Un pianista total
El prodigio balear Marco Mezquida ofrece una extraordinaria actuación en el Teatro Principal dejando al público completamente atónito.
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Mucho se ha escrito sobre el talento del joven pianista menorquín Marco Mezquida (Maó, 1987), pero los que tuvimos la suerte de asistir a su concierto a piano solo en el Teatro Principal de Gasteiz salimos con la sensación de haber sido testigos de algo verdaderamente excepcional.
La versatilidad del balear y su capacidad para «hacer suyas» propuestas musicales completamente distintas es algo que no tiene discusión, no en vano en estos mismos momentos el artista –que tiene una agenda que da vértigo, con una media de 160 conciertos anuales– está simultaneando colaboraciones con las cantantes Celeste Arias, Miryam Latrece y Silvia Pérez Cruz, el guitarrista flamenco Juan Gómez ‘Chicuelo’, la bailarina y coreógrafa Sol Picó, un trío con violonchelo y percusión dedicado a la música de Maurice Ravel, el contrabajista Manel Fortiá y diversas formaciones del circuito de jazz catalán, amén de sus proyectos personales Pieris (junto a los mismos músicos daneses que acompañaron al saxofonista Seamus Blake el lunes en el Dazz) o el power trio MAP, junto a Ernesto Aurignac y Ramón Prats, que estarán en Mendizorrotza en esta misma edición del Festival de Gasteiz. Pero ésta era la ocasión de estar acompañado únicamente por su piano; su banda, como él mismo ironizó.
La primera parte del concierto consistió en una hora ininterrumpida de improvisación libre, sin estar atado a ningún guion preestablecido. Y pasó de todo: desde sutiles momentos de una altísima sensibilidad hasta frenéticos pasajes en fortissimo llenos de clusters y disonancias varias, momentos sumamente rítmicos que podían evocar los estilos pianísticos del ragtime o del Harlem stride y pasajes impresionistas al más puro estilo de Claude Debussy. También utilizó técnicas de piano preparado a la manera de John Cage y tocó las tripas del piano haciendo que este instrumento pareciese un arpa, una guitarra muteada o un sitar. Una locura.
A continuación interpretó los temas ‘Joia’ (dedicado a su abuela), el estándar ‘All of Me’ (con el piano preparado), ‘La canción de Tina’ (dedicada a su ahijada), ‘Chorinho paracaidista’ (dedicado a su gato) y, como último bis, ‘Libre’, canción popularizada por Nino Bravo.
Mezquida conoce perfectamente toda la literatura pianística de la historia del jazz, pues pueden notarse en su estilo influencias de Thelonious Monk, Bill Evans, Keith Jarrett, McCoy Tyner, Herbie Hancock, Brad Mehldau, Paul Bley, Fred Hersch, Ahmad Jamal, Duke Ellington… Pero también es conocedor del lenguaje de la música académica contemporánea, lo que lo convierte en un músico con un perfil transversal y completo. Curiosamente, cuando Mezquida aún era estudiante y aspiraba a ingresar en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMuC), realizó las pruebas tanto para estudiar jazz como para estudiar piano clásico. Y, de hecho, consiguió plaza en las dos especialidades, decantándose finalmente por el jazz. Ante tal decisión, los miembros del tribunal de piano clásico se lamentaron porque «se perdía un gran pianista». El resto es historia. En fin, un profesor de Albert Einstein también dijo de él que no llegaría a ningún sitio…