
Dramas –pequeños y grandes – y momentos de humor de la vida cotidiana. La muerte y la vida, agarradas de la mano. Koldo Almandoz (Donostia, 1973) ha creado un universo especial en torno a los actos de despedida civiles y al protagonista, Tomas Martinez.
Es Iñigo Azpitarte quien da vida al protagonista y la actriz Izaro Nieto le ha puesto el contrapunto con su personaje, Sara, cuando llega a la empresa de Martinez a hacer prácticas universitarias. La química entre ambos actores –no se conocían anteriormente– es evidente y aportan grandes dosis de credibilidad al relato.
En esta ocasión Almandoz se ha decantado por un tipo de comedia, más cercana al existencialismo o a la nostalgia, que le atrae personalmente. «No es un tema de moda el que he tratado en la película, pero he hablado de algo que conozco. A todos nos ha ocurrido tener que hacer el duelo. «La tristeza, la ternura, la risa y el nerviosismo se unen en poco tiempo y en un espacio determinado. Es una excusa para dar paisaje a la historia de este hombre», ha contado sobre la elección del tema de los funerales laicos.
No es su intención hacer pensar nada en concreto al espectador. Lo válido es lo que se enciende en cada espectador al ver la película. «El cine actual tiene demasiado de misa. Eligen un tema y después piensan en qué película quieren hacer. A mí me interesan las historias de gente corriente, sin épica. Contar la historia de lo que puede ser tu padre –el personaje lleva el nombre del mío–. Ese es el cine que a mí me gusta», ha señalado en el encuentro mantenido con la prensa tras la proyección en Sección Oficial fuera de competición.
«He querido crear una historia con cierto aroma clásico, pretendo verlo dentro de 20 años y no avergonzarme», ha agregado.
Al ser preguntado por la inclusión de imágenes de un cruce en el filme, ha reconocido que le encantan. «Son la metáfora de la vida contemporánea. Son ciudades pequeñas en las que ocurren cosas terribles pero vamos con una sonrisa todo el día. Pueden ser películas de ciencia ficción; es un mundo interesante».
«Me gusta mucho buscar localizaciones. Los lugares me llevan a determinadas historias», ha proseguido, al tiempo que ha alabado la labor del director de fotografía Javi Agirre. «Me hace más ambicioso de lo que soy», ha remarcado.
A su lado estaba Marian Fernandez. Han hablado sobre la larga trayectoria que comparten. «Hemos trabajado juntos en todos los proyectos. Han pasado 30 años desde que comenzamos y nos hemos ido haciendo mayores. No me imagino mi carrera sin Koldo como director. Todos los trabajos los hablamos y compartimos desde el primer momento. Confío en él, en su intuición y sus propuestas. Es un cineasta de talento inmenso y absolutamente honesto con lo que hace. Me siento muy orgullosa de trabajar con él. Cada propuesta suya me arrastra al salvaje lío que es levantar un presupuesto y estrenar la película después en el cine», ha contado la productora de Txintxua Films.
«Yo soy como un perro que va al monte y va para arriba y para abajo sin parar. Marian aporta sentido común a los proyectos. Yo quiero trabajar con un productor que sea creativo. Se está perdiendo la figura del productor al que le gusta el cine y esa forma de trabajar que se ha impuesto no me gusta. No haría películas si no fuera por Marian», ha confesado en la rueda de prensa.
Le gusta que cada film crezca gracias a la aportación de los integrantes del equipo. «Se va transformando en el rodaje y después, en el montaje, lo vuelves a rehacer y el cadáver vuelve a recobrar vida», ha explicado.
Por su parte, el actor Iñigo Azpitarte ha comentado que se siente atraído por los perdedores, personajes que tienen muchos conflictos. «Como persona soy imperfecto y lo he trabajado desde ahí».
Almandoz ha señalado que ha sido la fisicidad del intérprete lo que lo atrajo. «Por su modo de moverse y su voz llena mucho el espacio».
En el apartado musical, el director donostiarra vuelve a contar con Aitor Etxebarria. «Antes de rodar le enseño el guion, los bocetos... Para mí es importante es la referencialidad de los artistas que conforman la banda sonora. ¿Por qué aparecen? Me han construido esas referencias. Admiro a Anari, a Amorante... la soberanía y el cine hecho por nosotros. Se habla de lo local, pero no es verdad, todos queremos ser globales. Yo he ido a lo local sin buscar lo global. Hago cine para mi pequeña tribu».
Por segundo año Almandoz participa en Zinemaldia fuera de competición. «Es algo que no está en mis manos y lo tomo con deportividad. Si me preguntas por mi opinión, yo creo que podría competir. Creo que es más fácil seleccionar una película georgiana no convencional. Entre las españolas prima la convencionalidad mirando a los premios Goya, el qué dirá la crítica...».

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