Nicolas Winding Refn se abre acerca de su reciente muerte médica
Presentando ‘Her Private Hell’ en la Croisette, el cineasta ha contado en primicia la razón de su largo retiro de los rodajes tras ‘Too Old To Die Young’. Además: ‘The Samurai and the Prisoner’, de Kiyoshi Kurosawa destaca en Cannes Premiere.
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Antes de la premiere de ‘Her Private Hell’, primera película de Nicolas Winding Refn desde ‘The Neon Demon’, una década atrás, el cineasta quiso cortar la ovación de cortesía para dirigir unas palabras al público. Contaba emocionado cómo su ausencia se ha debido a una cuestión grave de salud: «Tenía una insuficiencia cardíaca y la sangre me corría del revés», ha explicado el responsable de ‘Drive’. «Los pulmones se me estaban llenando de sangre... Me dijeron que no iba a sobrevivir. Dos semanas después, me operaron». Durante la intervención, el cineasta tuvo una muerte médica de unos 25 minutos, «y gracias a Dios el cirujano era un Tom Cruise, porque pudo entrar en mi cuerpo con todas sus habilidades y arreglarme el corazón con las manos». Bromeaba, «me recompusieron con electricidad como a Frankenstein, soy el hombre biónico».
El incidente, sobre el que se ha extendido este martes en la rueda de prensa, supuso para él un reinicio: «Antes de morir, había llegado al final de mi carrera. No tenía nada más que hacer». La operación lo hizo percatarse de que podía empezar de nuevo: «¿Cuánta gente tiene una segunda oportunidad? Yo iba a aprovechar esa oportunidad». Tenemos suerte de que así sea, ‘Her Private Hell’ es la mejor película del cineasta a día de hoy.
Narrativamente minimalista, lenta y neblinosa, ‘Her Private Hell’ sigue las largas noches desocupadas de unas actrices que viven encerradas en la torre más alta de una metrópolis futurista. Con Sophie Thatcher (‘La asistenta’) al frente, el grupo va siendo diezmado por un asesino en serie, a la espera del rescate de un soldado apuesto al que da vida Charles Melton (‘Secretos de un escándalo’). Y aunque su estructura descansa sobre el slasher, estéticamente funciona por instalación artística neón de proporciones ominosas o por ópera glam, de emociones bien dictadas al compás. No por nada firma la untuosa banda sonora el colaborador habitual de Brian De Palma, Pino Donaggio (‘Blow Up’, ‘Vestida para matar’).
Sensual y desapegada, pero no molestamente alegórica, en ‘Her Private Hell’ se encuentran todas las virtudes conocidas –y se intuyen algunas de nuevas–.
Kiyoshi Kurosawa refina la teatralidad samurái
La imagen era portentosa. La sala Debussy ha reunido a Ryusuke Hamaguchi, a Koji Fukada y a Hirokazu Kore-eda para ver la última película del punta de lanza del terror japonés, quien también cuenta bajo su ala con alguna excelente obra de época, como ‘La mujer del espía’. ‘The Samurai and the Prisoner’, adaptación de la novela homónima de Honobu Yonezawa se yergue como la primera obra de género jidaigeki de Kurosawa, pero podría ser la culminación de la carrera de cualquier realizador menos ducho.
Durante la larga era de los estados en guerra, en el siglo XVI, acompañamos a Araki Murashige (Motoki Masahiro) mientras la estrategia para defender su castillo asesiado va viéndose comprometida por pequeñas traiciones entre sus filas. A cada estación y durante un año, se encadenan los misterios: ¿Quién robó un jarrón valioso, deformó a una cabeza decapitada por botín? ¿Quién mató al hijo del clan antagonista? ‘The Samurai and the Prisoner’ es por tanto antes película de detectives que de guerra; de hecho, la cámara se mantiene alejada de cualquier acto de guerra o violencia, como si –al igual que el magnánime señor feudal protagonista– la muerte ajena le pareciera un sacrificio gravísimo.
Aunque Kurosawa acaba empleando el juego de la deducción para mantener a su protagonista ocupado, y que barrunte un poco más sobre la mejor estrategia política (es decir, la que llevará menos sangre). Con una fotografía de negros vibrantes y sobre un vestuario de delicia, no cuesta ver el disfrute de quien ha dirigido todos sus recursos a la declamación gustosa, ante la cámara, de una genial obra de teatro. Huele a bodega vieja, como el buen sake.