
El nombre de Frédéric Hambalek fue uno de los más comentados en su paso por la última Berlinale, donde compitió por el Oso de Oro. El cineasta bávaro, con su segundo largometraje tras ‘Modell Olimpia’, era además el único representante alemán en la Sección Oficial.
Julia y Tobías parecen la pareja perfecta. Sin embargo, detrás de la fachada y de su cocina de diseño, comienzan a surgir problemas. El frágil equilibrio entre ambos se rompe cuando su hija Marielle desarrolla de forma repentina habilidades telepáticas que le permiten ver y oír todo lo que hacen, tanto de día como de noche.
Pronto, la pareja se da cuenta de que las mentiras que se han ido ocultando ya no pueden mantenerse fuera del alcance de la niña. Cuando sus secretos más incómodos salen a la luz, Julia y Tobias se enredan en un juego de manipulaciones que desemboca en situaciones cada vez más tensas, incómodas y absurdas, agravando el conflicto y sus consecuencias.
La película construye su tensión precisamente a partir de esa imposibilidad de ocultar pensamientos, conversaciones y comportamientos. Lo que en un principio parece un elemento fantástico se convierte en una herramienta narrativa para revelar las grietas emocionales de una relación en deterioro. Marielle pasa de ser una espectadora involuntaria a convertirse en el espejo que obliga a sus padres a enfrentarse a sí mismos sin filtros.
El relato aborda también cómo los hijos e hijas perciben las tensiones familiares incluso cuando los adultos intentan disimularlas. La capacidad de Marielle funciona como una representación literal de esa sensibilidad infantil ante los conflictos domésticos, llevando la premisa hasta sus consecuencias más extremas.

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