Bilbao Basket celebra ante su afición un título y el triunfo de un estilo propio
En el Ayuntamiento primero, a lomos de un autobús descapotable después para terminar en la Diputación, los hombres de negro se han dado un merecido baño de masas en el que un grupo heterogéneo ha convergido para convertirse en bilbainos de pro que ha ofrecido esta FIBA Europe Cup a su gente.
«Todos juntos, vamos a hacer el grito de guerra de Bilbao Basket, que ahora nos vamos a la ‘Dipu’. Bat! Bi! Hiru, Bilbo!», he ahí el modo en el que Jaume Ponsarnau ha dado por concluido el baño de masas en el Ayuntamiento de Bilbo, donde la plantilla y el cuerpo técnico y muy buena parte de la plana mayor de la directiva de Bilbao Basket ha celebrado no solo un título, sino el triunfo de un estilo.
«Nos habéis ayudado a ser competitivos y a traeros por segunda esta vez este trofeo. Pero lo más importante es que esta vez hemos vuelto a ganar una final, y quizá algún día podremos jugar otra y esa vez nos tocará perderla. Pero aun en ese caso, habremos perdido una final con nuestro estilo, que es lo que nos habéis dado y nos ayudáis a construir».
El bilbaino de Tárrega ha amanecido inspirado, con ansias de «vivir este momento de felicidad» y con ese discurso de la construcción de un estilo propio de hacer las cosas, ha querido involucrar a los aficionados, que pese al sol de justicia, se han arremolinado en una bonita cantidad a la entrada principal del Consistorio bilbaino.

Después de la tormenta del miércoles por la noche, llegaba la calma y el sol a la media tarde en al capital vizcaina, y del mundo del baloncesto en Euskal Herria este jueves 30 de abril de 2026. «¡Mirad qué grupo de bilbainos hay aquí! Un lituano, un islandés, un sueco, un noruego, un catalán, un donostiarra, otro de Indautxu, un esloveno, un senegalés, otro de Mali... pero todos somos bilbainos no solo porque nacemos donde nos da la gana, sino porque nos ayudáis a comprender qué supone y qué significa ser de esta ciudad», ha insistido Jaume Ponsarnau, risueño pero centrado.
Mientras , Javi Salgado ha lucido sus sempiternas gafas de sol posteriores a cualquier parranda –«nos estamos acostumbrando a ganar», ha bromeado– y Mikel Odriozola se ha atrevido incluso con el ‘Txoria Txori’ a voz en grito, poniendo a los aficionados a entonar el himno de Artze y Laboa. Y si a alguien le puede parecer muy folclórico, mejor que los «¡Hostia puta!» con los que ha saludado Margiris Normantas, ya diestro en habla tabernaria, aunque el «Eskerrik asko!» de rigor tampoco le ha faltado, como tampoco un coreado «Jo ta ke! Irabazi arte!» de Harald Frey.
No son las 18.00 de un día laborable –menos aún siendo víspera del Primero de Mayo– el mejor horario para arremolinar a mucha gente, pero junto con la llegada del autobús de los hombres de negro, que han descendido de los cielos de Miribilla en un lento reptar sobre ruedas para saborear su momento de gloria un año después del feliz regreso desde Salónica, el grueso de la afición ha llegado para apoyar a los suyos y, de hecho, entre bailarines, representantes consistoriales, periodistas y unos cuantos técnicos y extras, han sido precisamente los vítores de la afición los que han saludado en primer término el feliz aterrizaje.
Unos vítores que durante un instante han virado para agradecer la presencia de Thijs De Ridder. El ala-pívot belga, que desde esta campaña juega en la NCAA, no solo no quiso perder el duelo de vuelta de Miribilla entre Surne Bilbao y el PAOK, sino que también ha sido un aficionado más frente al Ayuntamiento bilbaino.

«No hay dos sin tres», ha bromeado –o quizás no– la alcaldesa en funciones del Consistorio bilbaino, Amaia Arregi, encargada de salir al encuentro de la comitiva de los hombres de negro a la escalinata principal, con los aficionados celebrando eufóricos el triunfo, pudiendo tocar el trofeo sin que haya efecto gafe por ello y pudiendo sacarse fotografías con sus héroes antes del aurresku de rigor y las fotos más institucionales antes de desatarse la fiesta –que ha llegado tras una noche larga, según las caras de algunos de los jugadores–.
«Uno más uno no son dos, ni siete, sino que han sido hasta quince», ha vuelto a bromear Arregi, dando cuenta de la suficiencia con la que los pupilos de Jaume Ponsarnau remontaban el 79-73 adverso del Palataki, con un 89-74 levantado a pulso después de un inicio complicado que hubo que remontar.
«Gracias por haber estado ahí en las buenas y en las malas. Eso os hace grandes», han coincidido así Tryggvi Hlinason como Melwin Pantzar, dos de los pesos pesados que han coincidido en agradecimientos y también han sido dos de los que han repetido título tras el conquistado el año pasado. Entre lluvias de confeti, los jugadores han desaparecido durante un instante, pero ahí seguían cuando ha amainado la tormenta, felices para vivir otro momento irrepetible.
Felicitaciones desde Grecia
La presidenta de Bilbao Basket, Isabel Iturbe, también ha incidido en el construcción de un estilo propio en la forma de jugar, en la forma de lidiar las dificultades y, sobre todo en la forma de comportarse.
«Me ha llenado de mucha felicidad un email que he recibido esta mañana, que no era otra sino del presidente del PAOK de Salónica, felicitándonos por nuestra forma de comportarnos en la victoria», ha subrayado Iturbe. Y es que después de los enganchones del inicio de la final y con el amago de trifulca con la Ertzaintza de buena parte de los 550 aficionados del conjunto heleno, al final la fiesta derivó en un reconocimiento mutuo, con Miribilla en pie felicitando el subcampeonato del PAOK, en un gesto de deportividad y respeto del que hasta la prensa griega se ha hecho eco, destacando la «cultura deportiva» que se construye en Bilbo.

«Hay que agradecer su buen comportamiento de respeto en el momento del acto de entrega de la copa», ha recalcado también Jaume Ponsarnau. Un gesto con mucha historia por detrás, ya que evocaba a aquella Recopa de 1996 que el Taugres Baskonia ganaba sobre la escuadra tesalonicense, cuyos aficionados, luego de tenerlas tiesas con la Ertzaintza en los prolegómenos de la final, terminaron no solo reconociendo la victoria gasteiztarra, sino que los hinchas de los dos equipos acabarían compartiendo parranda e intercambiando bufandas. Entre los implicados, un joven imberbe que respondía al nombre de Ibon Navarro, y que 30 años más tarde recuerda «perfectamente los bares donde estuvimos tras la final».
30 años más tarde, y a diferencia del año pasado en el Palataki en el momento de la entrega de trofeos, los aficionados helenos, respetados en su derrota por los hinchas de Bilbao Basket, mostraron un comportamiento deportivo y educado. Entre todos lo regaron y él solo floreció, para darle en los rescoldos de una alegría total para los hombres de negro, un motivo más para sentirse orgullosos y sobre el cual erigir un estilo de ser y de hacer las cosas.
La Gran Vía bilbaina y el Palacio de la Diputación de Bizkaia ha vivido la continuación de otra jornada inolvidable de un club que, después de una larga década entre las sombras, con un descenso, una deuda millonaria y el fantasma de la desaparición a punto de caérsele encima durante no poco rato, sonríe y, después de la tormenta, ha podido disfrutar de la luz del sol.
Pero esto no ha terminado. «Gracias por vuestro apoyo, pero hay que seguir, porque aún hay cosas que hacer y hay que pelear por meternos en play-offs». Escondido bajo unas pequeñas gafas de sol y con su hija en brazos, el MVP Darrun Hilliard quiere más, una ambición en la que Stefan Lazarevic, Justin Jaworski o Mikel Odriozola también han coincidido.
«Unicaja perdía ayer su partido de Liga ACB ante Gran Canaria –100-101 en la prórroga, en partido adelantado por tomar parte los malagueños en la Final Four de la BCL en Badalona de la próxima semana–, así que hay que disfrutar de este momento, porque ganar cualquier torneo es muy difícil y hay que celebrarlo, pero hay que mirar hacia delante», ha advertido Mikel Odriozola, sabedor de que meter a los hombres de negro en el Top 8 liguero al final de la Fase Regular sería casi como ganar otro título.