Santiago Noriega

The bad Plus, el grupo que cambió

La jornada de clausura del Festival de Jazz de Gazteiz estuvo marcada por la actuación de la banda The Bad Plus. Snarky Puppy reunió a un gran número de aficionados en el último concierto de la edición. En el Europa, el cuarteto de Isaiah Collier ofreció uno de los recitales más interesantes.

Concierto de Snarky Puppy.
Concierto de Snarky Puppy. (Endika PORTILLO | FOKU)

La jornada comenzó con el concierto del saxofonista chicagüense Isaiah Collier, acompañado por Tim Regis a la batería, Davis Whitfield al piano y Conway Campbell al contrabajo. El recital se enmarcó dentro de su gira Collier Plays Coltrane, siendo el genial músico nacido en Carolina del Norte una de las influencias más notables en el joven saxofonista, que no en vano alterna el tenor y el soprano, además de incorporar referencias que van de Wayne Shorter a Ornette Coleman, pasando por el free jazz de las décadas de los sesenta y setenta.

La actuación se desarrolló sin interrupciones, como una sola forma continua, comenzando con los acordes y la melodía de My Favorite Things, uno de los temas que más tiempo permaneció en el repertorio del mítico cuarteto de Coltrane, para terminar —después de un viaje musical intenso, expansivo y lleno de juegos corales entre los músicos— con Olé, tema inspirado en el modo frigio y de marcado aroma flamenco.

La conexión y el diálogo constante entre los cuatro músicos, los brillantes solos de piano de Whitfield, las ráfagas ininterrumpidas y de altísima intensidad sonora durante los solos de saxo, siempre perseguido con la reactiva y propositiva batería de Regis, y el incansable trabajo de sujeción del contrabajo de Campbell, fueron la constante durante todo el recital. Los momentos de diálogo entre la batería y el saxo, lanzándose montaña abajo sin sujeción ni freno, al más puro estilo del interplay entre Coltrane y Elvin Jones, o entre Wayne Shorter y Brian Blade, cortaban la respiración. Para cuando el saxo dejaba de sonar dando paso a un solo de piano o contrabajo, Collier se había montado una parada con percusiones menores, silbatos y otros utensilios sonoros para dar color y mantener cierta intensidad sonora.

Así, con algunos interludios y momentos donde se respiraba cierta intimidad con una sonoridad más dulce, principalmente transiciones entre tema y tema, se sucedieron Trane Medley -Central Park West, But Not For Me y Giant Steps-, Lonnie’s Lament y Naima. Un concierto que, durante hora y media, tuvo al público atado a las butacas, sometido a una experiencia de alto voltaje y, como digo, pequeños valles abiertos para tomar aire, refrescarse y deleitarse con el sonido dulce y melódico que también posee el joven Isaiah, antes de volver de nuevo a la batalla sin cuartel, al caos espiritual, a las notas que por su intensidad y sustain parecen querer trascender el teatro.

Siempre se dijo que tratar de seguir los pasos de Coltrane era una misión que podía terminar con las alas de Ícaro derretidas, una empresa suicida en términos musicales. Pero, desoyendo cualquier sensata advertencia, Isaiah Collier decidió encarnarse en Coltrane, volando alto y, acompañado de sus tres adláteres, ofrecer una experiencia cercana a la que vivieron los afortunados testigos de las andanzas del mítico e irrepetible cuarteto.

The Bad Plus

The Bad Plus se retiran de los escenarios. Tras 27 años de andanzas —26 desde la publicación de su primer disco— puede decirse sin duda que esta ha sido una de las bandas más influyentes del siglo XXI. El cuarteto formado por dos de sus fundadores, el contrabajista Reid Anderson y el batería David King, junto con los últimos miembros del grupo, el guitarrista Ben Monder y el saxofonista Chris Speed, ofreció un concierto enérgico, evocador, atrevido y vanguardista, que es lo que ha caracterizado su estilo desde su formación en el año 2000.

La guitarra de ese extraterrestre que es Ben Monder marcó sobremanera el carácter sonoro del concierto, con sus distorsiones y delays obsesivos, esos acordes que apuntan a lo infinito, imposibles, y esos arpegios obsesivos y evocadores tan típicos de su estilo habitual. Esto, junto con las frases y movimientos de una agilidad vertiginosa, coloreó un concierto que arrancó en la casa del propio Monder, es decir, con el tema Casa Ben, compuesto por el batería David King, al que seguirían French Horns y otros temas representativos de la banda original de Minneapolis.

La conexión entre los dos miembros fundadores —a lo largo de todo el show y especialmente en esos momentos íntimos de bajo y batería— y el binomio melódico formado por el saxo tenor y la guitarra, los dúos, las melodías dobladas y las situaciones de caos a cuatro marcaron una actuación memorable para los asistentes al histórico evento. Veremos si en el futuro volvemos a ver a algunos de estos músicos subidos al escenario con otras formaciones o si, realmente, se van a pescar y a leer al lago en una merecida jubilación. Mi opinión: los músicos no se jubilan nunca.

Snarky Puppy

Y por fin, el último concierto de la edición 2026 del Jazzaldia, los esperados y aclamados por los músicos, la popular banda de fusión Snarky Puppy. En la sección rítmica, Jamison Ros a la batería, Mason Davis a la percusión y el lider y compositor del proyecto, Michael League, mientras que los teclistas Justin Staton y Bobby Sparks II, el tan espectacular violinista Zach Brock, el guitarrista Bob Lancetti, y el trío de viento conformado por Jay Jennins, Mike Maz Maher y Chris Bullock completaban la formación de la banda.

Arrancaron con una suite en la que intercalaron varios temas del último disco, titulado en catalán, Somni, tras la que League presentó la banda, rindió homenaje a The Bad Plus y explicó que su intención era tocar el disco completo, y a esa labor se prestaron inmediatamente. Ciertamente las composiciones de la banda tuvieron un sonido evocador, clichés que la psique humana puede vincular con algo parecido a cómo suenan los sueños. Aparte de esto, arreglos de vientos y formas algo repetitivas, con incidencia en ciertos pasajes que, ya puestos a asociar, recordaban a la música de Vacaciones en el Mar, formas rítmicas cerradas sobre patrones que ya son universales, y solos espectaculares que no tenían respuesta ni reacción en otros músicos, sino que se movían libremente sobre un acompañamiento estático de la banda.

Todo muy medido y pensado por Michael League, que deja poco espacio a la sorpresa, que trató de combinar la sinfonía de los sueños con el rock fusión o jazz fusión o lo que infusione, para terminar siempre por convocar a cientos de músicos a los que no les gusta la música, sino que les gusta Snarky Puppy. De otra manera, no hubieran aparecido únicamente ayer sábado y se les habría visto en alguno de los conciertos más interesantes de esta edición como los de Kris Davis Trio, Isaiah Collier, Fortià y Sare o Gretchen Palato Quartet.

Otra despedida es la del logo representativo del Festival, que deja paso a una nueva versión más moderna y actualizada. Que el logo traiga suerte y que el jazz y la música creativa siga teniendo su espacio en nuestras vidas, a través y gracias a Festivales como este de Gazteiz con cuya crónica de ayer, me despido de ustedes hasta, quizás, el año que viene.