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Solo el 9,58% de las viviendas de Hego Euskal Herria son plenamente accesibles

Únicamente el 9,58% de las viviendas de Hego Euskal Herria son plenamente accesibles, según el primer Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios.

Ascensor por el exterior de las viviendas para mejorar la accesibilidad, en Zumarraga. (Gotzon ARANBURU | FOKU)

Solo el 9,58% de las viviendas de Hego Euskal Herria son plenamente accesibles, según el primer Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios. Concretamente, en los cuatro herrialdes son 27.100 viviendas plenamente accesibles de un total de 283.000. En Nafarroa, el porcentaje sube al 16%, unos 19.000 de un total de 119.000, mientras que en la CAV el porcentaje baja hasta el 5%, con 8.100 viviendas accesibles de un total 164.000. 

«Una vida libre e independiente empieza en lo más cotidiano: poder entrar y salir de casa sin ayuda. Cuando el entorno no está preparado, esa autonomía se diluye y acaba por convertir a millones de personas en prisioneras de su propio hogar», señala Cristina Pallàs, directora de la Fundación Mutua de Propietarios. 

Día Europeo de la Vida Independiente

Presentado con motivo del Día Europeo de la Vida Independiente, que reivindica el derecho de las personas con discapacidad a vivir de forma autónoma para participar plenamente en la sociedad, el primer Barómetro de la Accesibilidad analiza el recorrido desde la calle a la vivienda para mostrar que las barreras arquitectónicas se inician incluso antes de entrar.

A nivel estatal, un 57 % no son accesibles desde la calle al portal y, en el 48 % de los casos, el motivo es un simple escalón. Además, en las ocasiones en que existe una rampa, es frecuente que no cumpla su función, ya un 40 % carece de barandilla. 

Una vez situados en el portal de acceso al edificio, el 56 % de las fincas no son accesibles: aunque las puertas de entrada son generalmente anchas (89 %), en casi la mitad de los casos (47 %) no se sostienen solas o se cierran lentamente, y un tercio presenta dificultades de apertura por su peso (30 %). Además, solo un 42 % de los porteros automáticos están a la altura de una persona en silla de ruedas y, una vez dentro, rutinas como recoger el correo se convierten también en un problema, ya que tres de cada cinco buzones son inalcanzables. 

Pero la carrera de obstáculos para llegar a la vivienda continúa. Si el edificio dispone de ascensor, acceder no está garantizado: el 43 % cuenta con un desnivel que no se salva adecuadamente. Y, en su interior, las dificultades continúan: puertas pesadas (87 %), botones demasiado altos (85 %), tiempos de cierre insuficientes (83 %) o falta de espacio (78 %) son solamente algunas de las eventualidades que hay que salvar. Por ello, el informe señala que el 64 % de los ascensores no cumple los criterios de accesibilidad física para su uso en silla de ruedas. Y finalmente, en el caso de optar por las escaleras, tampoco se posicionan como una alternativa viable para las personas con movilidad reducida, ya que tres de cada cinco no disponen de barandillas a ambos lados. 

Escasez de recursos

A la falta de concienciación para mejorar las condiciones de accesibilidad de un edificio, el informe detecta la escasez de recursos de las comunidades de propietarios. El 74 % de los edificios no han acometido mejoras en los dos últimos años y el 76 % no prevé hacerlo en el corto plazo. El coste económico y la falta de iniciativa vecinal figuran como los principales frenos ya que adaptar el edificio para vivir en silla de ruedas se percibe como inviable: el 84% lo considera económicamente difícil.

«En un contexto de envejecimiento poblacional, con mayor esperanza de vida, garantizar entornos accesibles no debería entenderse como un gasto, sino como una inversión imprescindible para garantizar la calidad de vida en nuestro futuro más próximo», concluye Pallàs.