‘Pertur’: qué se sabe, qué no se sabe y qué es ‘fake’
Han transcurrido 50 años desde la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, y, aunque continúa oficialmente sin resolverse, afirmar que no se sabe nada sería sencillamente falso. En este tiempo no ha faltado información; lo que ha faltado es distinguirla de interpretación e intoxicación.

Las investigaciones desarrolladas en los estados español y francés, la documentación judicial, la prensa de la época, los informes historiográficos y los testimonios acumulados durante décadas permiten reconstruir con bastante precisión el contexto en el que desapareció Eduardo Moreno Bergaratxe hace ahora 50 años, quién era, cuál era su papel dentro de ETA-pm y cuáles fueron sus últimos movimientos conocidos.
Lo que sigue pertenece a ese núcleo de hechos que apenas admiten discusión. Conviene subrayarlo antes de abordar lo que no se sabe y lo que es sencillamente mentira.
QUÉ SE SABE
Cuando desapareció, Pertur era ya una de las figuras políticas más importantes de ETA pm. Refugiado en Ipar Euskal Herria, en 1972 había adquirido un peso creciente dentro de la organización. Numerosos testimonios y documentos internos coinciden en atribuirle un papel fundamental en la redacción de los comunicados de ETA, en particular en los trabajos después del tiranicidio de Carrero Blanco y, tras la escisión, en la elaboración de la Ponencia Otsagabia, que planteaba adaptar ETA-pm al nuevo escenario político abierto tras la muerte de Franco.
Su relevancia política hacía que no fuera un militante clandestino desconocido. Incluso llegó a aparecer en actos públicos, como en una conferencia que ofreció en el Museo Vasco de Baiona. Las fuerzas de seguridad españolas conocían perfectamente su identidad y su fotografía había aparecido publicada en distintos periódicos. Diversos medios lo presentaban como uno de los dirigentes más importantes de ETA-pm y lo vinculaban al secuestro y posterior muerte del empresario Ángel Berazadi.
La presión sobre Pertur no comenzó el 23 de julio de 1976. Durante los meses anteriores se había desarrollado un clima creciente de amenazas e intimidación contra su entorno familiar. En noviembre de 1975 fue atacada una propiedad de la familia Moreno Bergaretxe. La familia denunció la recepción de amenazas procedentes de grupos de extrema derecha, mientras el ambiente en la muga se deterioraba rápidamente con la aparición de organizaciones parapoliciales y mercenarios que actuaban contra refugiados vascos.
En noviembre de 1975 había sido atacada una propiedad de la familia y ‘La Voz de España’ publicó después que se ofrecía una recompensa de diez millones de pesetas por matar a ‘Pertur’
En ese contexto apareció una noticia que hoy resulta especialmente llamativa. El diario ‘La Voz de España’ publicó una información bajo el titular «Diez millones para matar...», según la cual se ofrecía una recompensa de diez millones de pesetas por la muerte de Pertur. Esa noticia fue publicada antes de la desaparición y refleja hasta qué punto era ya un objetivo público dentro del clima de violencia política de aquella época.
Las presiones también alcanzaron directamente a su madre, Marta Bergaretxe, que fue interceptada por la Policía cuando trataba de visitar a su hijo y permaneció detenida durante tres días en el domicilio del entonces comisario jefe de Irun y delegado de frontera, Eduardo López de Maturana. Décadas más tarde, la Audiencia Nacional reabrió la investigación y el juez Fernando Andreu acordó citar a declarar a López de Maturana para conocer su versión.
La desaparición se produjo en un momento especialmente delicado para ETA-pm. La organización debatía su futuro político tras la muerte de Franco, preparaba la creación de EIA y comenzaba a diseñar nuevas estructuras de formación en el exterior. Ese contexto explica por qué la desaparición de Pertur tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la pérdida de uno de sus dirigentes.

Semanas antes de desaparecer, Pertur había viajado a Argel para preparar una nueva infraestructura de ETA-pm. Diversos testimonios, entre ellos el de Eneko Irigarai, sostienen que participó en los contactos con responsables argelinos y en la organización de cursos de formación para militantes que debían desplazarse posteriormente al país norteafricano. Sabin Atxalandabaso sería una de las personas encargadas de recibir a esos militantes en Argelia.
La mañana del viernes 23 de julio de 1976 abandonó su apartamento de Donibane Lohizune para acudir a una reunión concertada previamente a través de la librería Mugalde, en Hendaia. La cita debía celebrarse en las cercanías de Behobia, pero nunca llegó a producirse. Poco antes de la hora prevista coincidió con dos miembros de ETA-pm, Francisco Mujika Garmendia y Miguel Ángel Apalategi, quienes admitieron haberlo trasladado en automóvil hasta las inmediaciones de su cita.
La reunión a la que había sido convocado ‘Pertur’ era una cita falsa; es más, hubo otra para Sabin Atxalandabaso
Las investigaciones posteriores permitieron establecer un dato de enorme importancia: la reunión para la que Pertur había salido aquella mañana era una cita falsa. No solo eso. Ese mismo día Sabin Atxalandabaso recibió también una convocatoria de características muy similares, aunque no llegó a acudir porque el aviso le llegó demasiado tarde. La existencia de esas falsas citaciones constituye uno de los escasos elementos objetivos de toda la investigación y demuestra que alguien preparó previamente un mecanismo para atraer a dos militantes a un encuentro inexistente.
ETA-pm desarrolló una investigación propia. El informe elaborado por la organización señalaba a tres inspectores de la Brigada Político-Social de Donostia (Ferreiros, López Arribas y Escudero) como policías que, según distintos testimonios recogidos, habrían sido vistos en las inmediaciones de Behobia el día de la desaparición. La existencia de ese documento es un hecho histórico.
La desaparición provocó una movilización inmediata. La familia denunció el caso ante las autoridades francesas y españolas, reclamó una investigación exhaustiva y expresó desde el primer momento su convencimiento de que Pertur había sido secuestrado por la extrema derecha. En los días siguientes se sucedieron concentraciones, comunicados de KAS, de ETA-pm y de otras organizaciones políticas y sociales, mientras la prensa seguía el caso prácticamente a diario.
Semanas más tarde de la desaparición comenzaron a difundirse acusaciones contra Miguel Ángel Apalategi, que respondió haciendo pública una carta abierta en la que negó cualquier participación en los hechos, reconstruyó el trayecto realizado el 23 de julio y sostuvo que la campaña dirigida contra él pretendía desviar la atención de los verdaderos responsables de la desaparición. La carta forma parte de la documentación histórica del caso. Francisco Mujika Garmendia acudió por iniciativa propia a declarar ante la Policía francesa.
En las décadas posteriores, la Justicia francesa primero y la Audiencia Nacional después investigaron distintas líneas de trabajo. El juez Fernando Andreu practicó diligencias relacionadas tanto con la posible participación de miembros de ETA-pm como con la eventual intervención de policías españoles, grupos parapoliciales o neofascistas italianos. Declararon antiguos militantes de ETA, policías, investigadores y diversos testigos. Ninguna de aquellas investigaciones permitió reconstruir completamente lo sucedido ni identificar con pruebas suficientes a los responsables.
QUÉ NO SE SABE
Si los hechos acreditados permiten reconstruir con bastante precisión quién era Pertur y cuáles fueron sus últimos movimientos conocidos, las incógnitas comienzan precisamente en el punto donde termina esa reconstrucción. Medio siglo después sigue faltando una prueba concluyente que permita convertir cualquier hipótesis en una verdad histórica o judicial.
La primera gran pregunta sigue siendo quién organizó la operación que culminó el 23 de julio de 1976. El dato de las citas para Pertur y Atxalandabaso demuestra que alguien preparó previamente un mecanismo para atraer a determinadas personas, pero nunca se ha podido determinar quién diseñó ese procedimiento, cómo tuvo acceso a los canales internos de comunicación de ETA-pm, ni cuál era exactamente el objetivo perseguido.
La segunda gran incógnita aparece inmediatamente después. El último momento reconstruido con certeza termina cuando Francisco Mujika Garmendia y Miguel Ángel Apalategi dejaron a Pertur en las inmediaciones de Behobia. A partir de ese instante desaparecen los hechos verificables. No existe ningún testigo independiente que lo viera subir a otro vehículo, cruzar la muga, ser detenido o trasladado a otro lugar. Todo lo que se ha escrito sobre las horas posteriores parte necesariamente de reconstrucciones elaboradas a partir de testimonios, indicios o hipótesis.
En esa primera fase tuvo un papel relevante el abogado Miguel Castells, que reunió parte de las primeras informaciones y testimonios que apuntaban hacia la hipótesis de la guerra sucia. Su trabajo no resolvió la desaparición, pero ayudó a ordenar una línea de investigación que situaba el caso en el contexto de las actuaciones parapoliciales contra refugiados vascos en Ipar Euskal Herria.
El 26 de julio de 1976, la Triple A, junto con las siglas ATE, reivindicó el secuestro de Pertur mediante una llamada a la agencia Cifra. Apenas unos días después, un comunicado remitido a ‘El Correo Español–El Pueblo Vasco‘, y firmado por el Batallón Vasco Español, afirmaba que Pertur había sido «ejecutado y enterrado en un pueblo de Navarra».
Tampoco se conoce cuál era el verdadero objetivo de la operación. Tradicionalmente se ha supuesto que la finalidad consistía en eliminar a Pertur, pero la existencia de la segunda cita falsa dirigida a Sabin Atxalandabaso permite plantear una hipótesis adicional.
El viaje inmediatamente anterior de Pertur a Argelia para preparar una infraestructura destinada al entrenamiento de militantes y el hecho de que Sabin Atxalandabaso debía incorporarse posteriormente a ese dispositivo para recibir a quienes fueran llegando al país norteafricano adquiere relevancia.
La coincidencia entre esas responsabilidades y las falsas convocatorias ha llevado a algunos investigadores a preguntarse si el objetivo podía ser también obtener información sobre aquella red exterior, conocer la identidad de los futuros desplazados o desarticular una infraestructura que todavía estaba en fase de organización.
El viaje anterior de ‘Pertur’ a Argelia para preparar una infraestructura de entrenamiento y el hecho de que Atxalandabaso también estuviera en esa operación adquiere relevancia como hipótesis
Durante meses, la hipótesis dominante fue la del intercambio por los dos policías españoles desaparecidos en Hendaia en abril de 1976, Jesús María González Ituero y José Luis Martínez Martínez. La idea era que Pertur hubiera sido secuestrado para ser utilizado como moneda de cambio por aquellos agentes, cuya desaparición se atribuía entonces a ETA-pm. Esa hipótesis circuló en medios de comunicación y en ambientes policiales, y encajaba con el precedente de la retención de Marta Bergaretxe y con las presiones ejercidas sobre el entorno familiar. Un año después, en abril de 1977, los cadáveres de los dos agentes aparecieron enterrados en un búnker de la Chambre d’Amour, en Angelu.
La cuestión de la autoría sigue siendo, naturalmente, el núcleo de todas las investigaciones. Desde el verano de 1976 han convivido dos grandes líneas interpretativas con sus correspondientes narrativas. Una sitúa la desaparición dentro de las operaciones de guerra sucia desarrolladas contra ETA y los refugiados vascos, contemplando la posible intervención de policías españoles, grupos parapoliciales o neofascistas italianos. La otra la relaciona con las tensiones internas que atravesaba ETApm y con los enfrentamientos existentes entre distintas corrientes de la organización, alentada por algunos medios de comunicación de la época.
La Audiencia Nacional investigó ambas posibilidades y practicó diligencias en las dos direcciones, pero ninguna de ellas pudo sostenerse con un grado de prueba suficiente para formular una acusación penal. Desde la izquierda abertzale, la única narrativa en estas décadas ha sido la de que Pertur fue secuestrado por grupos parapoliciales.
También permanece abierta la cuestión del grado de conocimiento previo que tuvieron los autores de la operación. Quien organizó las falsas citas conocía el funcionamiento interno de ETA-pm, sabía cómo hacer llegar los mensajes a sus destinatarios y consiguió que estos confiaran en su autenticidad, lo que alimentó la posibilidad de una infiltración. Del mismo modo, tampoco ha sido posible reconstruir si Pertur estaba siendo vigilado desde días o semanas antes de su desaparición o si la operación se improvisó aprovechando circunstancias concretas.
Las dudas se extienden igualmente a todo lo ocurrido después del 23 de julio. No se sabe dónde pudo permanecer retenido, si fue interrogado, cuánto tiempo permaneció con vida o cuándo murió realmente. A lo largo de casi cinco décadas se han mencionado viviendas particulares, dependencias policiales, cuarteles e incluso instalaciones militares como posibles lugares de retención. La ausencia del cuerpo impide responder a cuestiones tan elementales como la causa de la muerte, la fecha en que se produjo o el lugar donde pudo ser enterrado.
En 2007 se aireó la llamada pista italiana, investigada por Angel Amigo, y el caso se reabrió pero sin poder corroborar nada
La búsqueda de sus restos ha generado, además, un largo recorrido de investigaciones frustradas. Distintas confidencias situaron el cadáver en Biriatu, Orereta, Etxalar, Pancorbo y Ameyugo (Burgos). Algunas de esas informaciones dieron lugar a diligencias judiciales, prospecciones arqueológicas y excavaciones dirigidas por especialistas, pero ninguna permitió localizar los restos de Pertur.

En 2007 se aireó la llamada pista italiana, investigada por Angel Amigo, antiguo militante polimili y autor de una biografía de Pertur. Las declaraciones realizadas por antiguos neofascistas aportaron nuevas líneas de investigación y motivaron la reapertura parcial del caso, pero no pudieron ser corroboradas mediante pruebas materiales.
Además, el entorno del anarquista Tomás Hernández, secuestrado y desaparecido en Hendaia en 1979, sostuvo que su familiar fue el objetivo de la pista italiana y que fue trasladado a la masía de Castell de Remei, en el municipio de Penelles, a 40 kilómetros de la ciudad de Lleida. Para Amigo, en cambio, esta masía fue el lugar en el que permaneció secuestrado Pertur.
Se conocen con bastante precisión los acontecimientos que precedieron a la desaparición, se conocen los nombres de muchas de las personas que aparecieron vinculadas a las distintas investigaciones y se conocen las principales hipótesis formuladas durante casi medio siglo. Lo que continúa sin conocerse es quién organizó la operación, quién la ejecutó, qué ocurrió después de Behobia y dónde se encuentran los restos de Eduardo Moreno Bergaretxe.
Y QUE ES ‘FAKE’
Si hay un rasgo que distingue el ‘caso Pertur’ de otras desapariciones forzadas es la extraordinaria cantidad de información falsa, rumores, filtraciones interesadas y reconstrucciones nunca acreditadas que han acompañado la investigación desde el primer momento.
La mayoría de esas versiones nacieron en medios de comunicación. Algunas llegaron a convertirse en lugares comunes de la literatura sobre el caso pese a carecer de una base documental suficiente. Por ejemplo, el Informe del Gobierno de Gasteiz de 2017 sobre la desaparición de Pertur mantiene como casi única fuente documental las noticias del parcial medio ‘Abc’ de 1976.
Uno de los primeros intentos de desviar la atención consistió en presentar la desaparición como una decisión voluntaria de Pertur. En los días posteriores al 23 de julio circularon versiones según las cuales habría abandonado ETA-pm llevándose dinero de la organización o habría decidido desaparecer por iniciativa propia. Con el paso del tiempo quedó reducida a un rumor sin fundamento, aunque durante semanas ocupó espacio en distintos medios de comunicación.
Algo parecido ocurrió con las supuestas localizaciones de Pertur fuera de Europa. En distintos momentos se afirmó que había escapado a Venezuela, que se encontraba en Irlanda o que mantenía contactos con el IRA. Constituyen un ejemplo clásico de cómo una simple especulación puede adquirir apariencia de realidad cuando se repite sin contrastar.
Uno de los episodios más significativos fue la citada campaña dirigida contra Miguel Ángel Apalategi. A finales del verano de 1976 diversos medios publicaron informaciones extremadamente detalladas según las cuales Apalategi habría matado a Pertur, existía una orden internacional de detención contra él y la Policía francesa estaba buscando un cadáver en las proximidades de la muga.
La relación de falsas pistas resulta extraordinariamente larga, y algunas de ellas han quedado incluso reproducidas como si fueran hechos probados
Sin embargo, pocos días después la Fiscalía francesa desmintió que existiera una orden de detención, negó que se estuviera realizando ninguna búsqueda de restos y rechazó que hubiera aparecido evidencia alguna que sustentara aquellas informaciones. Pese a ello, esa versión continuó circulando durante años y todavía hoy aparece citada como si hubiera sido un hecho probado.
Tampoco resisten un análisis riguroso las numerosas noticias que, durante casi cinco décadas, anunciaron la inminente aparición del cadáver de Pertur. La relación de falsas pistas resulta extraordinariamente larga.
Uno de los primeros intentos de construir un relato sobre la desaparición de Pertur surgió desde las páginas de ‘La Voz de España’. Cuando la investigación francesa apenas había comenzado y todavía no existían resultados policiales ni judiciales, el periódico comenzó a sostener de manera reiterada que la desaparición respondía a un ajuste de cuentas entre distintas facciones de ETA-pm. No se trataba de presentar esa posibilidad como una hipótesis entre otras, sino de ofrecerla al lector como la explicación más verosímil de los hechos.
Aquella narrativa acabaría teniendo un recorrido muy superior al de las propias noticias que la originaron y, medio siglo después, continúa formando parte de muchos relatos sobre el caso. No deja de resultar significativo que la primera explicación cerrada de la desaparición apareciera publicada antes de que existiera una investigación capaz de sostenerla y contribuyó decisivamente a fijar un marco interpretativo.
La reacción de ETA-pm a aquella tesis del diario fue inmediata. La organización impulsó una campaña pública de boicot bajo el lema «Ez erosi, ez irakurri La Voz de España», animando a dejar de adquirir el periódico por considerar que actuaba como un instrumento de intoxicación informativa. La campaña no se limitó al boicot comercial, sino que incluyó acciones de sabotaje y atentados contra las instalaciones del diario. Aquella presión contribuyó al progresivo deterioro económico del periódico, que acabaría desapareciendo pocos años después.
Durante casi medio siglo se han mezclado hechos, interpretaciones, filtraciones policiales, campañas de propaganda, investigaciones periodísticas, testimonios sinceros, recuerdos deformados por el tiempo y rumores convertidos en verdades por simple repetición. El resultado ha sido una enorme confusión que, en ocasiones, ha dificultado más la investigación de lo que la ha favorecido.
El ‘caso Pertur’ demuestra que la desinformación no siempre consiste en inventar hechos. A veces basta con presentar una hipótesis como si fuera una certeza, repetir una acusación sin aportar pruebas o convertir una filtración interesada en un dato histórico. Cincuenta años después, esa sigue siendo una de las mayores dificultades para comprender qué ocurrió realmente el 23 de julio de 1976.

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