La infancia sudanesa: un daño colateral en la lucha por el poder
La guerra en Sudán se cronifica mientras el foco internacional se diluye y la ayuda mengua. En ese vacío, la violencia contra menores se intensifica sin control ni rendición de cuentas, consolidando un patrón de abusos sistemáticos que atraviesa décadas y que hoy alcanza niveles críticos.
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Una mujer embarazada y tres niños perdieron la vida el pasado 16 de abril en un campamento de desplazados en la región sudanesa de Darfur. Paradójicamente, la fecha coincidió con el tercer aniversario del inicio de la guerra entre el Ejército y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido. Este suceso no es más que un ápice de la magnitud de la catástrofe que vive la infancia en Sudán, no solo desde el principio de esta última guerra, sino antes de que la renovada disputa por el poder convirtiera al país en la mayor crisis humanitaria de la actualidad.
«Desde que empezó la guerra, Naciones Unidas ha verificado más de 5.700 violaciones graves de derechos cometidas por las partes contra la infancia en todo Sudán, que han afectado al menos a 5.100 niños y niñas, con más de 4.300 muertos o mutilados». Este fragmento, extraído del reciente informe “Darfur: 20 años después, la infancia sigue bajo amenaza”, publicado por Unicef, transmite únicamente una pequeña parte de la realidad sudanesa. A través de cifras y testimonios, el documento traza una radiografía del recrudecimiento de la situación de la infancia en el país y presentando a los niños y niñas como las principales víctimas de una guerra en la población nunca ha tenido voz ni voto.
Encontrando similitudes con lo ocurrido en 2005 en ese mismo país
Aunque la diferencia en la atención mediática y popular recibida por la situación actual y los sucesos de 2005 puede explicarse por los intereses globales implicados en otras guerras en curso, son los recortes en ayuda humanitaria y el desprestigio de esta por la ofensiva ultraderechista global los que han golpeado con más dureza sobre la situación el terreno. «Los esfuerzos humanitarios siguen estando gravemente limitados por la inseguridad, los obstáculos burocráticos y la falta de financiación, dejando a muchos niños y niñas sin asistencia en los momentos de mayor riesgo», señala.
BRUTALIDAD E IMPUNIDAD
El carácter transversal -ambos bandos han cometido abusos- y atemporal -antes de la guerra también se daban episodios similares- de la violencia contra la infancia en Sudán no impide que los crímenes hayan escenificado algunos de los más graves contra niños y niñas, y el sitio de El Fasher es, sin duda, uno de ellos. «Desde abril de 2024, se han verificado en El Fasher más de 1.500 violaciones graves de los derechos de la infancia atribuidas a las partes en conflicto, entre ellas la muerte y mutilación de más de 1.300 niños y niñas, muchas por armas explosivas y drones, así como violencia sexual, secuestros y reclutamiento y utilización por parte de grupos armados», denuncia el documento publicado por Unicef, que puntualiza que «las cifras están lejos de
Imbuidas ambas partes en una lucha sin cuartel por el poder, la guerra parece territorialmente estancada y la población queda, una vez más, relegada. Intereses externos han permeado, desde el inicio del conflicto, las filas tanto del Ejército como de las RSF, y para ellas la infancia sudanesa es la última de sus preocupaciones. El oro y otros recursos acaparan la atención mundial cuando, como en 2005, son los sudaneses las principales víctimas de la indiferencia global. «No podemos permitir que la historia se repita», concluye el informe.