
«El dibujo es una de las artes más desnudas y silenciosas, una de las más cercanas a los impulsos y estados del inconsciente, y también por ello una de las más puras y primitivas. Al mismo tiempo, es extremadamente frágil, sensible a la luz y delicado en su manipulación, de ahí la dificultad para ser conservado y coleccionado, para ser expuesto. Contemplar la colección de dibujos de la exposición se convierte en una experiencia excepcional e íntima». Son palabras de Leyre Bozal, conservadora de colecciones de Fundación Mapfre y comisaria de la muestra presentada este viernes en el Museo San Telmo.
La selección de Mapfre de cerca de cien dibujos abarca un lapso de tiempo que va desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, concretamente, de 1864 a 1968. La exposición alberga obras de Mariano Fortuny, Juan Gris, Maruja Mallo o Pablo Picasso, entre otros. Trabajaron en el ámbito internacional y conocieron las obras de maestros como Edgar Degas, Auguste Rodin o Egon Schiele, también presentes en la exposición.
A partir de finales del siglo XIX, algunos artistas comenzaron a dibujar igual que pintaban, por lo que la concepción con respecto al dibujo fue cambiando paulatinamente. En el caso de numerosos artistas, el dibujo servirá como base para la realización de otras obras. Sin embargo, en otros, será ya una obra de arte en sí misma, con capacidad para contar cómo se dibuja la modernidad.
El recorrido expositivo se inicia con dibujos de autores españoles todavía ligados a la tradición, pero con rasgos que nos hacen pensar en ese comienzo de siglo que estaba por llegar.
El cubismo, con Pablo Picasso, Juan Gris y André Lhote como algunos de sus principales protagonistas, llevó a cabo una transformación radical del lenguaje pictórico.
La presencia privilegiada de los artistas españoles en París les permitió asistir de primera mano a la gestación del surrealismo.
Las relaciones entre los Estados francés y español se tradujeron en una fuerte impronta surrealista en esta última, que se extendería en el tiempo y que caminaría junto con otras tendencias hasta mediados del siglo XX.
«Con el paso de los años, el límite entre los géneros artísticos se diluyó en un universo creativo que mezcló el dibujo con la pintura, la escultura con la acción y la arquitectura. Un ejemplo de esta actitud lo ofrece el dibujo de Eduardo Chillida que se presenta en la exposición: es difícil establecer una solución de continuidad entre escultura, relieve, collage y dibujo», han indicado.
Colección propia
A ellos se suman más de 60 dibujos de la colección de San Telmo. La selección propuesta en esta muestra comprende el periodo comprendido entre 1868 y la década de 1960 y presenta, a modo de gabinete, obras de 25 artistas. El conjunto reúne figuras referentes en la historia del arte vasco y creadores de reconocido prestigio internacional. También se incluyen otros trabajos menos difundidos pero de notable interés por su calidad técnica, valor estético y documental, así como por su relevancia en el contexto social y cultural de su tiempo.
La colección de dibujos del Museo San Telmo, al igual que el resto de sus fondos, se ha configurado a lo largo de sus 124 años de trayectoria mediante compras, donaciones y depósitos. Los primeros dibujos que ingresaron en la colección de Bellas Artes, gracias a una donación, lo hicieron en 1901, un año antes de la inauguración del museo. En la actualidad, la colección está compuesta por 966 obras realizadas por 102 artistas.
Son obras de artistas de reconocido prestigio internacional como Ignacio Zuloaga, José María Sert y Joaquín Sorolla, junto con las de figuras de referencia en la historia del arte vasco, tales como Aurelio Arteta, Nicolás Lekuona, María Paz Jiménez o Mari Puri Herrero.
«Con esta selección, el museo también refuerza la presencia de artistas mujeres, cuyo debido reconocimiento no se produjo en la época abordada en la exposición y que sin embargo y merecidamente ha llegado en este siglo», han señalado.
La muestra podrá visitarse desde este sábado hasta el 27 de septiembre.

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