican sus noches detrás de la barra sirviendo katxis, entre fogones, limpiando o arreglando el escenario para un nuevo concierto, son imprescindibles y los verdaderos artífices de cimentar la semana más especial del año en Bilbo.

Pistoletazo de salida 

Pocos momentos hay de respiro en Aste Nagusia como los quince minutos que duran los fuegos artificiales tronando. Compañías pirotécnicas de Uruguay, México, Alemania, Italia y País Valencià pondrán el ruido y los destellos este año. Paseo de Uribitarte, Plaza Arriaga o de Ernesto Erkoreka se abarrotan de multitud de gente para presenciarlos. Incluso los más caprichosos pueden ver los fuegos desde la Ría; eso sí, son 600 euros de alquiler completo por embarcación y 75 euros por persona que accede a él.

Hay quien prefiere dejar ese dinero en txosnas, y según termina la traca final, ya está con codo en barra para empezar a refrescarse a base de kalimotxos. No es mala idea teniendo en cuenta que las temperaturas rondan los 25 grados estas noches.

Hay quien apuesta por coger sitio para los conciertos de las 23.00. Es hora de degustar de la infinidad de variedad musical que ofrecen las noches de Aste Nagusia. Por el escenario de Abandoibarra han pasado estos días bandas históricas como Zea Mays o Urtz. Las romerías han vuelto a ser un clásico en la Plaza Circular. Los más jóvenes han cogido rumbo al Parque Europa para vibrar con los DJ´s. Incluso hay quien se sube a las barracas del Parque Etxebarria –abiertas hasta la 01.00 horas– para escapar de la muchedumbre y gozar de unas privilegiadas vistas.

Concierto en Kulturgunea (Aritz LOIOLA | FOKU)

Muchos optan por los conciertos en txosnas. Más íntimos y cercanos. Muchos grupos encuentran aquí su primera gran oportunidad, aunque también hay los que arrastran a sus fieles seguidores hasta ‘El Botxo’.

Con la mirada puesta en el entrañable escenario de Algara, uno presencia entre cabezas y pañuelos azules, un sinfín de emociones. Los nervios encima del escenario, el entusiasmo de la kuadrilla que ve a su amigo cumplir un sueño, las reivindicaciones a mitad del concierto y el orgullo del aita y de la ama viendo a su hijo hacer vibrar a todo el público.

De txosna en txosna

Terminan las últimas melodías y comienza la peregrinación hacía las txosnas. 27 opciones. Aunque en la bajada hacia el Teatro Arriaga uno no se aburre... Que se lo digan al trío de irlandeses que con su camiseta del Derry City y su cerveza en mano da la sensación que están en un parque de aventuras.

Tragafuegos, puestos con venta de pines y chapas, parrillas con pintxos morunos y espectáculos de breakdance rodean las txosnas del Arenal. Es un mundo dónde se respira un ambiente jovial, sin tensiones y la única preocupación es el tiempo de espera en la barra o esquivar la purpurina de Pinpilinpauxa.

Tan agradable es el ambiente que hasta uno se encuentra con Gaizka Garitano con sus colegas disfrutando de la música de txosnas como cualquier otra kuadrilla. Por cierto, que la proporción de música en euskara que suena en las txosnas era de un 27%. Este año se ha acordado elevar ese porcentaje. 

Comparsera sirviendo una caña en Eguzkizaleak (Aritz LOIOLA | FOKU)

Se le ve feliz a Garitano. Se celebra. Con una caña, con un kalimotxo o quién sabe. También ha llegado una pócima que se bebe en forma de chupito: licor butano. Patxaran con zumo de naranja. Mientras uno elige qué pedir se acuerda de sus primeros turnos hace unos cuantos años. La primera caña mal servida y el estupor al oír a ese andaluz reclamando un hielo para la cerveza. Cosas de la noche.

En el tiempo de espera uno puede echar mano a las pegatinas de la barra para su colección. O para sellar su ‘Pasapote’. Un auténtico pasaporte de Bilboko Konpartsak para llenar de sellos de las comparsas y verificar que el periplo entre txosnas está completado.

Uno sale de la barra con su kalimotxo. Tradicionalismo. Más original es la pegatina que lleva pegada de AKAB, All Konpartsak Are Beautiful. Lo son, desde sus decoraciones hasta su esencia: construidas por el pueblo y para el pueblo. Testigo de reencuentros, primeros romances, primeros acordes, himnos cantados a pleno pulmón, reivindicaciones y fotos para el recuerdo. 

Clarea el alba

Primeros rayos de sol. Quién es fiel al «afaldu, denbora galdu» tiene las tripas rugiendo y ya puede ir a por unos churros al Arenal o un pintxo de tortilla al Casco Viejo. En cuestión de horas empiezan las competiciones de ajedrez en Tintigorri.

Tampoco es mala decisión volver a su dulce hogar a reponer fuerzas para la última traca de fiestas. Aunque a algunos la cabezadita en el metro les puede salir cara y despertar en Plentzia o Santurtzi.