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Irán promete responder al ataque ucraniano en el Caspio

Oriente Próximo vive una nueva escalada marcada por la acusación de Irán a Ucrania por un ataque contra un buque en el Caspio, los incendios de mezquitas en Cisjordania atribuidos a colonos israelíes, la ofensiva de EEUU contra la CPI y la frágil pausa en las hostilidades entre Washington y Teherán.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en Bagadad durante el mes de junio.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en Bagadad durante el mes de junio. (Ahmad AL-RUBAYE / AFP | AFP)

La tensión regional se agravó ayer en varios frentes a la vez. A la violencia en Cisjordania ocupada, las denuncias de la Organización de Naciones Unidas por las acciones israelíes en Siria, la campaña para debilitar la Corte Penal Internacional (CPI) y la frágil pausa en los ataques mutuos entre EEUU e Irán, se suma ahora la acusación iraní a Ucrania por un ataque contra un buque comercial en el mar Caspio que, según Teherán, causó la muerte de un marinero.

Irán elevó este domingo el tono contra Kiev al denunciar que un ataque ucraniano contra una nave mercante iraní «no puede quedar sin respuesta». El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó en X que Volodímir Zelenski había atacado un barco comercial iraní y lo vinculó a una estrategia «a instancias de Israel» para arrastrar a Europa al conflicto. Araghchi dijo haber trasladado la posición iraní en llamadas separadas con la responsable de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, y con el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov.

Teherán citó el sábado al encargado de negocios de Ucrania en la capital iraní tras ese episodio, que, según la versión iraní, dejó un muerto y un herido en el mar Caspio. Zelenski, por su parte, aseguró en X que Ucrania había logrado «resultados muy fuertes» con ataques de largo alcance en esa zona, incluidos objetivos vinculados a cargamentos militares iraníes y un buque de guerra.

En Cisjordania, autoridades palestinas denunciaron que colonos israelíes incendiaron dos mezquitas en ataques separados este domingo. Uno de los asaltos tuvo como objetivo una mezquita en la localidad de Kur, al sur de Tulkarem, donde los atacantes prendieron fuego al edificio y pintaron mensajes racistas en sus paredes antes de huir. Vecinos de la zona lograron sofocar las llamas y evitar que el incendio se extendiera por completo. Horas antes, otro grupo había prendido fuego a la mezquita Al Rahma, causando daños en materiales de madera y en parte del equipamiento de obra. El Ministerio palestino de Asuntos Religiosos calificó el ataque contra Kur como un «crimen atroz» y aseguró que solo en 2025 se han registrado 45 ataques contra mezquitas en la Cisjordania ocupada, según su recuento, bajo la protección del Ejército israelí. Los hechos se producen en un contexto de mayor presión militar sobre el territorio palestino, donde la violencia se ha intensificado durante los últimos días y ha dejado nuevas víctimas mortales, razzias y detenciones masivas, y un aumento de las operaciones de castigo colectivo.

En paralelo, la ofensiva diplomática de EEUU contra la CPI añade otra capa de tensión institucional. Washington ha lanzado una campaña para «desmantelar» la Corte, a la que acusa de amenazar su soberanía, mediante sanciones, vetos de viaje y presión sobre aliados para que se alejen del tribunal. El movimiento, respaldado por el entorno de Donald Trump y apoyado por Israel, busca debilitar un organismo que investiga presuntos crímenes de guerra y ha emitido órdenes de arresto contra dirigentes israelíes.

Ese pulso coincide con la crisis interna que atraviesa la CPI tras la destitución de su fiscal jefe, Karim Khan, en medio de acusaciones de conducta sexual indebida. Sus defensores temen que el proceso deje al tribunal más expuesto y con menor capacidad para sostener sus investigaciones más delicadas.

Mientras tanto, la tensión entre Washington y Teherán atraviesa un momento de contención precaria. Medios y fuentes diplomáticas señalan que ambos países llevan dos días sin ataques mutuos, en un paréntesis que mediadores como Pakistán y Qatar tratan de convertir en una pausa duradera. Los esfuerzos incluyen fórmulas de desescalada, reapertura de canales de negociación y un posible cese temporal de hostilidades para reencauzar el diálogo. Una vez más, será le gestión de Ormuz la que determine la viabilidad de las negociaciones.