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Balance redondo y festivo olé final

Se cerró anoche el ciclo de festivales jazzísticos de verano con otra rica celebración. La íntima y bella propuesta de Diana Krall clausuró el Kursaal. Y en la Plaza Trinidad hubo un sonado fin de fiesta con las melancolías sureñas que cautivaron al gran Miles Davis, revisadas por Erik Truffaz.

Erik Truffaz y su grupo revolucionaron la Plaza Trinidad. (Gorka RUBIO | FOKU)

Casi nada que objetar y mucho que celebrar. Como viene siento hábito, la cita jazzera donostiarra se clausura con más de lo mismo: asentada calidad programática, segura estructura organizativa y magnífica respuesta de asistencia. Y si hay artista con garantía segura en el mundo internacional festivalero es Diana Krall que se ha colocado en un destacado lugar entre el jazz estándar y la música popular.

La cantante y pianista de la canadiense Columbia Británica regresó a Donostia con el mayor tirón de público del cartel y apoyada por la sección rítmica de Dennis Crouch al contrabajo y el batería Jay Bellerose más el también asiduo del festival guitarra Marc Ribot, que fue Premio Jazzaldia en la pasada edición.

La tópica periodística nos lleva a tratar de diva a la creadora norteamericana, pero tras las casi dos refinadas horas de recital de ayer tarde mejor olvidarse del epíteto. No se le puede negar cotización comercial y primacía en el ranking mundial de cantantes en onda jazzy. Pero su hacer artístico y escénico ha llegado ahora mismo a un estado de pureza íntima y belleza creativa sin el más mínimo artificio. Pareciera incluso que actúa encogida sobre sí misma, sincera, disfrutando del ramillete de títulos clásicos y algunos menos viejos del cancionero popular del norte americano anglo.

En una penumbra en rojo y ambiente de set cinematográfico, ‘Almost Like Being In Love’, arrancó una sesión íntima con la protagonista cantando casi siempre en tono justo, a veces casi recitado. El repertorio incluyó ‘There Ain't No Sweet Man That's Worth the Salt of My Tears’, ‘We Just Couldn't Say Goodbye’, ‘Just Like a Butterfly That's Caught in the Rain’ o ‘I'm Confessing That I Love You’, cargando el ambiente de desamparada tristeza.

El gran acordeonista galo Vincent Peirani. (Gorka RUBIO | FOKU)

Hasta el Tom Waits de ‘Jockey Full of Bourbon’ resultó leve y la hermosa versión del dylaniano ‘It's All Over Now, Baby Blue’ elevó la categoría del recital. Fluyó la tarde por el momento de exquisitez ‘I’ve Got You Under My Skin’, del maestro Cole Porter. Hubo intenciones cómicas en la susurrada ‘Mrs Wonderly’ y se animó el ambiente con un blues del clásico Jimmy Reed. Tras casi dos horas de complicidad entre la eficaz pianista y personal vocalista y su perfecto combo, con un genial Ribot como pieza central, Diana se despidió con otra especial revisión: ‘Famous Blue Raincoat’, de Leonard Cohen, más un final por fin animadillo. 

Clausuras

Por la mañana el Festival fue clausurando escenarios con el programa ‘Abrazo’ de los franceses Émile Parisien, saxofón soprano, y Vincent Peirani, acordeón. También cerró programación el caserío Zabalaga de Chillida Leku con recital del trompetista británico Enrico Tomasso junto al contrabajista Ignasi González. La programación Jazzeñe del Teatro Victoria Eugenia vivió su final con el quinteto del clarinetista Louis Sclavis y su obra ‘India’. Mississippi Queen & The Wet Dogs finalizaron el Txikijazz de la terraza del Kursaal. Y el espacio Nauticool se vació de músicas de DJs. Como es habitual, la programación del escenario grande de la playa se había clausurado la noche del sábado con Nøgen y HOFE, y las últimas actuaciones de las terrazas de Zurriola las protagonizaron The International Classic Jazz Allstars, Erromintxelak, Thalatha, Four Cloves y el pianista Iñar Sastre.

Reflexiones a la francesa

La Plaza Trinidad volvió lucir repleta en una noche finalmente tranquila en lo ambiental para recibir primero el experimento ‘Living Being IV (Time Reflections)’ del  
acordeonista galo Vincent Peirani y su paisano saxo Émile Parisien, que estuvieron de mañana en San Telmo a dúo. Apoyados por Yoann Serra a la batería, Julien Herné al bajo y Tony Paeleman en el teclado Fender Rhodes.

El público no quiso perderse ni el más mínimo detalle. (Jon URBE | FOKU)

La fina y aérea ‘Le Cabinet des Énigmes’ abrió set para dar paso al momento más luminoso, atractivo y quedón de su repertorio: el medio reggae ‘Physical Attraction’. Rindieron tributo en ‘L.L.’ al guitarrista de Benín, Lionel Loueke, con una festiva fanfarre afro, con el saxo soprano de Parisien llevando más el protagonismo que el propio jefe de fila. Peirani, experto en su gran acordeón melódica, se difuminó mayormente en la labor grupal, pero cuando se quedó más solo lució como hábil y personal instrumentista.

Presentaron la larga triple suite ‘Time Reflections’, de aires sinfónicos, y se despidieron con el medley ‘Bremain Suite’, mezcla del ‘Under Pressure’ de David Bowie y Queen, ‘Glory Box’ de Portishead y el beatle ‘I Want You (She’s So Heavy)’. Una peculiar mezcla de fusion jazzística, pop-rock y el distinguido toque galo del acordeón creativo.

Juerga

Si el año pasado la Trinidad se aflamencó en la despedida del Festival con el espectáculo ‘Paco de Lucía Legacy’, el adiós de anoche volvió a mirar al sur. Lo hizo con una particular unión de flamenco, jazz y folk con el programa ‘New Sketches of Spain’, en el centenario del gran trompeta Miles Davis. En la presentación de la noche la organización recordó además el ciento cincuenta aniversario del influyente Manuel de Falla.

Erromintxelak, en las terrazas de Zurriola.

El salto creativo y geográfico es particular partiendo de la pasión de Davis por lo jondo y tradicional hispanos, revisado ahora por su colega suizo de instrumento Erik Truffaz y la presencia principal de la voz, saxofón alto y flauta de Antonio Lizana. Más Renaud Gabriel Pion en el clarinete bajo y arreglos, el tocaor Pau Figueres, el armenio Arin Keshishi al bajo eléctrico, el batería Manuel de la Torre, Vincent Thomas en las percusiones y la notable Sara Sánchez al baile. Todo un hermoso plantel para recuperar ese ‘Esbozos de España’, del año 1960. Una reinterpretación contemporánea de la gran obra de Miles Davis y Gil Evans.

El guitarrista Figueres y Truffaz a la trompeta abrieron ambiente para que el conjunto se atreviera con el ‘Adagio’ del ‘Concierto de Aranjuez’, del maestro Joaquín Rodrigo, arreglado por seguiriyas. Los primeros dúos trompeta-saxofón evidenciaron la mágica unión sonora de dos mundos diferentes en su origen, el jondo y el jazz electrónico, hermanados aquí en magnífica nueva hechura.

‘Rocas’, compuesto por Renaud Gabriel, fue la aportación propia y la fiesta se fue tornando arrebatadora con Lizana fino al cante y en particulares duelos de saxofón y baile con el arte y la fuerza desbocados de Sara Sánchez. Los ecos de ‘Soleá’ y de nuevo ‘Aranjuez’ revolucionaron el txoko de Alde Zaharra para una digna despedida de otro Jazzaldia pleno de balance artístico y de participación popular.