Marcel Pena
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad
Elkarrizketa
Julián Casanova y Carles Esquembre
Historiador e ilustrador

«La equiparación moral es una invención; la Historia no funciona así»

El trabajo del historiador Julián Casanova, el ilustrador Carles Esquembre y el guionista Miguel Casanova confluye de forma magistral en el cómic ‘España partida en dos’ (Crítica, 2026). Una combinación de rigor histórico e impacto visual que no deja indiferente al lector amante de la Historia.

Carles Esquembre y Julián Casanova, con un ejemplar de 'España partida en dos'.
Carles Esquembre y Julián Casanova, con un ejemplar de 'España partida en dos'. (EDITORIAL CRÍTICA)

‘España partida en dos’ (Crítica, 2026) es la versión en cómic del ensayo ‘España partida en dos: Breve historia de la guerra civil española’, del reconocido historiador aragonés Julián Casanova (Valdealgorfa, 1956). Gracias a la adaptación de Miguel Casanova (Zaragoza, 1992) y las ilustraciones de Carles Esquembre (València, 1986), la obra no se limita a trasladar unos hechos de un libro a otro, sino que imagina una nueva forma de contar la historia, siempre respetando el rigor histórico.

‘España partida en dos’ representa un nuevo formato de ensayo histórico. ¿Puede ser una alternativa novedosa para hacer llegar la historia a las nuevas generaciones?

JULIÁN CASANOVA: El objetivo era llevarlo a un público nuevo, como pueden ser estudiantes de secundaria, en un momento en el que parece que cuesta aceptar lecturas críticas del pasado. Y, según lo que nos está llegando desde los medios, la editorial y la cantidad de gente que lo ha leído, lo estamos consiguiendo.

Algo que llama la atención es la ausencia de color. ¿Por qué han optado por el blanco y negro?

CARLES ESQUEMBRE: Además de la cuestión estética, basada en los cómics de inicios de siglo, en este caso lo hicimos así porque esa España era un país en blanco y negro. Además, el gris permite definir mejor la iluminación y las sombras, lo que facilita la referencia de las fotografías y la documentación gráfica de la que disponíamos. 

La historia incorpora técnicas de narración innovadoras, que rompen la lógica del ensayo histórico, pero también del cómic o la novela gráfica tradicional.

C.E.: Esa es la gran aportación de Miguel, que no se limitó a hacer un resumen del libro para que yo lo dibujara, sino que creó una narrativa que dialoga con la obra original y, al mismo tiempo, crea una de nueva. Muestra de ello es que ambos libros se pueden leer por separado.

¿Cuáles fueron las principales dificultades de convertir un extenso ensayo histórico, con el volumen de información que aglutina, en un cómic de 150 páginas?

J.C.: La máxima dificultad es que el libro ya estaba hecho. Entonces, debíamos dar un contenido sólido sin renunciar a lo básico. Es decir, había que explicar la caída de la monarquía, las disputas que conducen a la Guerra Civil, por qué el golpe de Estado no triunfa y cómo parte España en dos, al mismo tiempo que el conflicto se internacionaliza y se están dirimiendo batallas universales. Así que no es un librito sobre un hecho de la Guerra Civil; es la Guerra Civil. Un episodio que divide memorias, que se utiliza políticamente y que cada uno quiere ajustar a su presente. Todo eso merecía el esfuerzo por convertirlo en 150 páginas de cómic sin perder el rigor.

C.E.: El reto fue mayúsculo, porque el trabajo de síntesis y de optimización fue continuo. Hay que tener en cuenta que el espacio que ocupa una página escrita no es el mismo que ocupa luego una página de cómic. Tuvimos que ir recortando hasta conseguir la síntesis de la síntesis.

El último capítulo está dedicado a tres «vencedores» y a tres «vencidos». ¿Por qué escogen estos seis nombres?

J.C.: Después de la polémica surgida con la cancelación de las jornadas ‘1936: La guerra que todos perdimos', que se debían celebrar en Sevilla, surge precisamente ese debate, el de si todos perdimos la guerra Entonces, como vencedores elegí a José Antonio Primo de Rivera, porque, aunque fue fusilado el 20 de noviembre de 1936, es un personaje que está abrumadoramente en la memoria; a Emilio Mola, porque es el artífice de la Guerra Civil y de que el golpe de Estado comience con una selección de enemigos a los que hay que atacar; y a Franco, por razones evidentes.

Y entre los vencidos, está Juan Negrín, a quien encargan en 1937 salvar a la República; Vicente Rojo, militar católico que es fiel a la República porque cree que hay que respetar el poder establecido; y Manuel Azaña, el pensador y político más importante de España del siglo XX, porque creyó que desde el Estado se podían modificar el Ejército y la Iglesia, las dos grandes burocracias con las cuales la democracia era impensable. 

Mientras los tres primeros, los vencedores, tuvieron un lugar en las calles y en la memoria, el lugar de los otros tres, los vencidos, fue el exilio.

El cómic se inicia con un episodio reciente: la exhumación de Franco del Valle de los Caídos y su traslado al cementerio de Mingorrubio.

J.C.: El libro ‘España partida en dos: Breve historia de la guerra civil española’ fue publicado en 2012 y en 2019 pedí a la editorial inglesa, que es quien tiene los derechos, explicar en una nueva edición un acontecimiento importante en España: la exhumación de Franco. En un prólogo, desarrollo qué significa la exhumación, por qué se ha tardado tanto y qué relación tiene ese episodio con la memoria en otros países. Como todo eso no se podía llevar al cómic, Miguel y Carles comenzaron la historia con la imagen de un helicóptero llevándose los restos de Franco. Es una metáfora visual muy potente que no estorba, porque no rompe con la narración y busca el impacto a través de la elegancia narrativa. 

Miguel Casanova y Carles Esquembre en la Feria del Libro de Madrid. (EDITORIAL CRÍTICA)

Hay discursos que atribuyen a ambos bandos las mismas responsabilidades en el surgimiento del conflicto. ¿Se puede hablar de «responsabilidades compartidas» en un conflicto como la Guerra de 1936?

J.C.: En el episodio de la violencia durante la Guerra Civil, hay gente que busca el reparto de culpas y pretende equiparar moralmente lo que sucede en Paracuellos y lo que pasa en Badajoz; a Largo Caballero, que estuvo en un campo de concentración y murió en el exilio, con criminales de guerra como Mola, Queipo de Llano o Millán Astray. Pero la Historia no funciona así. No se puede aislar un episodio sin explicar las causas y las consecuencias. 

El golpe de Estado lo dan unos. Si hubiera triunfado, habría habido una dictadura desde el principio, pero como no resultó, hubo una guerra civil. Los ganadores pasan a cuchillo a los oponentes políticos durante los años siguientes; nunca quisieron la reconciliación y recordaron la guerra hasta el final. Una muestra es el 18 de julio, conmemoración del Golpe de Estado y única fiesta no religiosa en España hasta 1975. Así que no; no se puede responsabilizar de la misma forma. La equiparación moral es una invención para demostrar que todos tuvieron la culpa, y gusta mucho a los vencedores.

Uno de los mantras que se repiten asiduamente es el que dice que la II República española fue un fracaso. ¿Se puede considerar así?

J.C.: Todas las repúblicas de los siglos XIX y XX fracasaron porque fueron derribadas: la de Weimar, Hungría, Checoslovaquia, Austria… Y, comparadas con lo que vino después (el crimen, la barbarie, el Holocausto…), esas repúblicas son las que abrieron los caminos que recorremos ahora. La diferencia es que en España necesitaron un golpe de Estado porque no había un partido de masas y el Ejército ya había demostrado muchas veces que podía cambiar el sistema, mientras que en los demás países hubo una polarización social. La historia del franquismo no es solo una historia de la represión; es la historia de cómo el orden que la República trató de modificar volvió incrementado y no desapareció hasta el día en que Franco dio el último suspiro.

El tercer capítulo está dedicado al conflicto religioso, donde explicitan la complicidad de la Iglesia con la violencia y la represión.

C.E.: Se muestra el contraste y la polarización a través de un hecho muy simbólico, como darse la paz mientras, en paralelo, se están cometiendo crímenes horribles. Fue una genialidad de Miguel, basada en la mítica escena de ‘El Padrino III’. Ese capítulo es el tercero en el cómic, pero fue el último que se montó y se dibujó. Es un capítulo capital en el libro original y nos vimos obligados a encajarlo en el espacio que nos quedaba. Sin embargo, es el que más suele llamar la atención de los lectores.

¿Cree que hay un revisionismo creciente en temas históricos?

J.C.: A finales del siglo XX había acuerdos básicos que ahora se están desmontando a través de la reinvención de la historia. Por ejemplo, sobre la Guerra Civil, pero también ocurre en los Estados Unidos de Trump o en Varsovia.

Usted suele acudir a centros educativos. ¿Son ciertas las informaciones que afirman que las nuevas generaciones son cada vez más conservadoras?

J.C.: Sin ser una norma universal, hay signos de preocupación. Es cierto que se está reinventando un pasado que no existió: dicen que con Franco ya había Seguridad Social, que era una España maravillosa y que, comparado con el país de Sánchez, el de Franco era una balsa de aceite. Son discursos que se mueven en TikTok y lo sufren especialmente los profesores de secundaria. 

¿El actual auge de la extrema derecha a nivel europeo es consecuencia de esa reinvención de la Historia?

J.C.: No es la causa ni la consecuencia: es parte del programa de la ultraderecha para reescribir la Historia. Hay tres hilos conductores que la ultraderecha comparte: que el feminismo y el género son un producto ‘woke’ que rompe el orden tradicional y que no trae nada bueno; que la inmigración es el gran problema que tienen las sociedades blancas y cristianas; y que la nación funciona de una determinada forma, y que a quien no admite esa idea de nación es mejor excluirlo. Todo esto son rimas de los años 20 y 30.