
La guerra entre Irán y Estados Unidos ha vivido en las últimas horas una de sus escaladas más abruptas en el estrecho de Ormuz, donde los ataques contra buques mercantes se han multiplicado hasta alcanzar la mayor oleada desde el comienzo de las hostilidades, el pasado 28 de febrero.
Los intercambios de ataques amenazan con reducir todavía más el tráfico marítimo por una de las principales arterias energéticas del mundo y ya ha tenido un efecto directo sobre los mercados: el barril de Brent llegó a cotizar a 101,21 dólares, por primera vez desde julio.
La última escalada comenzó con los ataques estadounidenses contra cinco petroleros iraníes. Washington presentó la operación como una represalia por anteriores ataques iraníes contra sus buques. Días antes, Estados Unidos había informado también del hundimiento de otros tres tanqueros de la República Islámica. En total, según la versión estadounidense, sus fuerzas han atacado diez petroleros iraníes en una semana.
La respuesta de Teherán llegó poco después. Los Guardianes de la Revolución aseguraron haber atacado dos embarcaciones estadounidenses, ocho petroleros y otros diez buques que intentaban atravesar el estrecho. También reivindicaron un ataque contra una base estadounidense en Jordania, aunque el Ejército jordano aseguró haber interceptado 18 misiles. El alcance de la ofensiva iraní sobre los barcos no ha podido ser confirmado en su totalidad.
Sí se han corroborado, sin embargo, varios incidentes. La agencia británica de Operaciones Comerciales Marítimas (UKMTO) informó de ataques contra buques mercantes en distintos puntos del golfo Pérsico y del golfo de Omán. Uno de ellos, el petrolero Hercules Star, con bandera de Gibraltar, sufrió un ataque en las proximidades de Dubái. Un tripulante murió y otro permanece desaparecido. Las primeras evaluaciones de seguridad marítima apuntan a que pudo ser alcanzado por un dron. Otro petrolero, el New Andros, controlado por una compañía griega y cargado con unos dos millones de barriles de fuel iraquí, también fue alcanzado por un dron, aunque sus 22 tripulantes resultaron ilesos.
Alternativas fallidas
La situación amenaza con devolver al golfo Pérsico a una dinámica conocida. «El mecanismo es cada vez más familiar: guerra económica mediante el transporte marítimo comercial, represalias que amplían el número de objetivos y buques mercantes convertidos en instrumentos de presión entre Estados». El precedente es la llamada Guerra de los Petroleros de los años 80, cuando cientos de barcos fueron atacados durante la guerra entre Irán e Irak.
La crisis actual todavía no ha alcanzado aquella dimensión, pero Irán prepara nuevas medidas. La Guardia Revolucionaria ha anunciado una nueva «zona de exclusión» o «zona restringida» que se extendería desde las proximidades de Chabahar hacia partes del golfo de Omán y el mar Arábigo, incluyendo los accesos a Ormuz. Los barcos que entren sin coordinación previa podrían ser objeto de sanciones o quedar excluidos del paso por el estrecho.
El impacto ya se deja notar en el transporte de petróleo. Estados Unidos había conseguido restablecer parcialmente el tráfico mediante una ruta meridional próxima a Omán, con unos cuatro millones de barriles diarios, pero esa cifra se habría reducido ahora aproximadamente a la mitad. Al mismo tiempo, los fletes de los grandes petroleros han alcanzado niveles extraordinarios: la tarifa de referencia entre el golfo de Oriente Medio y China se aproximó a los 800.000 dólares diarios.
Sin negociaciones
Mientras el frente marítimo se intensifica, tampoco hay señales claras de una salida diplomática. Irán reclama el fin de las amenazas estadounidenses, la liberación de 24.000 millones de dólares en activos congelados y el cese de la injerencia en sus programas nuclear y balístico. Donald Trump sostiene que la guerra terminará «inmediatamente» después de las elecciones legislativas de noviembre, aunque sus asesores habrían advertido en privado de que el conflicto podría prolongarse hasta el final de su mandato.
La cuestión nuclear añade presión a un escenario ya marcado por la escalada militar. El OIEA ha remitido a Irán al Consejo de Seguridad de la ONU por el incumplimiento de sus obligaciones nucleares, mientras análisis estadounidenses apuntan a una supuesta aceleración de la construcción en un supuesto emplazamiento nuclear subterráneo. Con el estrecho de Ormuz convertido en escenario central de la confrontación, cada nuevo ataque amenaza con agravar simultáneamente la crisis militar, el comercio marítimo y los precios de la energía.

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