
Los servicios de rescate han recuperado el cuerpo de una mujer de 33 años tras el derrumbe de un gran tramo de acantilado en el mar en Biarritz –se calcula que unos 2.000 metros cúbicos de roca–, cerca del faro y la playa de Miramar, que se encontraba muy concurrida debido a la ola de calor.
Se busca a otro buceado desaparecido, un hombre de 34 años. Los trabajos se han retomado este jueves por la mañana y los bomberos han desplegado un dron submarino para inspeccionar el fondo marino. Sin embargo, por la tarde el Servicio de Bomberos y Rescate de los Pirineos Atlánticos (SDIS) ha anunciado la suspensión de las operaciones de búsqueda. Según ha explicado el Ayuntamiento de Biarritz, el dron submarino utilizado ha alcanzado sus límites debido a la visibilidad extremadamente reducida. Además, el trabajo de los buzos se había vuelto «demasiado peligroso» debido a un nuevo riesgo de desprendimiento de rocas en el acantilado, detectado por los servicios municipales.
Para continuar la búsqueda del segundo buceador, el Ayuntamiento, con el SDIS y la Prefectura, está movilizando recursos adicionales. A partir de este viernes, se desplegará en la zona del desprendimiento un dron submarino equipado con sonar, con capacidad para cubrir un área de 250 metros de radio.
Cerca de medio centenar de personas, entre ellas cuatro buzos, se afanan en las tareas de rescate.
La Prefectura de Pirineos Atlánticos ha indicado en un comunicado que «según los primeros informes, tres buceadores de la región se encontraban en la base del acantilado cuando se produjo el derrumbe (...) Se cree que dos de ellos están sepultados».
El derrumbe se produjo a las 20.20, un momento de marea baja y en el que numerosas personas se encontraban en el agua.
«Como un trueno»
Vincent Pariset, un recepcionista de 45 años que practicaba ‘paddleboarding’ con su hija, escuchó un sonido «muy grave y sordo», «como un trueno».
«Nos dimos la vuelta y vimos cómo se desplomaba una parte del acantilado. Vimos el agua dispararse hacia el aire, generando al instante una ola considerable. Temí que se produjera un efecto similar a un tsunami. Al final, nos zarandeó un poco, pero no pasó a mayores», añadió.
«Solíamos detenernos a menudo para ver el atardecer justo donde cayó la roca, y jamás se nos habría ocurrido que el acantilado pudiera derrumbarse», declaró a la AFP Marie Burkel, una diseñadora de 32 años que había ido a nadar a la playa de Miramar.
Las víctimas eran «de la zona», según la Prefectura de los Pirineos Atlánticos, al igual que un tercer hombre que resultó «ileso físicamente pero en estado de gran conmoción. Le costaba hablar; solo pudo decirles a los equipos de rescate que los otros dos estaban allí».
El alcalde de Biarritz, Serge Blanco, y el subprefecto de Baiona se desplazaron al lugar para coordinar las operaciones de rescate con los servicios estatales y los equipos de emergencia.
Por motivos de seguridad, toda la zona afectada ha quedado estrictamente acordonada hasta nuevo aviso y las autoridades han instado a la población a respetar los perímetros de seguridad establecidos.
Dos desprendimientos anteriores
Según una asociación local dedicada a proteger el acantilado –que se extiende desde Miramar hasta la playa de Chambre d'Amour, en la localidad vecina de Angelu–, ya se habían producido otros desprendimientos en junio de 2018 y abril de 2008.
«Ante este derrumbe y el riesgo inminente para el público», el Ayuntamiento de Biarritz anunció que había «emitido una orden que prohíbe el acceso, el baño y la navegación en un radio de 300 metros alrededor de la base del acantilado». Se han instalado vallas de obra y cintas de la Policía para impedir el acceso al faro.

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