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El eje Moscú-Pekín se fortalece con la energía como pilar central

La energía se consolida como eje central de la relación sino-rusa y expone la interdependencia de Moscú y Pekín. Mientras tanto, esta nueva visita afianza el papel de China como actor central de las relaciones internacionales.

Un televisor de un restaurante de Hong Kong retransmite la imagen del encuentro. (PETER PARKS | AFP)

«Una relación inquebrantable». No es novedad que Moscú y Pekín definan de esta manera su relación cuando la visita de Vladímir Putin a China coincide, y consolida al mismo tiempo, con el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia y con el 30º aniversario del establecimiento de su asociación estratégica, dos efemérides que ambos gobiernos han usado para subrayar la continuidad de sus vínculos. Aun así, tanto las declaraciones previas a la visita como los comentarios dirigidos a la prensa durante la rueda de prensa celebrada este miércoles han clarificado cuál es la «piedra angular» no solo de las actuales conversaciones, sino de la relación sino-rusa desde hace ya unos años: la energía.

La invasión rusa de Ucrania y las consiguientes sanciones occidentales ya hicieron de la compra de gas ruso por parte de China un sustento más que fundamental para la economía rusa. Pekín se aprovechaba de las rebajas y el Kremlin conseguía darle una salida a su estancado petróleo. Aun así, la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán volvió a reconfigurar el tablero energético. «En medio de la crisis en Oriente Medio, Rusia sigue desempeñando su papel de proveedor fiable de recursos, y China, el de consumidor responsable de dichos recursos», ha declarado Putin a su homólogo chino, Xi Jinping, durante las conversaciones que han mantenido este miércoles.

El 45% de las importaciones chinas de petróleo y gas cruzaban el estrecho controlado por Irán; por ello, el suministro ruso era ahora aún más estratégico. Y los precios subieron. En términos intermensuales, el valor de las importaciones de crudo de China procedentes de Rusia aumentó un 16,2% en abril, expresado en dólares estadounidenses, a pesar de que la cantidad descendió un 10,8%.

Reflejo de la centralidad de la energía en las conversaciones es la presencia de, como hiciera EEUU con sus tecnológicas, los directivos de las principales empresas energéticas rusas en la delegación de Putin. Además, el megagasoducto Fuerza de Siberia 2 ha sido también uno de los temas centrales. El encuentro de hoy ha permitido que ambas partes se hayan puesto de acuerdo en los principales parámetros del proyecto, pero todavía faltan detalles por determinar, según ha declarado el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Este renovado acercamiento sino-ruso vertebrado por el intercambio energético no es sino una consecuencia directa de las erráticas decisiones de la Casa Blanca y su política exterior. Aunque potenciado también por la «operación especial» en Ucrania, ha sido el ataque a Irán lo que ha derivado en la retirada temporal de las sanciones estadounidenses al gas ruso –el lunes Washington anunció una nueva prórroga de 30 días de dicha exención– y su consiguiente fortalecimiento, y encarecimiento, en el mercado energético mundial.

La selva y su ley

En política internacional, Xi sostiene que el mundo se enfrenta a los daños del «unilateralismo» y el «hegemonismo», y ha advertido del riesgo de retroceder hacia la «ley de la selva», una fórmula reiterada por las autoridades chinas en los últimos meses. Tratando de abogar por una posición de «mediador neutral sin enemigos», como lo define la investigadora posdoctoral en estudios de defensa en el King’s College de Londres Maria Miron, China ha reiterado su voluntad de contribuir a un mundo multipolar.

Es cuanto menos paradójico que haya sido el propio Kremlin quien publicara una declaración conjunta con Pekín advirtiendo de la posibilidad de volver a «una ley de la selva» donde «los asuntos mundiales se gestionen unilateralmente». En un discurso grabado difundido antes de reunirse con Xi, Putin ha afirmado que «no nos estamos alineando contra nadie, sino que trabajamos por la causa de la paz y la prosperidad universal». Algo cuanto menos cuestionable.

Más allá de la energía, Xi y Putin han aprobado una segunda declaración sobre el establecimiento de un mundo multipolar y unas relaciones de nuevo tipo. Además, han firmado una veintena de acuerdos y memorandos de entendimiento, entre los que se encuentran memorandos de cooperación científico-técnica, energética, preparación de cuadros, políticas antimonopolio y transporte ferroviario, entre otros.

El encuentro entre Xi y Putin no es sino el estrechamiento de lazos económicos y políticos entre ambas naciones. No representa siquiera un cambio sustancial en sus relaciones. Lo que sí reafirma y refleja es el posicionamiento de China como centro de un orden mundial cada vez más fragmentado. Pekín se está posicionando como el interlocutor indispensable por el que todos deben pasar y al que todos deben consultar e informar.