«Nadie está preparado para una detención así»
Uno de los organizadores de la Flotilla relata los días de detención, aislamiento e interrogatorios que vivió en Israel tras la interceptación de la misión. Denuncia violencia física y psicológica, la falta de garantías legales e insiste en mantener el foco sobre Gaza y la situación en Palestina.

Poco más de un mes después de que las autoridades israelíes liberaran a Saif Abukeshek, GARA ha tenido la oportunidad de entrevistar al activista de la Global Sumud Flotilla que, junto a su compañero Thiago Ávila, permaneció retenido durante 11 días en una prisión israelí sin pruebas ni cargos. Aunque víctima de violencia, amenazas y malos tratos constantes durante los días que permaneció bajo custodia israelí, el activista insiste en la importancia de poner el foco en Palestina y en el genocidio que, según denuncia, sigue perpetrando Tel Aviv contra su población.
Catalano-palestino y miembro del sindicato Intersindical Alternativa Catalana (IAC), Abukeshek no solo narra en esta entrevista episodios vividos durante su detención, sino que también subraya la vitalidad de la Global Summud Flotilla: «tenemos visibilidad y fuerza y, por ello, también responsabilidad». Calificando de «indignante» el recibimiento recibido por los activistas en Loiu, Abukeshek alerta sobre el peligro de guardar silencio ante el imperialismo israelí y reitera que «el precio que están pagando los palestinos frente a Israel es bastante más de lo que nos puede tocar a nosotros».
¿Cómo recuerda el momento de la detención?
Nos sorprendió bastante. No pensamos que llegaran a hacerlo en esas zonas. Al principio pensamos que podía ser Grecia o Italia, pero no pensamos que podrían ser los israelíes. Vinieron a nuestro barco, nos pidieron ponernos en la parte delantera, y nos empezaron a llamar uno por uno. Luego, nos ataron las manos atrás y utilizaron el propio barco para acercarse al barco grande, al barco cárcel. Nos metieron en los contenedores que utilizaban como celdas. La violencia física fue una constante en todo este proceso: me tuvieron que llevar al médico por falta de oxígeno y luego me dejaron en aislamiento.
Una vez en territorio israelí, ¿qué sucedió?
Nos metieron en un vehículo y nos llevaron a un centro del servicio secreto interno, donde empezó el interrogatorio. El objetivo inicial de los interrogatorios era preguntar por la Flotilla: ‘¿Cómo lo organizáis?, ¿cómo conseguís fondos?, ¿cómo participa la gente?‘. El proceso de interrogatorio es bastante largo, algunos días 18 horas, siempre atado a una silla con los brazos hacia atrás.
¿Le acusaron de pertenecer a Hamas?
Sí, la misma acusación que hacían públicamente, lo que no es verdad, claro.
Y, ¿una vez en la celda?
Era un total aislamiento. No se podía hablar con nadie, no se podía tener acceso con nadie. Esa fue la situación desde la investigación hasta que nos liberaron.
«Dentro de la celda mantenían las luces encendidas durante todo el tiempo, el aire acondicionado al máximo, te vienen a despertar pretendiendo que te mantuvieras despierto… Nadie está preparado para algo así»
¿Con qué fin hacían uso de la violencia?
La utilizaban arbitrariamente, tanto durante los traslados como en otros momentos. Durante el transporte hacia el juzgado y luego el último día, en el transporte hacia el centro de inmigración fueron muy violentos. Y luego, pues, la violencia más verbal y psicológica: insultos, humillación, gritos…
¿Mantuvo contacto con sus abogados?
El interrogatorio empezó antes de tener acceso al abogado y al cónsul. Nos dijeron: ‘Cuando llegue el equipo legal les podréis ver, pero el interrogatorio va a empezar ahora’. Hay que tener en cuenta que los abogados no pueden tener acceso a los cargos ni pueden tener acceso a las pruebas. Tampoco pueden ver las notas de los interrogatorios, no pueden acceder a las sesiones ni pueden acceder a cualquier documentación que ellos utilizan para las acusaciones. Esto ha sido importante porque ellos nos intentaban defender, pero no sabían lo básico.
Hay cierta indefensión…
Claro, porque no sabemos exactamente de qué se nos acusa ni con qué pruebas. Los abogados no sabían siquiera que nos iban a liberar. El viernes, después del interrogatorio, me dijeron que había llegado la orden de deportación y que se iba a cerrar la investigación. Después de todo, se acabó de un momento a otro.
¿Cómo fue la vuelta a casa?
No he parado la verdad. Al día siguiente de la deportación y de volver a Barcelona me fui a Marmaris (ciudad costera de Turquía) donde se estaban preparando para partir de nuevo hacia Palestina. Ayudé a los que se iban en todo lo que pude y luego hicimos un seguimiento de la Flotilla desde el mar, donde hubo una nueva intervención. Y otra vez: trabajo legal, movilización, comunicación, impacto político, luego las salidas de las personas y hacer un poco laS revisiones médicas con ellos. Estamos siguiendo también la detención de algunos compañeros en Libia, formaban parte de la misión de tierra. Varios compañeros iniciaron una huelga de hambre en solidaridad. Y seguimos aquí, no hemos tenido tiempo para parar.
Entiendo que vería la recepción a los miembros de la Flotilla en Bilbo…
«Es indignante que se ataque de esa forma a personas que han estado en esta misión. Se puede ver directamente que la situación fue provocada por la Policía»
Tampoco hubo ni disturbios previos de nada y, de hecho, vimos el otro día que en la vuelta de otra compañera, Haiza, que estaba en el convoy de tierra, sin presencia policial, no hubo ningún problema.
Denunciamos todas esas actuaciones policiales, de hecho, hemos pedido que se inicie una investigación. Es realmente lo que exporta Israel, quiere que esa sea la forma de controlar a la sociedad civil, con violencia, con represión, y por eso lo rechazamos totalmente.
¿Es necesaria la Global Summud Flotilla?
Ahora mismo estamos hablando sobre un movimiento que tiene presencia en cada 55 países como delegaciones oficiales. Tenemos una visibilidad, una fuerza, y con esto viene una responsabilidad ética en poner una estrategia de trabajo permanente y consistente que pueda ser sostenible y que pueda seguir trabajando. Todas las formas de movilización están ahí sobre la mesa para nosotros. Es decir, la estrategia de la flotilla es una estrategia de movilización en mar, que ya ha confirmado que tiene resultados. Podemos mantener el enfoque sobre lo que está pasando en Palestina: las condenas, el bloqueo a Ben Gvir, todos los casos legales que se van a iniciar… Todos esos trabajos no se podían realizar sin tener la Flotilla.
Y ahora, ¿qué?
Nuestra estrategia ahora mismo es la vuelta de las personas que están detenidas, un proceso interno de valoración que hacemos después de cada misión y luego una consolidación del movimiento interno y confirmación de la estrategia y plan de acción. Tenemos las siguientes semanas para hacer todo este trabajo, y desde ahí tomamos decisión sobre el siguiente paso, pero todo está sobre la mesa.
Durante la detención, ¿se le advirtió de las consecuencias de un futuro arresto?
Sí, pero eso se lo dicen a todo el mundo. Cuando salió la última parte de la misión desde Turquía ya empezaron a decir que me iban a volver a detener, pero que esta vez no iba a salir tan rápido. Durante la detención amenazaron con todo: amenazaron con mi familia, sobre mi vida, sobre todo, y aquí estamos. Lo que está pasando en Palestina es algo que no podemos tolerar como humanos, no podemos quedarnos en silencio. Es cierto que el precio es caro, es complicado, pero entendemos que lo que está pasando es suficientemente grave.

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