El sur de Líbano, fracturado por la «línea amarilla»
La población de las aldeas más cercanas a las zonas ocupadas por el Ejército israelí teme un nuevo avance de estas y denuncia el abandono del Estado. NAIZ pudo aproximarse a la «línea amarilla» que Israel intenta imponer en el sur de Líbano, siguiendo el modelo aplicado en la Franja de Gaza.
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En el paseo marítimo de Tiro, una gran ciudad costera del sur de Líbano, la escena se repite cada día. Desde la calle Nabih Berri, decenas de personas observan la costa sur libanesa, visible a simple vista hasta la ciudad fronteriza de Naqoura. Las expresiones son de inquietud, incluso de incredulidad. Una vecina señala a lo lejos unas grandes rocas blancas: son los acantilados de Al-Bayada, a apenas ocho kilómetros, ahora convertidos en una posición avanzada de las tropas israelíes en su invasión del sur de Líbano.
Aunque los soldados no son perceptibles a simple vista, la ocupación del territorio es un dolor constante para los habitantes de Tiro, acompañado de una persistente sensación de estar vigilados. «Israel siempre ha querido tomar Naqoura. El promontorio ofrece una vista despejada de toda la costa. Antes estábamos bajo vigilancia constante de drones; ahora sabemos que nos observan directamente desde allí», lamenta Lina, cuya vivienda da a lo que describe como «los territorios recientemente ocupados».
Las calles cercanas, a pesar de los graves daños causados por el Ejército israelí, han servido de refugio a numerosos desplazados procedentes de las aldeas más próximas a la Línea Azul -trazada por la ONU en 2000 entre Líbano e Israel-. En muchos casos, sus tierras o han quedado inhabitables por los bombardeos o han sido ocupadas.
MASACRE EN AL-MANSOURI
Tras una apertura limitada de la zona a la prensa por parte de Hizbulah, es posible, durante unas horas, avanzar más al sur de Tiro. La carretera costera que serpentea a lo largo del litoral está casi desierta. Solo unos pocos vehículos circulan entre un paisaje de devastación, jalonado de fotografías de combatientes de Hizbulah muertos desde la apertura del frente libanés el 8 de octubre de 2023.
Un puesto de control, atendido por un reducido grupo de soldados libaneses, aparece en el horizonte. No es posible avanzar más. Las tropas israelíes se encuentran a apenas un kilómetro, en Al-Bayyada, la primera localidad en la costa norte incluida en lo que se conoce como la «línea amarilla». Esta demarcación, impuesta por Israel tras la entrada en vigor de un alto el fuego de diez días, reproduce el modelo de Gaza, impidiendo a los habitantes de decenas de localidades fronterizas regresar a sus hogares.
A pocos kilómetros tierra adentro se encuentra la localidad de Al-Mansouri. El panorama recuerda a tantos otros del sur de Líbano: calles vacías y edificios derrumbados hasta donde alcanza la vista. Todo está patas arriba, incluida la mezquita del pueblo, cuyo minarete ha sido «decapitado».
Tras la entrada en vigor del alto el fuego el pasado 17 de abril, se produjo una nueva tragedia. Un pequeño grupo de habitantes que regresó inmediatamente tras el anuncio fue atacado por las fuerzas israelíes, según relata un residente que prefiere mantener el anonimato: «Nos dispersamos por diferentes partes del pueblo después de ser atacados. Ni las fuerzas de seguridad ni la Cruz Roja obtuvieron permiso para entrar en nuestro pueblo, esta tierra por la que hemos derramado tanta sangre. Nos quedamos solos».
Los vecinos explican que cualquier intento de salir en vehículo era respondido con disparos, tanto desde tierra como desde el aire, describiendo un asedio de cuatro días durante el cual sobrevivieron «alimentándose únicamente de limones».
Mohammad, de unos 30 años, no estaba allí en ese momento. Con la mirada perdida, explica que ha reconstruido las últimas horas de su padre a partir de los testimonios de quienes sí estaban presentes. Su padre, dice, quedó atrapado «en un círculo de fuego» antes de que el edificio en el que se había refugiado fuera bombardeado.
«LÍNEA AMARILLA»
Oficialmente, Al-Mansouri no se encuentra dentro de la «línea amarilla», aunque esta roza ahora la localidad. «Intentamos entender qué está pasando. Los israelíes tienen posiciones muy cerca, en lo alto de la colina que domina el pueblo. Pueden ver toda la localidad», afirma Moussa Zen, un vecino de 65 años que ha regresado.
Como muchos otros, le gustaría quedarse, un deseo que se ve más limitado por la magnitud de la destrucción y la falta de agua y electricidad que por el riesgo de nuevos ataques israelíes, que, en el momento de escribir estas líneas, continúan en el sur de Líbano. «Nuestra vida y la de nuestros padres ha estado marcada por guerras e invasiones. Durante mucho tiempo, nadie prestó atención, pero hoy el mundo entero entiende que Hizbulah es solo una excusa en sus planes de expansión territorial», afirma Mohammad.
Como prueba, señala las declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien el pasado verano afirmó en la cadena i24 estar guiado por una «misión histórica y espiritual» y mostró su apego a la visión de la Tierra Prometida y del Gran Israel.
«La ocupación no puede durar. Creemos en la resistencia, es lo único que puede protegernos. Y el alto el fuego se viola decenas de veces al día, mientras nuestro Gobierno negocia sin un rumbo claro con el enemigo», añade Mohammad, en referencia al proceso de diálogo entre Tel Aviv y Beirut en Washington.
A pocos kilómetros al sureste de Al-Mansouri, los habitantes de Majdal Zoun, también en el límite de la «línea amarilla», comparten la misma preocupación.
La pequeña localidad, situada en una colina y habitualmente habitada por unas 5.000 personas, está casi desierta. Las huellas de los bombardeos israelíes están por todas partes, hasta el punto de que resulta difícil encontrar una sola vivienda intacta.
«SOLO PODEMOS CONTAR CON NOSOTROS MISMOS»
Un grupo de jóvenes, obligadas a exiliarse en Tiro, regresa cada día: «Este es nuestro pueblo. No queremos abandonarlo, por eso vamos y venimos todos los días. Confiamos en la resistencia para no dejarlo en manos del enemigo», dicen, casi al unísono.
Desde el cementerio del pueblo, observan Tiro en el horizonte. «La posición geográfica de Majdal Zoun atraerá la ambición del enemigo. Tememos que intenten apoderarse de él muy pronto», añaden.
En el flanco sur del pueblo es visible Shama, a unos dos kilómetros. El fuerte, que alberga el santuario de Shamoun al-Safa -tumba del profeta del mismo nombre-, ha sufrido graves daños. A mediados de abril, el Ministerio de Cultura libanés anunció haber presentado «una denuncia urgente ante la Unesco», solicitando una intervención inmediata para proteger el sitio arqueológico.
A simple vista se pueden distinguir varias banderas israelíes, aunque no se observó ningún movimiento de tropas durante la visita sobre el terreno. A pocos kilómetros al este se encuentra la localidad de Tayr Harfa, también ocupada por el Ejército israelí. Resuenan explosiones de forma regular, levantando columnas de humo en la distancia.
«Están volando casas. Después de bombardear los pueblos, se empeñan en arrasarlo todo, como hicieron en Gaza», afirma Ali, de 39 años. También expresa su preocupación por el futuro de su pueblo, rodeado por el flanco sur por las fuerzas israelíes. «Por desgracia, no esperamos nada del Ejército libanés. Confiamos en la resistencia. De lo contrario, Majdal Zoun también caerá».
El hombre habla de «acciones heroicas» de los combatientes de Hizbulah, que antes del alto el fuego infligieron daños a las fuerzas israelíes e impidieron su avance. El enfrentamiento continúa.
A pocos kilómetros más al norte, la localidad de Qlailey llora a varios combatientes del Partido de Dios muertos en combate. Una mujer acaricia con ternura y de forma casi mecánica el retrato de su hijo, con los ojos llenos de lágrimas.
A su lado Rana, de 30 años, concluye: «No quiero que su sacrificio sea en vano. Solo podemos contar con nosotros mismos, así que lucharemos para no perder nuestra tierra»
Netanyahu ordena «contundencia» contra Hizbulah
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ordenó ayer al Ejército atacar «con contundencia» al grupo chií Hizbulah en Líbano, después de que acusara al Partido de Dios del lanzamiento de dos proyectiles y un dron desde Líbano en lo que calificó de una «flagrante violación» de un alto el fuego que el régimen sionista vulnera a diario con ataques contra territorio libanés, mientras sigue arrasando y ocupando terreno en el sur del país de los cedros.
De hecho, el Ejército israelí, que ayer advirtió a los libaneses desplazados del sur del país que no vuelvan a sus hogares en unas aproximadamente sesenta localidades porque sus tropas continúan posicionadas allí, informó de que sigue atacando infraestructuras de Hizbulah en esa zona, incluyendo un depósito de armas. Dijo que había matado a más de 15 presuntos miembros de Hizbulah en el sur.
Hizbulah confirmó esos ataques contra las tropas israelíes en suelo libanés como respuesta a sus reiterados incumplimientos del alto el fuego.
Ante el estancamiento de las negociaciones con Irán, que no dan señales de reanudarse para encontrar una solución a la guerra que lanzaron EEUU e Israel contra el país persa, Líbano e Israel acordaron extender ese frágil alto el fuego por tres semanas más, tras un segundo encuentro auspiciado por Washington.
Las autoridades sanitarias informaron ayer de que Israel mató a seis personas en distintos ataques en el sur de Líbano. A cuatro de ellas en dos ataques aéreos contra un camión y una motocicleta en la ciudad de Yahmar al-Shaqif, en la región de Nabatieh. A dos más las mató en otro ataque contra la ciudad meridional de Safad al-Batikh, en el distrito de Bint Jbeil.
Según las autoridades sanitarias libanesas, Israel ha matado ya a al menos 2.491 personas desde el pasado 2 de marzo y ha herido a otras 7.719.