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Festival de Cannes: Una desesperada Rebecca Hall busca su final

La 79ª competición del Festival de Cannes cierra con ‘The Birthday Party’ de Léa Mysius y ‘The Dreamed Adventure’, la versión búlgara de ‘El Padrino’. La sátira sci-fi ‘The End of It’ ha dado star power al conjunto.

Paul Guilhaume, Bastien Bouillon, Jean-Louis Livi, Benoit Magimel, Lea Mysius, Hafsia Herzi, Monica Bellucci, Tawba El Gharchi, Tatia Tsuladze, Alane Delhaye y Paul Hamy llegan a la proyección de la película ‘The Birthday Party’. (Sameer AL-DOUMY | AFP)

Cuando el existencialismo más básico deje de ser frontera y norte de la ciencia-ficción especulativa, y empecemos a movilizar las premisas de la sci-fi por verdaderas muletas, entonces generaremos ideas e imágenes nuevas. De momento, futuros como el propuesto por Maria Martínez Bayona en ‘The End Of It’ quedan por refritos más o menos inspirados de películas que ya hemos visto: ‘La sustancia’, por el gore doméstico y el terror fluorescente y baboso de esta farsa sobre una artista de 250 años (Rebecca Hall) que decide morir, y luego duda; un argumento, por otra parte, ya explorado en el marido arrepentido de ‘Polvo serán’.

El Mediterráneo verdecino sobre el que se recorta la vida acomodaticia de esta suerte de vampira junto a su pareja estable (Gael García Bernal, otra vez una Deneuve para Bowie) nos retrotraerá directamente a los paisajes de la modernidad, porque por mucho que hablemos de ricos en futuro, imaginamos de maneras muy pobres los oasis de la riqueza. En la parte soleada del asunto, Rebecca Hall se compromete por completo con los sarpullidos excéntricos de su contesa inmortal, lubricando un poco la ironía tensa a la que apunta esta comedia negra. Y si nos aburrimos –algo más que posible–, podemos tratar de discernir por qué eligió Martínez Bayona a Beanie Feldstein (‘Superempollonas’) por robot impertérrito y por qué incluyó a David Verdaguer en el reparto, si mastica como puede el inglés.

Mejor no te invitan a ‘The Birthday Party’ de Léa Mysius

‘The Birthday Party’ también apunta a un humor oscurísimo, como si los niños de la Bretaña profunda de ‘El pequeño Quinquin’, realmente cortos de mollera, hubieran suplantado al par de psicópatas de ‘Funny Games’. De hecho, el propio Quinquin se halla entre los secuestradores de la tercera película de Léa Mysius tras ‘Los cinco diablos’, una home invasion a la que le gusta pensarse “diferente a las demás”: divertida cuando debería ser terrorífica, cerebral y formalista cuando la acción coge carrerilla.

Mysius apunta muy alto y juega con las cartas limitadas del suspense de cámara, pero cuenta también con los monstruos de Hafsia Herzi, Benoît Magimel y Monica Bellucci. El trío aguanta (y levanta) todo el peso de un guion que, cuando por fin arranca, sólo funciona sobre el papel. Mysius organiza una suerte de sinsentidos en los márgenes del chiste (¿y si durante el secuestro aparecen dos amigas, y deciden quedarse? ¿Y si hay una víctima con síndrome de Estocolmo?), pero nunca lo bastante chistosos en una película obligada a contenerse. Madre y suegra cautivas, si Herzi y Bellucci no pueden hacer mucho para acelerarnos el pulso ante cámara, quien despierte nuestra ligera curiosidad será Magimel, un showman que trata de subsanar su propia negligencia con un espectáculo sangriento.

‘The Dreamed Adventure’, una docuficción noir entre áreas de servicio

La etiqueta importa. La alemana Valeska Grisebach ha reinventa el lenguaje del thriller de mafias a través de la confianza plena en la realidad menos épica: las vidas pequeñas en la frontera de Bulgaria, un deslugar polvoriento que ni los soviets se interesaron por explotar y que, sin embargo, es asimismo uno de los mayores enclaves del mercado negro internacional.

La película de Grisebach arranca a contrapelo. El matón de baja estofa Said (Syuleyman Letifov, un vendedor de coches de rasgos marcados) planea dar el golpe, pero cuando le roban el coche de ve obligado a protagonizar su propia road movie de turismo accidentado. Junto a Veska (Yana Radeva), amiga arqueóloga con quien se cruza, van a recorrer este pequeño país donde la vida puede avanzar entre largas sobremesas al fresco, y donde abundan tanto las sillas de plástico como los tipos cuestionables. Ni tiene el impacto del thriller, ni la claridad de la no-ficción: ‘The Dreamed Aventure’ habla con nombres propios, en un terreno de nadie que apenas se parece a nada más. El jengibre para refrescar la paleta tras tanto cine de género resabiado.