Los vecinos de Añorbe rescatan del abandono su abejera del siglo XVIII
El proyecto vecinal de la Asociación de voluntariado Abejera de Populo busca rehabilitar una antigua abejera de 100 colmenas para recuperar el patrimonio apícola tradicional de Añorbe. En paralelo, los voluntarios reforestan la zona, quemada a causa de un incendio forestal sucedido el año pasado.

En esta era digital en la que la soledad va abriéndose camino de la mano del individualismo, cada vez resulta más necesario formar parte de una comunidad. Para ello, participar en proyectos municipales y vecinales puede ser una buena solución. Ese es el caso de los habitantes de Añorbe, un pequeño municipio cercano a Gares, en el valle de Izarbeibar, en Nafarroa, con no más de 600 personas censadas. A tan solo cuatro kilómetros del núcleo urbano de la localidad, se encuentra una abejera del siglo XVIII, que tras décadas abandonada ha sido redescubierta y restaurada por los vecinos.
Todo empezó poco después de la pandemia, cuando Concha Vecino, habitante de Añorbe desde hace ya 30 años, decidió salir a dar un paseo con los amigos del pueblo. Recuerda que aquel día nevó, dejando un paisaje «precioso» que les animó a todos a pasear hacia el entorno en el que está ubicada la abejera de Populo, «sin tilde, porque así era el apellido del último dueño». Ese mismo día redescubrieron la edificación, que pese a llevar en torno a 60 años descuidada «estaba bastante bien conservada».
La historia de la abejera se remonta a varias generaciones. De acuerdo a los documentos encontrados, era propiedad de la Capellanía y los arrendatarios pasaban la tarea de mantenerla de padres a hijos. Según los mayores que todavía viven en el pueblo, la última persona que se ocupó de la abejera, miembro de la familia Populo, murió hace ya 15 años y se le recuerda por una frase «muy simpática» que dijo cuando todavía se dedicaba a cuidar de las abejas: «con el cariño que yo las trato y lo que me pican todos los días».
Después de aquel paseo que dieron al terminar la cuarentena, la abejera despertó la curiosidad del grupo, pero no fue hasta el año pasado que se planteó seriamente su reconstrucción. Según cuenta Vecino, hace un año un incendio forestal arrasó las encinas del entorno y también parte de la abejera, cuya estructura de madera empezó a deteriorarse con mayor rapidez y «perdió en un año lo que podría haber perdido en otros 40».
Al presenciar las consecuencias del episodio, ese mismo grupo que había redescubierto la abejera tras la cuarentena decidió ponerse manos a la obra. «Siempre estábamos hablando de que la abejera debería arreglarse y dijimos, ‘vamos a dejar de hablar y vamos a empezar a actuar’», rememora.
Objetivos de la iniciativa
Vecino y sus amigos tenían claro que querían restaurar la abejera, ya que la consideran una parte esencial del patrimonio del pueblo. «Es un edificio de trabajo, de cultura y de tradición. Supone restaurar el sudor de la frente de mucha gente que ha trabajado ahí a lo largo de todos sus años de existencia» desde 1765, de acuerdo a la documentación escrita que han encontrado.
Una vez que visualizaron el resultado final, dieron rienda suelta a la imaginación y pensaron que cuando terminasen de restaurar la edificación, podrían tratar de «recuperar el uso primitivo, que era el de tener abejas y tener miel en el pueblo». Para ello, el equipo pensó en enjambrar de nuevo los 100 huecos presentes en la abejera y aprender conocimientos de apicultura, con el fin de mantenerla activa y en buenas condiciones entre todos los miembros.

Aunque conseguir completar todo el proceso conlleva meses de trabajo por parte de todos los implicados, Vecino cree firmemente en la determinación de sus compañeros. «Seguro que lo vamos a intentar, por lo menos, el ponerla en funcionamiento. Y en cualquier caso, aunque no se ponga en funcionamiento, si se queda bien arreglada sí que va a ser algo como muy didáctico», asegura con confianza.
Al ver que conseguir todos esos objetivos suponía llevar a cabo un proceso de rehabilitación de gran esfuerzo económico, además de físico y mental, el grupo decidió fundar la Asociación de voluntariado Abejera de Populo y presentó su propuesta al Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Nafarroa con la intención de conseguir una subvención que le permitiera invertir en material y herramientas.
Subvención de Medio Ambiente
Ana Bretaña, Directora general de Medio Ambiente, admite que entre las 50 propuestas que recibieron, el proyecto de la abejera de Populo llamó especialmente la atención del departamento, ya que más allá de la recuperación de la construcción de la abejera en sí, el proyecto también plantea restaurar y recuperar la vegetación de los terrenos del entorno que se vieron afectados por el incendio forestal, a la vez que se trabaja en «recuperar una tradición, un conocimiento y una práctica en el territorio que se había perdido».
Además de destacar el valor medioambiental y etnográfico del proyecto, Bretaña también considera importante la labor de diseminación y divulgación que se dará a raíz de él, puesto que los niños del colegio público de Añorbe trabajarán a lo largo del curso con proyectos didácticos específicos sobre la Abejera.
«Tenemos que verlo como la oportunidad de formar y concienciar a la sociedad sobre la importancia de los polinizadores»
«Más allá del efecto concreto en el ecosistema, también traerá conocimiento y sensibilización. Al final tenemos que verlo como la oportunidad de formar y concienciar a la sociedad sobre la importancia de los polinizadores, para el ecosistema, para la economía y para la salud en general», explica.
Dado a todas estas razones, la Dirección General de Medio Ambiente asumirá 10.000 € de los 12.938,56 € de presupuesto para la realización del proyecto. Una noticia que además de alegrar a los 60 integrantes de la asociación medioambiental de Abejera de Populo, les ha animado a continuar con el proyecto, que a estas alturas está bastante avanzado.
Colaboración intergeneracional
Vecino menciona que uno de los mayores retos que han tenido que afrontar desde el comienzo del proyecto sucedió nada más empezar. «El primer reto importante era el acceso, porque no había manera de pasar, no se podía acceder andando. Poco más y te metías en una jungla», comenta.
Es por ello que para poder iniciar la restauración de la abejera, primero tuvieron que abrir un camino hasta ella y quitar las malas hierbas y los matorrales que entorpecían el paso a la estructura.
Una vez solucionaron ese primer problema, varios vecinos con experiencia en albañilería se ofrecieron a arreglar y fortalecer la abejera. Según Vecino este fue uno de los trabajos más duros del proyecto, puesto que el «terrible calor que ha habido este verano» les obligaba a empezar a las 6 de la mañana y parar en torno a las 10:30 «porque allí no había manera de aguantar». A pesar de ello, están contentos con el resultado. «En Añorbe tenemos la suerte de que tenemos unos profesionales de albañilería que son tremendísimos y lo han hecho todo muy rápido y muy bien» destaca.

El próximo paso del proceso consiste en rellenar los huecos de la abejera con cestas cilíndricas de mimbre que sirvan a modo de colmenas. Para ello, los miembros de la asociación han tenido que realizar un curso de cestería y han decidido implicar en el proyecto a los jubilados del pueblo, con gran disposición y mayor flexibilidad horaria. Gracias a esta decisión, para estas fechas, el equipo intergeneracional ya ha conseguido crear la mitad de las 100 cestas necesarias.
La colaboración entre vecinos de diferentes edades ha servido para hacer comunidad en el pueblo y estrechar lazos. «Estamos todos encantados, porque realmente es que estamos haciendo comunidad. Tenemos que trabajar, discutir, almorzar, organizar y aprender juntos… Entonces, eso une muchísimo», asegura Vecino, feliz de haber comenzado a tener trato con personas que antes no conocía. «Se nota que vas por la calle y la gente se saluda más. Se respira un ambiente súper amigable y emocionante. Todos queremos que las cosas salgan bien y es que encima nos van saliendo bien», afirma.
Próximos pasos
Respecto a los plazos, Vecino espera que el edificio de la abejera esté listo como muy tarde para la próxima primavera. Mientras que en cuanto a la recuperación del entorno, cree que en un año ya podrá verse «un tapiz de chaparros bastante bueno».
Explica que el siguiente reto consistirá en colonizar las colmenas de la abejera con abejas. «Eso nos queda a todos un poco más lejos. Nos tenemos que buscar profesionales del tema para que nos ayuden porque los trucos para que aquello funcione nos los tendrán que enseñar», admite, aunque con la seguridad de que si han aprendido a hacer cestas también aprenderán a manejar abejas.
En paralelo, medio centenar de niños de entre 3 y 12 años, alumnos de Educación Infantil y Primaria del colegio público de Añorbe, realizarán proyectos didácticos basados en la abejera de Populo con el objetivo de trabajar la importancia de la polinización para el Medio Ambiente, la biología y comportamiento de las abejas y la historia de la abejera de su localidad.

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