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NELY REGUERA
DIRECTORA Y GUIONISTA

«Espero que las mujeres se sientan identificadas, que conecten y que se lo pasen bien con María»

No es un secreto que hacer reír al público es tan difícil como encontrar financiamiento para la realización de una película. Nely Reguera (Barcelona, 1978) se metió de cabeza con esas dos variables imposibles, teniendo como resultado la excelente comedia «María (y los demás)», que llega tras un proceso que le ha llevado a trabajar como asistencia de dirección, documentalista y cortometrajista.


Después de desempeñarse en la asistencia de dirección, como docente, documentalista y cortometrajista, a Reguera nada más le faltaba saltar al próximo paso de coescribir y dirigir su primer largometraje, “un drama pequeñito contado desde el humor”, cuenta con sus labios rojos, sonrisa contagiosa y pelo ensortijado Nely Reguera en el Festival de San Sebastián, donde con su María (y los demás) compitió en la sección de Nuev@s Directores.

Reguera cuenta sobre María (Bárbara Lennie), una mujer de 35 años que parece tenerlo todo bajo control, menos su propia vida. La única chica de tres hermanos, tras la muerte de su madre se encarga no solamente de la casa, sino también de su padre (José Ángel Egido); pero todo parece perder equilibrio cuando sorpresivamente su papá anuncia que se casará con Cachita (Diana Skell), su dicharachera enfermera.

El debut de Nely Reguera no pudo haber sido mejor. En “María (y los demás)” funcionan el ritmo y el humor, el microcosmo donde se desenvuelven maravillosamente cada uno de los actores, y sobre todo Bárbara Lennie, quien le aporta a esa María tan adorable, torpe y tan de verdad, todo lo que se necesita para que esta deliciosa comedia se quede con el público, haciéndole sonreír cada vez que la recuerde.

«María (y los demás)» se desarrolla en Galicia, y su documental «Muxía a ferida» también tiene que ver con esa región. ¿Qué le lleva a una catalana a rodar una película en tierras gallegas?

(Sonríe) Es que mi padre es gallego, tengo una parte de la familia allí y llevo toda la vida yendo a Galicia en los veranos, o por navidades, aunque después de la muerte de los abuelos las visitas familiares disminuyeron. Sin embargo mi vínculo con Galicia continúa, y da la gran casualidad que a pesar de que esta historia puede transcurrir en cualquier lado, la empecé a escribir durante un verano que pasé entre Galicia y Portugal, y de alguna forma se impregnó del paisaje. Por ejemplo, la escena en el mar tenía que ser una playa atlántica, además la dinámica familiar, las reuniones con toda la familia, me remitían de inmediato a Galicia. Entonces, se trataba de una cosa más emocional de mi parte que de la historia.

La historia de María conecta tan rápido con el público que hace pensar que algo de autobiográfico debe tener…

(Se ríe) Claro que hay cosas, sobre todo hay un entendimiento del personaje. La historia en sí no tiene nada que ver conmigo, pero sí que existe un vínculo emocional con María, en cuanto a sensaciones en la vida, de estar perdida y de no saber a dónde vas… Todas son emociones y situaciones que conozco, y que también he vivido de cerca, pero no es una historia autobiográfica (se ríe).

Una de las características de María es que, aunque es un talento en la organización y en tener todo bajo control, le tiene miedo a tomar las riendas de su vida, ¿qué cree usted que debemos hacer para vencer ese pánico?

Yo no sé si te sabría responder (risas). Creo que tanto mujeres como hombres de entrada tienen que tomar perspectiva, es decir, no darle tanta importancia a las cosas, relativizar me parece que es una condición. En el caso de María, tiene aspiraciones a convertirse en escritora, sin embargo no acaba de escribir la novela, por el miedo a que si la termina y no funciona, pues ese sueño se diluye. Una cosa es soñar con que escribirás una novela y triunfarás, y otra es hacerla y fracasar. Pero hay que sacarle importancia al proceso de escribir, y no al posible triunfo. Entonces por eso me refiero a que se debe relativizar las cosas, y sobre todo hay que disfrutar del camino. Es que estamos tan obsesionados con el adónde queremos llegar, que te olvidas de lo que estás recorriendo. No creo que pueda ayudar más porque yo también estoy en ello (risas).

¿Tenía usted en mente a Bárbara Lennie para este rol?

No. Bárbara es una actriz brillante, impresionante, pero fue en el cásting cuando la conocí, después de hablar con ella, vi que era María. A mí no me gusta escribir con un actor en mente para que interprete un personaje en particular, porque creo que te limita.

¿Limita o no le gusta la idea de una posible decepción?

(Asiente riendo) ¡Claro!, porque imagínate que después de haber tenido en mente a esa persona, no lo tengas para el personaje… Por eso creo que es mejor escribir un personaje, y luego buscar al actor. Aunque a veces es cierto que no puedes evitar pensar en un intérprete a la hora de desarrollar un rol.

¿Qué fue lo que vio en Bárbara para pensar que sería la María ideal?

La verdad que tiene. Bárbara posee una verdad que traspasa la cámara, no sé cómo decirlo pero ves que llega a la piel del público. También supe que Bárbara era la María ideal a través de las charlas que tuvimos sobre el personaje. María tiene un lado muy seguro y fuerte, y otro que es más frágil, más torpe, hasta más payaso. Sabía que Bárbara iba a dar sobradamente la parte fuerte, pero con el otro aspecto tenía mucha curiosidad porque nunca la había visto en un registro cómico, sino más bien en roles dramáticos. Cuando vi que me podía dar ese otro registro, además de las ganas que ella tenía de hacerlo, fue definitivo para lanzarnos.

Esta no es una comedia típica, ¿cómo logró el balance perfecto entre los elementos cómicos y dramáticos?

El tono era algo que tenía muy claro. Desde el principio pensé que la historia era un drama, pero que era un drama pequeñito que había que cuidar y contar desde el humor. Eso lo tenía clarísimo. A mí lo que me hacía gracia es que María se toma la vida muy dramática e intensamente, por eso era importante narrar la historia desde otro lugar, riéndome con ella pero también de ella y del resto de los personajes, como también quería invitar al público a reírse de uno mismo. Lo que le pasa a María al fin y al cabo es un pequeño drama. Al escribir el guion (junto a Eduard Sola, Valentina Viso, Roger Sogues y Diego Amexeiras) sí que cuidamos que después de una escena dramática tenía que haber un contrapunto algo que aligerara, y esa fue una verdadera obsesión que llevé también al rodaje.

Todas las mujeres tenemos algo de María, pero ¿cómo cree usted que se va a tomar el público femenino este filme?

Espero que muy bien, ¿no? Es que a mí me apetecía hacer una película sobre una mujer que no cumpliera con nada de lo que se supone debería de cumplir, porque para mí significaba algo así como un “¡ya basta!”. Es que cuando las mujeres llegamos a cierta edad, la sociedad nos presiona a que tengas pareja, a que hayas tenido logros profesionales y si has triunfado, ¡todavía mejor!, ¡ah! Y a tener hijos, claro. Pero si yo no he logrado nada, ni he tenido éxito en mi trabajo, y si ni siquiera sé si todo eso es lo que quiero, ¿qué pasa? Por eso espero que las mujeres se sientan identificadas, que conecten y sobre todo que se lo pasen bien viendo lo que hace María, y que de alguna forma les haga pensar a ellas sobre lo que quieren hacer. En otras palabras, que se lleven la peli a casa, que la repiensen y se vuelvan a reír.