Periodista / Kazetaria
Elkarrizketa
Carlos Enrique Bayo
Periodista y escritor

«Juan Carlos I era el rey de una corte de golfos»

Tras numerosas indagaciones sobre los negocios y las fechorías del rey emérito, el veterano periodista Carlos Enrique Bayo vuelve con el libro ‘El rey golfo’, donde incorpora nuevos datos que dimensionan su papel como pieza clave para los oligarcas del Estado y las grandes potencias mundiales.

Carlos Enrique Bayo.
Carlos Enrique Bayo. (EDICIONES AKAL)

Durante medio siglo, un aluvión de libros, documentales, tertulias y programas de radio y televisión han querido convencernos de que Juan Carlos I era un ejemplo de patriotismo y rectitud. Sus propias memorias, publicadas en 2025, ahondan en ese perfil popular y carismático.

Pero tras esta fachada emerge un personaje que, como ha investigado Carlos Enrique Bayo, se ha cubierto de testaferros, falsas fundaciones y complicidades políticas para enriquecerse mediante la venta de armas y la compra de silencios. En el libro ‘El rey golfo’ (Ediciones Akal), el exdirector de ‘Público’ ofrece otros nombres e hilos para conocer al emérito, cuyas corrupciones han sido amparadas desde las cloacas del Estado a costa del erario público y de la democracia española.

Según la revista ‘Forbes’ y ‘The New York Times’, el rey emérito posé una fortuna aproximada de 2.000 millones de euros. ¿A qué obedece su afán por amasar tanto dinero?

Él pensaba que sería un rey pobre de un país pobre. Y la forma de desquitarse de ello fue dedicarse a enriquecerse, para lo cual se rodeó de los grandes multimillonarios del país. Simplemente era codicioso, soberbio y, como dicen algunos de la Trama Gürtel, un «yonki del dinero».

¿Su posición era suficiente para hacer realidad sus caprichos?

Sin duda, no hacía falta que prometiera nada. Veía un Patek Philippe, o cualquier otro reloj de lujo, y los empresarios estaban obligados a regalárselo para seguir en su corte. De ahí su colección de relojes, motos y coches de gama alta. Y eso, en el marco de una dictadura que respaldaba abiertamente.

No olvidemos que se instruyó en la Academia Militar de Zaragoza, con los militares que participaron en la Guerra Civil, por lo que no tuvo reparos en jurar y guardar lealtad a los Principios del Movimiento Nacional cuando accedió al trono. 

Una de los cables publicados por WikiLeaks y que los Estados Unidos desclasificaron revela que Washington se fijó en él para apuntalar su dominio estratégico en la región mediterránea. ¿En qué medida contribuyó a ello?

Más que un interés de la Casa Blanca, fue él mismo quien se ofreció a pasarles información y beneficiarles; por ejemplo, pactando con Marruecos la cesión del Sáhara. Un hecho de alta traición, incluso para los militares, de cuya gestión se encargó Manuel Prado y Colón de Carvajal, su máximo confidente y con quien el secretario de Estado de los Estados Unidos en aquella época, Henry Kissinger, entabló una gran amistad.  

¿Con ese acuerdo, Juan Carlos I qué buscaba?

Sabía que, con el tema del Sáhara, pero también manteniendo las bases militares de Rota, Morón o Torrejón de Ardoz, le ayudarían a subir al trono. Pero no era nada planificado. Únicamente le movían las ansias de continuar con sus tropelías y negocios.

¿El golpe de Estado del 23-F fue una operación urdida para presentarle como el garante de la democracia y asegurar su continuidad?

La idea era dar una pátina moderna a la monarquía. Y, aunque quería estar al margen de los acontecimientos, tanto Alfonso Armada, la cúpula militar, como el CESID, cuyo concurso fue fundamental, le tenían informado. Si el golpe fracasó fue por la impulsividad y la torpeza de Tejero, pero él estaba al corriente e incluso lo celebraba.

En la descalificación del 23-F, esto se ha ocultado. Igual que ha pasado inadvertido su intentó de convencer a Valéry Giscard d’Estaing de que apoyara el golpe. El entonces presidente francés le respondió si creía que, dando golpes de Estado, podría ser rey de una democracia. «Te va a pasar como a los griegos», le dijo, refiriéndose a Constantino II y su familia, que tuvieron que exiliarse.

¿Su imagen de campechano era pura cosmética?

Sirvió para desviar la atención sobre su pasión por las armas –que le llevó a matar a su hermano–, los maltratos que sometía a la reina Sofía y o los paseos con amantes en sus yates y coches deportivos. Y será el CNI quien se encargará de construir esa máscara. 

Se comenta que influyó para que la iglesia conservara el concordado con el Vaticano. ¿Qué hay de cierto?  

Si hizo gestiones es porque, para seguir con sus desenfrenos, necesitaba la iglesia para protegerse. Nada que ver con considerarse el guardián y abanderado de los católicos. Prueba de ello es cómo se arrodilló ante los jeques árabes y, con el dinero de los españoles, intercedió en la venta de tanques a Egipto a cambio de comisiones del 30% y del 40%.

Una venta que Egipto no pudo pagar tras su derrota bélica ante Israel. ¿Quién pagaría entonces las armas? Pues, según reconoció el propio gobierno español en un boletín oficial del Congreso, la ciudadanía con nuestros impuestos.

La conexión con el mundo árabe se destapa al conocerse que la famosa cacería que hizo en 2012 con su amante Corinna Larsen estuvo financiada por el jeque Mohamed Ayad Kayali. ¿Cómo se pudo mantener esa ‘omertá’ tanto tiempo?

Era tan férrea que parecía imposible de romper. Pero varias meteduras de pata, algunas protagonizadas por jueces, militares y los espías que le protegían, pusieron al descubierto el papel de la Zarzuela como aquel espacio que empresarios y otros multimillonarios utilizaron para sortear el fisco y evadir capitales.

Se dice que, en sus memorias, recogidas bajo el título ‘Reconciliación’, el emérito obvia algunos pasajes para salvar a su heredero y al resto de la familia. ¿Era su pretensión?

Las memorias son parte de su lavado de cara. No tanto de sus excesos y obsesiones personales. Eso, la gente lo ha asumido y pertenece a la crónica rosa. Pero no hace mención alguna de Alkantara (o Alkantara Iberian Exports), la sociedad hispano-saudí que, junto a su administrador Manuel Prado y Colón de Carvajal y el magnate Adnan Khashoggi, creó para vender armas a Egipto.

Del mismo modo que no hace referencia a las comisiones que recibió por intermediar en la venta de vehículos militares de Enasa (Empresa Nacional de Autocamiones S.A.) y Land Rover Santana a Marruecos, o sus negocios con los ‘Albertos’ (los empresarios Alberto Cortina y Alberto Alcocer), de los cuales recibió 52 millones de euros en 2003 por mediar en la venta del Banco Zaragozano a la compañía británica Barclays Bank.

Tampoco se refiere a los fondos que disponía en el Credit Suisse de Ginebra mediante una cuenta de la Fundación Zagatka, cuyo titular era su primo, Álvaro de Orleans, y que destinó a fiestas, viajes y otros caprichos. 

¿Solo le interesaba satisfacer sus deseos?

Mientras le dieran pasta, no le importaba que sus amigos se corrompieran. De hecho, si yo he querido titular mi libro ‘El rey golfo’ es porque Juan Carlos I es el rey de una corte de golfos donde, aparte de empresarios, también figuran los altos mandos del ejército, de la magistratura, la cúpula de interior, los dueños de los grandes medios de comunicación, los obispos, y, por extensión, los políticos que han gobernado España.

¿Para llevar esa vida desenfrenada, dejó algunos ‘cadáveres en la cuneta’?

Por supuesto, empezando por el propio Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey entre 1977 y 1990, que Juan Carlos I defenestró por difundir aspectos de su vida privada y revelar que promovió el golpe del 23-F con el objetivo de acabar con la carrera política de Adolfo Suárez y la UCD.

Lamentablemente, al seguir vigente la Ley de Secretos Oficiales de 1968, no podemos corroborarlo. En todo caso, lejos de ser el garante de la democracia y de la transición, si algo fue es el garante de la famosa frase que Franco dejó para la prosperidad: «Atado y bien atado».

Es decir, dio continuidad a los grandes poderes del franquismo, ya sean los económicos, militares, policiales, judiciales o mediáticos, cuya impunidad es absoluta.

¿Llegará el día en que sabremos el resto de tejemanejes y artimañas del personaje?

os servicios secretos españoles llevan décadas enmascarándolo, hasta el punto que, todavía hoy, los jóvenes no pueden aprender en la escuela la realidad de lo que ha pasado en España. No solo esto: ya se prepara el terreno para que Juan Carlos I pueda regresar y tener un funeral de Estado cuando fallezca, lo que es burlarse del pueblo español de la manera más cruel y sádica del mundo.