Arnaitz Gorriti

Los Knicks sobreviven a la remontada de los Spurs y empiezan a creer que pueden ganar el anillo

Los Spurs han logrado empatar a 104 tras veerse con un 83-97 adverso en el último cuarto, con 29 puntos del ala-pívot francés. Pero un grave errores en el pase del ‘Alien’ han facilitado que Brunson haya anotado el 104-105 con un tiro libre. Wembanyama ha tenido el tiro ganador, pero no ha entrado.

Un destacadísimo Karl-Anthony Towns se cuelga del aro.
Un destacadísimo Karl-Anthony Towns se cuelga del aro. (@NBA)

SAN ANTONIO SPURS 104 (0) - NEW YORK KNICKS 105 (2)

Mucho cuidado no hayan quedado heridas de muerte las Finales de la NBA de 2026. Si la reventa de las entradas para los partidos del Madison Square Garden están llegando a cotas irreales de hasta 100.000 dólares, las perspectivas de negocio especulativo para los partidos en la Gran Manzana pueden irse muy por encima de los rascacielos con los que otear el horizonte, porque los Knicks no se han conformado con haber robado un partido de las series Finales, sino que han robado los dos del Frost Bank Center.

Los Spurs han podido alimentar la épica de la remontada, llegando a igualar a 104 tras haber estado 14 puntos abajo, pero una serie de errores con un mismo denominador común, nada menos que Victor Wembanyama, han permitido a los de la Gran Manzana poder sobrevivir y disponer de dos tiros libres de Jalen Brunson para desnivelar la balanza con solo ocho segundos por jugarse. Pero el jugador franquicia de los Knicks ha anotado solo un tiro libre y los texanos han dispuesto de una posesión para conseguir empatar las Finales.

Ha podido ser esta la jugada que marque el destino del campeonato, porque la diferencia anímica tiene que ser sideral. Autor de 29 puntos y 9 rebotes, pero protagonista de varios errores en el tiro, un pase malo que ha ido a parar  a manos de Brunson y la postrera falta personal, Victor Wembanyama ha asumido el tiro ganador, pero en vez de encarar a su par, ha buscado un tiro de media distancia. Para desgracia del ‘Alien’ francés, su condición humana lo ha traicionado y el balón ha decidido no pasar por el aro, sino salir escupido tras golpear el hierro. Los Knicks han cerrado el rebote y se acabó lo que se daba: 104-105 para Nueva York y 0-2 al canto para los Knicks en una serie que retoma el hilo el próximo lunes.

En busca de las señales

La última jugada, dirimida con el tiro decisivo del jugador franquicia de los Spurs, ha dado la vuelta al mundo y cada uno de los presentes en el Frost Bank Center le ha dado la vuelta cada cual a su propio mundo. El dominicano Karl-Anthony Towns, uno de los destacados de esta victoria de los Knicks con 21 puntos –17 de ellos antes del descanso– y 13 rebotes, se la ha pasado rezando a su madre, recientemente fallecida, buscando un último aliento que, vaya usted a saber, de algún modo ha llegado en forma de tiro errado. 

«Lo tomo como una señal, está aquí conmigo. Cuando avanzas en la vida y pierdes a uno de tus padres, siempre estás buscando señales. Yo aceptaré cualquier señal que pueda recibir. Le recé a mi mamá antes de esa posesión. Un gran jugador como Wembanyama tuvo un gran tiro, pero simplemente no entró. Eso es gran defensa. Crédito a Mitch Robinson –quien ha punteado el tiro del ala-pívot galo–, crédito a nuestro equipo. Pero yo lo tomo como una señal. Mi mamá está aquí conmigo, y la aprecio muchísimo», aha declarado aún con las pulsaciones altas y el corazón en un puño.

Seis minutos antes todo el pescado parecía vendido: 83-97 para los Knicks luego de haber empezado más fríos que sus jóvenes rivales, pero remontando 12 puntos de desventaja antes del descanso, al que se ha llegado con un resultado de 52-56, con Karl-Anthony Towns llevando sobre sus hombros el peso anotador de los Knicks.

Tras el descanso, se ha cerrado la defensa de los Spurs y los exteriores neoyorquinos no han perdido ripio: triple va, triple viene, al punto de firmar un respetable 15 de 38 desde la larga distancia, con Landry Shamet, OG Anunoby, Mikal Bridges y Jalen Brunson anotando 13 puntos o más, todos ellos con algún triple en su haber, aparte del mencionado Karl-Anthony Towns.

El duelo ha tenido momentos de desaciertos y momentos de pura tormenta salvaje, y cuando Anunoby se ha colgado en las narices de Wembanyama para el 83-97, parecía que la cosa estaba ya sentenciada, pero no. Parcial de 14-0 al canto de los texanos, que pese a su juventud e inexperiencia, se han agarrado a sus ansias de triunfar por encima de todo. Wembanyama se ha ido a los 29 puntos, pero no ha estado solo. Devin vassell, Stephon Castle, De'Aaron Fox y Dylan Harper han sumado 14 o más tantos para voltear el marcador.

Y a fe que lo han conseguido, cuando un «dos más uno» de Wembanyama ha puesto el 104-102 en el marcador con el duelo ya metido en sus últimio segundos, volviendo patas arriba el Frost Bank Center al completo.

Pero si Karl-Amthony Towns busca en los posos del café la huella incorpórea de su madre, Jalen Brunson ha rebuscado en la historia de su padre para rescatar a sus Knicks. Y es que el progenitor de Jalen Brunson, Rick Brunson, formó parte de la plantilla de los Knicks que en 1999 perdiera por 4-1 la Final de la NBA frente a los San Antonio Spurs. El vástago, nacido y sobre todo criado a pocos metros del Madison Square Garden, luego de abrir los ojos al mundo un buen día tal como el 31 de agosto de 1996 en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey, ha igualado el duelo a 104 y, con pocos segundos para el final y un aroma a prórroga o remontada épica de los Spurs, ha robado el balón  aun flojo pase de Wembanyama, quien segundos después ha cometido la falta que los viejos cronistas acentuaban como «el de la frustración».

Brunson ha anotado el primer viaje, no así el segundo. Tiempo muerto y una jugada para los Spurs. Bloqueo directo para Wembanyama, quien en lugar de penetrar se la ha jugado en un difícil tiro desde seis metros. Balón al hierro y fin de la segunda batalla de una serie mucho más equilibrada que este 0-2 que campea en el marcador. Nos vemos en el Madison Square Garden, si es que los revendedores y la histeria que parece a punto de apoderarse de la Gran Manzana no nos lo impiden. Como dice el periodista de Barakaldo Gonzalo Vázquez en su libro «Viaje al centro de la NBA», «Nueva York es como un adolescente cabreado, pero que a veces estalla en euforia».

El lujo y la miseria se entrechocan en los distintos rincones de la ciudad de los rascacielos, pero hay quien pone las entradas a 100.000 dólares para ver las Finales en el Madison Square Garden, y el precio de las entradas «más baratas» en Nueva York es cuatro veces (sic) más caro que en San Antonio. Son las Finales de la NBA y, desde 1994, cuando los Rockets sumaron el primer anillo de su historia, los Knicks no han estado nunca tan cerca de hacerse con el título de campeón. ¡Cualquiera le dice a un adolescente dopado hasta las cejas que se modere!