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En el corazón de la final de la Copa escocesa

El sábado se enfrentaron el Celtic FC y el Dunfermline Athletic FC en la 152ª edición de la final de la Copa escocesa y NAIZ pudo presenciar la experiencia in situ.

Jugadores del Celtic levantan la Copa escocesa. (@CelticFC)

El Celtic FC y el Dunfermline Athletic FC se enfrentaban este sábado en la final de la Copa escocesa. A priori se preveía un partido desnivelado entre ambos conjuntos. Por experiencia en finales, los ‘Bhoys’ son el equipo más exitoso del país, con 42 victorias en 62 partidos, frente al balance 5-2 de los ‘Pars’. Con un presupuesto 50 veces menor, el conjunto de Fife tuvo que hacer un crowdfunding entre sus aficionados para poder afrontar la creación de un tifo, tanto para las semifinales como para la gran final.

Los niveles de euforia entre grada y equipo también llegaban de forma muy distinta: el Celtic ganando el último partido de liga y coronándose campeón con una remontada épica, y el Dunfermline cayendo en el partido de vuelta de la fase de ascenso a primera. Diferente mood pero un mismo objetivo, convertir la city en una fiesta para su afición. Sus estadios tampoco admiten comparación, las clásicas cuatro gradas que conforman el East Park End contrastan con el santuario conocido como ‘The Paradise’.

En definitiva, la masa social es la que marca la mayor diferencia. El Dunfer es el orgullo local –no es para menos–, mientras que los Celts son, probablemente, uno de los pocos conjuntos del mundo que representa a dos países –Escocia e Irlanda– y, de la misma forma, a muchos otros que nos encontramos a cientos de kilómetros de distancia de Parkhead. Esta diferencia también ha generado polémica de cara a la asignación de localidades para la final de copa del sábado porque cada persona socia del conjunto de la Championship podía retirar hasta 16 tickets, para un total de 20.000 asientos, frente a las 80.000 solicitudes que presentaron sus paisanos.

La poca información facilitada por la directiva del club de Glasgow sobre la organización del gran evento, repitiendo el patrón utilizado durante toda la temporada, no hizo más que acrecentar el enfado de la hinchada con la presidencia. Temas como la poca inversión en fichajes, la decadencia en competiciones europeas, las sanciones a la afición por el apoyo a Palestina y el sentimiento de desconexión entre grada y despacho, han dado lugar a campañas activas como el ‘Not Another Penny’ del Celtic Fans Collective, que llama a no gastar dinero en comestibles o merchandising del club. Perder este fin de semana podía terminar de desatar la ira de la hinchada, y como consecuencia deshacer el embudo o, por el contrario, ganar y estar condenados al continuismo justificado por el éxito. Así es el fútbol.

Volvamos a centrarnos en la magnitud del enfrentamiento entre ‘David y Goliat’. Si miramos a las poblaciones donde se asientan ambos equipos también se puede atisbar la desigualdad. Glasgow es una de las ciudades más pobladas de Europa, con 1,5 millones de habitantes aproximadamente, y Dunfermline, que recibió el status de ciudad en 2022, cuenta con 55.000 empadronados, la misma densidad que los barrios de Santutxu, Txurdinaga y Otxarkoaga juntos. El Barakaldo jugando una final de copa contra el Athletic. ¡Ojo! Ciudad pequeña, pero con mucha historia.

Dunfermline

Durante la Edad Media, Dunfermline fue capital de Escocia, además de un centro político y religioso importante. Es por ello que cuenta con las tumbas de varios reyes, entre ellos la de Robert The Bruce. Es famoso por comandar la lucha contra el dominio inglés, firmando el Tratado de Edimburgo-Northampton en 1328, en el que se reconoció la independencia de Escocia.

Otro de sus personajes más ilustres es Andrew Carnegie, empresario de la zona, que amasó una enorme fortuna gracias a la industria del acero, y que invirtió en la localidad financiando bibliotecas, universidades y proyectos educativos.

Ubicada a 25 km al noroeste de Edimburgo la urbe es, a día de hoy, un lugar residencial y moderno, que ha sabido preservar el pasado mirando al futuro. Referente en el mundo del senderismo, es el lugar perfecto para visitar el estuario del Forth y perderte entre acantilados y playas.

En cuanto al deporte, el Dunfermline Athletic Football Club se creó en 1885, dos años antes que el Celtic. Es símbolo de orgullo y de representación de la ciudad. Durante los años 50 y 70 ganó varias veces la Copa de Escocia y llegó a participar en competiciones europeas. Una de sus figuras más representativas fue su entrenador Jock Stein, posterior leyenda del Celtic FC. Actualmente el equipo está peleando por el ascenso a la primera división del país, bajo la batuta de otro legendario ex jugador y entrenador ‘Celt’, Neil Lennon, siempre apoyado fielmente por un núcleo de aficionados de la zona.

Una ikurriña en Hampden Park

El ambiente no podía ser mejor, dos conjuntos clásicos, sin rencillas pendientes, desayunando con cerveza como marca la tradición. La final se palpaba por todos los rincones del centro. Imagino que los del Rangers no salieron de casa ni para comprar el pan. Uno de esos aficionados ‘Blues’ fue quien me invitó a la primera pinta del día en Saracens Head, conocido local pro republicano. Cuidado con los prejuicios.

Una kalejira, organizada por la hinchada verdiblanca, empujaba a miles de aficionados entre tambores, canciones y humo, como un ejército vikingo dirigiéndose confiado hacia la batalla de Hampden Park. Todo el mundo detrás de la bandera Palestina, que marcaba la primera línea del frente.

Torrentes de cebada, besos y abrazos. Según se iba acercando la hora del kick off los cánticos se volvían gaélico escocés y el humo de los vapers, de sabores cítricos, se mezclaba con el sudor y el agradecimiento a semejante día soleado.

En el estadio olor a haggis, más cerveza y café con whisky. Camisas metidas en pantalones, kilts históricos y camisetas con más recorrido que Mick Jagger. Banderas de Irlanda, Palestina y… una ikurriña, portada con orgullo por el amigo Conor, vecino de Cork.

Hampden tiene una arquitectura curiosa, de aspecto vetusto, de hormigón y con un toque retro. Da cobijo a 52.000 espectadores en un solo anillo, quitando la grada sur que tiene dos, lo que permite una visión amplia de las aficiones. Saltan los equipos al césped, en pie, bienvenidos a uno de los templos del fútbol europeo.

Celtic FC 3-1 Dunfermline AFC

Sobre el verde, el conjunto blanquinegro lo intentó, pero, tal y como dijo su entrenador al finalizar el encuentro, el Celtic fue muy superior en todos los aspectos. El temprano gol a los 19 minutos de Maeda, que se despedía de su afición marcando su octavo gol en siete partidos (parece que pondrá rumbo a la Premier League), y el posterior tanto de Engels, minaron la ilusión de los Pars, que vieron como Iheanacho hacía el tercero en el 70 y sentenciaba el partido. El gol de Cooper 10 minutos más tarde, sirvió de honrilla, y motivo para levantar a la hinchada dunfermlinean, a pesar de la derrota.

La victoria de los de Glasgow, puso el colofón final, para la machada perfecta del adorado Martin O'Neill, que cogió las riendas de un equipo sin rumbo en enero, y lo ha llevado a conseguir el doblete.

El entrenador O'Neill con la Copa. (@CelticFC)

Tras el pitido final, el alzamiento de copa de McGregor, una más para el capitanísimo, el trofeo número 27 para James Forrest –jugador con más títulos en la historia del fútbol escocés–, y la enésima medalla para los ‘Hoops’, quizás demasiadas en este monopolio en el que se ha convertido la competición escocesa.

Pero qué más da, ganó el Celtic, el equipo de la buena gente catalogada como la mejor afición del mundo. Pero cuidado, también la más peligrosa en la barra de un bar, capaces de hablarte en euskera, de explicarte porqué el Papa es aficionado de los ‘Celt’ y el Buckfast no es un enjuague bucal que se usa para quitar el mal de ojo. Todo este conglomerado de experiencias hace que ser del Celtic merezca la pena, aunque la liga escocesa no sea la más vistosa, aunque hoy me duela la cabeza.