Miguel Fernández Ibáñez
Elkarrizketa
Paulo Vilca
Abogado y politólogo peruano

«El Senado será el árbitro político en Perú después de las elecciones de hoy»

Paulo Vilca, abogado y politólogo del Instituto de Estudios Peruanos, ha ocupado diferentes cargos públicos: viceministro de Interculturalidad con Ollanta Humala, asesor del Frente Amplio, viceministro de Gobernanza Territorial con Martín Vizcarra y asesor de la izquierda caviar de Verónika Mendoza.

Abogado y politólogo del Instituto de Estudios Peruanos, Paulo Vilca ha ocupado diferentes cargos públicos.
Abogado y politólogo del Instituto de Estudios Peruanos, Paulo Vilca ha ocupado diferentes cargos públicos. (Miguel FERNÁNDEZ IBÁNEZ)

El abogado y politólogo peruano Paulo Vilca da las claves de las elecciones generales y presidenciales que se celebran mañana en Perú, país que ha vivido una última legislatura caótica con el autogolpe de Pedro Castillo, remodelaciones constantes de gabinetes y hasta cuatro presidentes.

«En Perú son posibles los escenarios de 2016 y 2021. En 2016 pasaron dos partidos de derecha porque se dividió el sur. En 2021, el voto de la izquierda se aglutinó y pasaron uno de izquierda y uno de derecha. Pero hay otro escenario, el de 2020, cuando hubo elecciones al Congreso porque Martín Vizcarra lo disolvió: surgieron los ‘pescaditos’ [por el Frepap, una secta israelí que terminó tercera con 15 escaños]. Fue el voto de la joda. Y esa opción en el presente serían Ricardo Belmont y Carlos Álvarez», analiza Vilca en esta entrevista con GARA.

En 2016, Keiko Fujimori perdió las elecciones frente a Pedro Pablo Kuczynski, pero obtuvo la mayoría absoluta en el Congreso. Ahí comenzó el parlamentarismo de facto. Después, aun sin mayoría parlamentaria, ha sabido aliarse con otros grupos para mantener el sistema. Por eso hemos visto ocho presidentes en diez años. ¿Cómo ha logrado dominar el Congreso?

Este Congreso ha construido un statu quo en el que es el poder predominante porque el fujimorismo se ha convertido en un partido parlamentario. Tiene mucha lógica: luego de perder tres veces [la Presidencia], Keiko ve que no va a ganar. Además, cuando Vizcarra disolvió el Congreso, creó un trauma entre los parlamentarios que ha llevado a que apoyen esta nueva configuración.

Por otro lado, este Congreso ha nombrado a los nuevos integrantes de las principales instancias de Justicia y ha creado un ecosistema en el que todo depende de él. Ahora todo eso va a pasar al Senado.

¿Qué poderes tendrá el Senado?

En cualquier otro sistema bicameral, la Cámara de Diputados es más importante, pero acá será al revés: será el Senado. El Congreso fiscalizará, convocará comisiones y propondrá las leyes, mientras que el Senado será el que apruebe, modifique o archive estas leyes. Por otro lado, el Congreso podrá ser disuelto, pero el Senado es indisoluble.

Entonces, el Senado será el árbitro político. Obviamente, es la teoría, y puede que no funcione: el Congreso no estará de acuerdo con esa situación de sumisión y, seguramente, habrá una crisis entre ambas instancias.

¿Habrá voto cruzado dependiendo de la institución?

Hay un sector más informado que va a ir en esa línea. Antes, elegíamos presidente para cinco años, ahora lo haremos por uno o dos. Eventualmente, el vicepresidente va a acabar asumiendo el poder. Pero no solo es eso: puede que el senador o diputado por el que votes llegue a presidente. Lo vimos con José Jerí.

Esto hace que las personas le estén prestando mucha más atención al Congreso y al Senado que a la Presidencia. Pero hay un segundo elemento que puede contribuir a que haya un voto cruzado: en las elecciones nacionales, los candidatos presidenciales funcionaban como locomotoras, pero en esta elección los candidatos presidenciales son muy malos. No hay locomotora, y los candidatos más o menos competitivos son los del Senado.

El cómico Carlos Álvarez, al que tildan de fujimorista y que promete instaurar la pena de muerte para el sicariato, está disputando la segunda plaza. ¿Cómo explica su ascenso?

Lo de la pena de muerte lo dicen muchos candidatos. Una persona del sur me dijo algo evidente que no tienen otros políticos: es muy conocido, lleva 35 años haciendo reír a este país. Ha estado con Fujimori, sí; con Montesinos, también. Tiene una vida privada que él quiere ocultar, también. Pero el sketch del ‘Píos Chicken’ (el pollo a la brasa es el plato más popular) lo recuerdo y me mato de la risa, y el día del debate fue con la mascota del ‘Píos Chicken’ a la televisión.

Entonces, es conocido y hace reír, y acá, los políticos no hacen reír. En segundo lugar, Álvarez ha estado hablando de seguridad desde hace años. Para él, el gran problema no es la corrupción, es la inseguridad. Entonces, hay razones que explican su ascenso. ¿Va a ser suficiente para alcanzar la segunda vuelta? Es el Perú, es imposible saberlo. Su problema es que ya ha empezado a sufrir una contracampaña vinculada a su orientación sexual. Es gay, pero no ha salido del closet.

En la izquierda rural destaca la subida del castillista Roberto Sánchez.

Roberto Sánchez ha tenido un crecimiento desde que empezó a usar el sombrero de Pedro Castillo. Pero sobre todo hay un quiebre en la campaña, así como lo hubo en la campaña de Castillo cuando venía de Madre de Dios y lo detuvieron por el covid.

El quiebre de Sánchez fue en Chota, la provincia en la que nació Castillo. Organizó un mitin, se puso el sombrero e hizo algo que ni siquiera Castillo había hecho: se colgó una radio, que es algo muy campesino. Desde Chota ha empezado a crecer. Va a todas partes con el hermano de Castillo, con José Mercedes Castillo, que es candidato al Senado.

 

«Keiko es la eterna perdedora y le ha salido competencia a la derecha. Rafael López Aliaga está más allá. El fujimorismo ya no es la extrema derecha, ahora es la derecha»

 

Ahora, Sánchez afronta dos contracampañas: la del enemigo de derecha y la del amigo de izquierda. El movimiento de Verónika Mendoza y Perú Libre quieren llegar al Congreso, y necesitan que Sánchez no obtenga tantos votos. Aseguran que no se puede confiar en él.

¿Sin pruebas?

Con pruebas: no es confiable. Le han sacado sus votaciones, cómo ha llegado a acuerdos con el fujimorismo, cómo se llevaba bien con los empresarios cuando era ministro. Ese fuego amigo es mucho más creíble que el de la derecha. Eso ha ralentizado su crecimiento, pero Sánchez ha hecho algo que nadie más está haciendo: mítines por todo el país. Además, tiene cierta estructura de partido.

Me comentaba que hay que prestar atención al exalcalde de Lima Ricardo Belmont, que está subiendo en la última semana como ocurrió con Pedro Castillo en 2021. La figura del «outsider».

El año pasado, el outsider iba a ser Carlos Espá. Creció muy pronto. Han ido saliendo outsiders hasta el punto de ver quién es el outsider de la semana. Si hubiéramos conversado hace tres semanas, habríamos hablado del militar Wolfgang Grozo. Después salió Jorge Nieto. Y luego Sánchez. Y el de esta semana es Belmont, que es el primer outsider de la política latinoamericana: en el año 88, mientras conducía un canal de televisión, se lanzó a la Alcaldía de Lima y derrotó a los partidos.

 

«No tengo duda de que López Aliaga buscará un cambio constitucional si es presidente, y seguramente con el apoyo de los empresarios y el Ejército»

 

¿Qué ofreció? Obras. Fue la primera vez que alguien alejado de un partido ganaba en Latinoamérica. En el año 92 fue reelegido, aunque su gestión acabó mal: invitó a la gente a comprar acciones de su canal y se llevó la plata. Fue su debacle. Y en el 95 desapareció de la política.

Regresó en 2018 como candidato a la Alcaldía de Lima con Perú Libertario (luego Perú Libre), un partido de izquierda en el que estaba Castillo, y casi gana. En 2021, Castillo nombró asesor presidencial a Ricardo Belmont, cuyo discurso populista lo agarra todo: terminar con la inseguridad, luchar contra los venezolanos, redactar una Constitución, ayudar a los emprendedores. Con Carlos Álvarez comparte una cosa: se vende como si no fuera político.

Y la gran favorita es Keiko Fujimori. ¿Cómo ha evolucionado el fujimorismo?

El fujimorismo es el único partido en el que los cuadros tienen cierta formación. Es el partido con más poder, y parte del éxito es por la cohesión: si denuncian a un fujimorista, lo van a defender, y eso genera lealtad y disciplina. Veintiseis años después de la caída del papá, con una apuesta decidida por la juventud, Keiko Fujimori es la líder indiscutible de Fuerza Popular. Por eso hablo del keikismo. De hecho, quebró uno de los legados de su padre: el Congreso unicameral.

 

«El discurso populista de Belmont lo agarra todo: terminar con la inseguridad, luchar contra los venezolanos, redactar una Constitución, ayudar a los emprendedores»

 

Entonces, se va deshaciendo del legado. ¿Qué le queda? La lucha contra el terrorismo, la estabilidad económica y el orden. Por eso, su lema es “Vuelve el orden”. También afronta varios retos. Es la eterna perdedora y le ha salido competencia a la derecha. Rafael López Aliaga está más allá. El fujimorismo ya no es la extrema derecha, ahora es la derecha.

¿Qué diferencia a la derecha de Rafael López Aliaga, Keiko y Carlos Álvarez?

La de Keiko es una derecha popular, pero no es religiosa al extremo de López Aliaga, que pone énfasis en la guerra cultural y se ha enganchado más rápido a la derecha internacional de Aipac, VOX, Donald Trump.

En el caso de Álvarez, es de derecha por su énfasis en la seguridad, pero diría que es un populista. Probablemente ve los 90 como una época buena. ¿Eso le convierte en fujimorista? No necesariamente, porque lo piensa la mayoría del país.

En esta década de parlamentarismo de facto hemos visto dos tipos de presidentes: Martín Vizcarra y Pedro Castillo intentaron enfrentarse al Congreso y terminaron encarcelados, mientras que Dina Boluarte aceptó someterse al fujimorismo. ¿Es López Aliaga el político que mayor confrontación presentaría ante Keiko Fujimori?

La crisis va a continuar. Como decía, puede que el presidente sea vacado (destituido) en unos años. Esto no lo podría hacer tan fácilmente con Carlos López Aliaga. Si es elegido presidente, va a confrontar al Congreso. Se piensa que las asambleas constituyentes son cosa de la izquierda, aunque en Ecuador la impulsó la derecha de Daniel Noboa.

Y no tengo duda de que López Aliaga buscará un cambio constitucional si es presidente, y seguramente con el apoyo de los empresarios y el Ejército.