
El laborista Andy Burnham ha vencido holgadamente en las elecciones parlamentarias celebradas ayer, logrando así hacerse con el escaño por la circunscripción de Makerfield. Sin contexto, la victoria del alcalde del Gran Manchester podría ser una mera noticia electoral más, pero Burnham es el principal candidato para disputar al actual primer ministro británico, Keir Starmer, el liderazgo de Gran Bretaña: «Esta noche podría —solo podría— ser el punto de inflexión. A partir de ahora, lo daré todo para que así sea, para garantizar que el nombre de Makerfield sea para siempre sinónimo de lograr el cambio que este país necesita».
A 19 puntos del segundo candidato más votado, Robert Kenyon, del partido ultraderechista Reform UK, Burnham ha conseguido el 54% de los votos y el escaño necesario en el Parlamento para que el resto de diputados puedan votarlo como potencial primer ministro. Aunque gran parte de sus palabras han ido dirigidas a sus votantes, y por tanto al ámbito local, Burnham no ha dudado en apelar al «cambio» que el país necesita y en reclamar la necesidad de «aprovechar esta oportunidad, encauzar de nuevo a este país por el buen camino, unir a la gente y lograr que las cosas funcionen correctamente».
Por ahora, el futuro de Burnham parece más claro que el de Starmer. En una encuesta de Ipsos publicada a principios de esta semana, Burnham fue elegido por el 25% de los adultos británicos como su primer ministro preferido, frente al 12% que se decantó por Starmer. Aunque hasta hace poco se consideraba que los diputados de segunda fila seguían siendo leales al liderazgo, todo cambió hace un mes, cuando cerca de cien parlamentarios laboristas pidieron públicamente la dimisión de Starmer, afirmando que «el juego se ha terminado».
El «Rey del Norte»
Starmer, tras felicitar a su compañero de partido, ha reiterado hoy su intención de seguir liderando el Partido Laborista y el país: «Sí, me presentaré, me postularé», afirmó Starmer, en caso de que haya elecciones a la presidencia del Partido Laborista. «He dicho en repetidas ocasiones que no voy a dar la espalda a eso». Descartada, a priori, la dimisión del premier, la victoria de Burnham parece ser el desencadenante de una contienda por el liderazgo en la que se enfrenten el primer ministro, el alcalde saliente y Wes Streeting, exsecretario de Sanidad.
Aunque la prevalencia de Burnham parece cada vez más probable, este no quiere provocar un colapso generalizado del Gobierno y ha pasado la última semana intentando convencer a los ministros del gabinete de Starmer de que no dimitan, además de explorar una salida progresiva y acordada para el primer ministro. En un país donde en los últimos diez años cinco dirigentes han encabezado el Gobierno, la estabilidad escasea.
Nueve años después de su salida de Westminster, el apodado «Rey del Norte» —por su popularidad entre las clases populares del norte de Inglaterra y su disposición a plantar cara a Westminster— vuelve para «construir una nueva política basada en la unidad y la esperanza, alejándonos del camino que nos lleva a una política dividida como la que vemos en EEUU». Starmer parece cada vez más cerca de cerrar tras de sí la puerta de Downing Street.

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