Las negociaciones con Israel ponen a prueba el equilibrio libanés
Por primera vez en más de cuarenta años, diplomáticos libaneses e israelíes se han sentado en la misma mesa, un primer encuentro que podría preceder a otros. Beirut espera lograr un alto el fuego, a riesgo de provocar un incendio dentro del propio país. Ayer Hizbulah anunciaba una tregua «pronto».
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El ciclo de negociaciones que se desarrolla actualmente en Islamabad entre Irán y Estados Unidos, por crucial que sea, esconde otro igual de sensible: por primera vez desde 1983, el Estado libanés se ha embarcado en conversaciones directas con el Estado israelí. Un giro impulsado por el Gobierno libanés y facilitado por Donald Trump y su enviado especial Steve Witkoff, que han forzado la mano al primer ministro israelí, inicialmente poco dispuesto a aceptarlo.
Así, el pasado lunes en Washington se iniciaron conversaciones preliminares, con un primer intercambio entre los embajadores israelí y libanés, que podría desembocar en la apertura de un ciclo de diálogo más amplio. Beirut, que no quiere que el destino del país dependa de un acuerdo irano-estadounidense, pretende así recuperar las riendas en un reflejo soberanista. Y condicionar cualquier nueva negociación a un alto el fuego inmediato en el país de los cedros.
«Se puede decir sin traicionar la historia que es algo inédito», apunta un antiguo diplomático libanés de alto rango. «Ha habido varios ciclos de actividad diplomática más o menos intensos, incluidas numerosas conversaciones indirectas, como ocurrió entre 2020 y 2022 sobre la cuestión de las fronteras marítimas. Pero, en la práctica, hace más de cuarenta años que no nos sentamos en la misma mesa que Israel. Cabe recordar que en aquella época se firmó un acuerdo de ‘retirada israelí a cambio de reconocimiento libanés’, antes de ser dinamitado por el régimen sirio».
Inevitablemente, el anuncio de preparativos para un diálogo directo ha provocado un verdadero terremoto político en Líbano: desde entonces, se han producido varias manifestaciones en Beirut de partidarios de Hizbulah, radicalmente opuestos a esta idea.
Las campañas de difamación y las amenazas contra el presidente, Joseph Aoun, y más aún contra el primer ministro, Nawaf Salam, se multiplican peligrosamente. Fenómeno que no sorprende en un contexto en el que Israel causa decenas de muertos cada día y agita el espectro de una ocupación duradera, e incluso de una anexión del sur del país.
Según una encuesta publicada a mediados de febrero por el Arab Center for Research and Policy Studies, el 89% de los libaneses se opondría a cualquier reconocimiento de Israel.
Las amenazas ya son explícitas: el 16 de marzo, el vicepresidente del Consejo Político de Hizbulah, Mahmoud Comati, declaró que su partido es «capaz de sacudir el país y derrocar al Gobierno», afirmando que su «paciencia tiene límites». «El Gobierno ya no es capaz de gobernar el país y sus acciones solo sirven al enemigo israelí. Una confrontación es inevitable y los traidores pagarán por su traición», añadió.
Una crisis nerviosa que llega después de que las autoridades libanesas declararan su intención de «convertir Beirut en una capital sin armas», señala el profesor de ciencias políticas Karim el-Mufti: «El Gobierno ha lanzado una campaña ambiciosa, pero sin tener realmente los medios para aplicarla. El Estado está atrapado en su propia trampa».
Ejército bajo presión
El Ejército libanés también se encuentra bajo presión. EEUU e Israel han pedido la dimisión de su jefe, Rodophe Haykal, después de que este se negara, de forma lógica, a entrar en guerra contra Hizbulah.
«El Gobierno libanés intenta dar garantías a los estadounidenses con pequeñas decisiones políticas simbólicas, pero su margen de maniobra es tan limitado que, sobre todo, intenta ganar tiempo y evitar por todos los medios que sus infraestructuras civiles sean alcanzadas», explica Nicolas Dot-Pouillard, investigador especialista en Líbano.
En este contexto, el 13 de abril, con motivo del 51 aniversario del inicio de la guerra civil libanesa, Nawaf Salam, trató de llamar a la cordura. «Durante esos años nos enfrentamos entre nosotros y todos pagamos el precio. Hoy debemos estar unidos, y no unos contra otros (...) y dejar de agitar el espectro de la guerra civil como si ignorásemos su coste», insistió.
«Por ahora, sin embargo, cabe esperar más bien un ciclo de manifestaciones masivas frente a estas negociaciones que asesinatos o un golpe de Estado. Hizbulah está en una posición de fuerza, su padrino iraní también, y todo el mundo sabe que el futuro de Líbano sigue jugándose en Teherán», afirma una fuente cercana al Partido de Dios.
Porque, en efecto, pese a la buena voluntad del dúo Salam-Aoun, la autonomía libanesa en la crisis actual parece casi nula. El Ejecutivo está prisionero de un dilema insostenible planteado por Israel: enfrentarse a Hizbulah a riesgo de un conflicto civil perdido de antemano o ver el país devastado por el Estado hebreo.
De ahí la búsqueda de una tercera vía negociada con EEUU, que podría, en última instancia, permitir un statu quo. Porque el Estado libanés lo sabe: cualquier proceso de diálogo sobre el desarme de Hizbulah no podrá llevarse a cabo sin los principales implicados, quienes, por ahora, no tienen ni la voluntad ni el interés de negociar nada.
Petróleo sancionado
EEUU no renovará la relajación de sanciones sobre el crudo de Rusia e Irán que aprobó en marzo para tratar de bajar los precios del petróleo. Scott Bessent, secretario del Tesoro, puntualizó que esas excepciones afectan a «petróleo que ya estaba en el mar antes del 11 de marzo» y que ya «se ha utilizado».
Senado de EEUU
El Senado de Estados Unidos rechazó ayer una resolución para invocar la Resolución de Poderes de Guerra de 1973 e impedir que el presidente, Donald Trump, pueda ordenar nuevos ataques contra Irán sin la previa autorización del Congreso. La votación fracasó por 47 votos contra 52.