Rami Malek divide con ‘The Man I Love’ de Ira Sachs
Una delicia emocionalmente devastadora, ‘The Man I Love’ compite en el Festival de Cannes. Además, dirigida por Andy García y con reparto wesandersoniano, ‘Diamond’ cerraba la jornada Fuera de Concurso.
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Quien fuera Freddy Mercury en ‘Bohemian Rapsody’ parece condenado –condenarnos– a la discordia. Sus interpretaciones se articulan siempre a través de la ligera autoconciencia, una precisión tan medida, tan de bailarín, que resulta complicado no ver el cuerpo del actor en estricto presente y, a la vez, paradójicamente por encima de la idea del personaje. Eso es maravilloso, por un lado, y tremendamente excepcional en un sistema que premia la transparencia.
Al mismo tiempo, y en una lectura actoral-autoral que ganará volumen con el tiempo, parece haber relegado al actor a un tipo de papeles amanerados y visiblemente calculados; tipos que siempre actúan y luego, por debajo, son. Incluso el villano de ‘Sin tiempo para morir’ estaba diseñado para descifrarse en la clave juguetona del cine de espías.
De esta guisa, ‘The Man I Love’ de Ira Sachs se le ofrece como un papel para deconstruir el mito, reconociendo y desmenuzando con cariño los escudos de la performance. En la película, interpreta a Jimmy George, un sosias de Franz Rogowski en ‘Passages’, un dramaturgo muy artista, más negligente y en última instancia, fragilísimo. El personaje de Malek inicia una relación caprichosa y desnivelada con un vecino nervioso y más joven (Luke Ford), resopón sexual evidentemente lejos del compromiso y la sensualidad para con su pareja estable, un Tom Sturridge (‘Sandman’) del todo entregado a humanizar su contención inherente.
Aunque los motivos de ciertas de sus fugas resultan perfectamente desglosables por contexto (es el Nueva York de los ochenta y la muerte reina), quien trate de sobreinterpretar a Jimmy se verá mal recompensado por los huecos de un hombre que es, en tanto que lo ven; es decir, y como las antiheroínas de Tennessee Williams, que es todas las máscaras que viste y los agujeros entre ellas. El gesto autorretratístico de Rami Malek resulta evidente, expiatorio. Tampoco Ira Sachs, que prioriza de nuevo el impacto emocional ante el dispositivo divertido de ‘El día de Peter Hujar’, ha dado nunca explicaciones por ocupar –y con excelencia– un cine de nicho muy concreto.
‘Diamond’, en cambio, es mainstream bien entendido
Días después de que John Travolta aireaba sus recuerdos infantiles en ‘Ven a volar conmigo’, otro actor afamado se ha protegido del sol bajo el sombrero de cineasta debutante, Andy García. En ella, plantea un caso doble para su detective privado protagonista, el susodicho Joe Diamond, de sombrero alicaído y gesto taciturno (el mejor tributo posible a Marlowe). Y si bien el rompecabezas a resolver no resulta particularmente locuaz u nuevo en ningún sentido, ofrece la excusa perfecta para pasear por Los Ángeles al son de jazz… Descubriendo, en un giro que nunca golpea con la intensidad deseada, que no son los años cuarenta y que las calles han cambiado cabinas de teléfono por repartidores autoempleados.
Naturalmente, sigue una historia cuyo as dramático discurre sobre la caducidad y el ridículo ligero de este hombre-tributo, aunque resulta complejo apelar a la distancia ante la presencia innegable de García, un actor que viste el aura todos los personajes que ha encarnado: el villano de ‘Ocean’s Eleven’, el hijo de Sonny en ‘El Padrino: Parte III’, el compañero impagable de ‘Los intocables de Eliot Ness’. Junto a él, un reparto estelar divirtiéndose en réplicas de sí mismos, con Bill Murray, Vicky Krieps, Dustin Hoffman, Brendan Fraser…
Rodada en apenas dos semanas y con un presupuesto mínimo, no hay nada que discutir a los marrones y el contraste visiblemente subidos en posproducción; la mortadela para cuando el dinero no alcanza. Y así la película se despliega como una fiesta cinéfila que no puede tomarse sino a la ligera, incluso cuando trata de convencernos de lo dramático de su premisa.