Vollering al asalto de un Giro con Finestre como juez
La neerlandesa regresa a la prueba italiana, la grande que falta en su palmarés. Longo Borghini y Van der Breggen parten como sus principales rivales. Naia Amondarain, única vasca con Laboral Kutxa. Se superaran los 2.000 metros por primera vez en tres lustros con el ascenso a Finestre.
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Acaba un Giro y empieza otro. La carrera femenina ha adelantado fechas este año y arrancará mañana en Cesenatico para acabar el próximo domingo siete de junio en Saluzzo. Serán nueve etapas, una más que en las dos ediciones anteriores, que incluyen una cronoescalada, una jornada dolomítica y el ascenso al Colle delle Finestre, que previsiblemente decidirá la carrera en la penúltima etapa. Demi Vollering intentará que lo haga a su favor, para ganar la prueba italiana por primera vez; y tratarán de que no lo consiga, entre otras, la vencedora de los dos últimos años Elisa Longo Borghini y la tetraganadora Anna Van der Breggen, que puede igualar el récord de triunfos de Fabiana Luperini. La representación vasca se reduce al uno de Laboral Kutxa que lucirá Naia Amondarain.
La de Ibarra encabeza un equipo que completan Alice Arzuffi, Yuliia Biriukova, Tiril Jorgensen, Marjolein Van Geloof, Sara Fiorin y Cristina Tonetti. Las tres últimas están llamadas a intentarlo en alguna de las etapas que previsiblemente acabarán al sprint y el resto irá midiendo hasta dónde puede llegar. Y en qué trinchera combatir, algo que probablemente se decidirá a partir de la cronoescalada del cuarto día de carrera. «Nos mostrará si mantenemos vivas opciones en la general o si nos volcamos en las escapadas para buscar una etapa», explica Ion Lazkano.
Antes de esa jornada, el Giro arrancará con tres etapas llanas. Como un folio la primera, que se disputa el sábado entre Cesenatico –la ciudad más al sur de todo el recorrdo– y Ravena y casi igual la segunda, entre Roncade y Caorle, que apenas registra un puerto de cuarta a mitad de trazado. En la del lunes, entre Bibione y Buja, el recorrido es más enrevesado en su segunda parte, aunque no hay puertos puntuables.
Será el martes 2 de junio cuando las favoritas intentarán marcar las primeras diferencias, en una cronoescalada de 12'7 kilómetros entre Belluno y Nevegal, la terraza de los Dolomitas en los que la carrera se meterá de lleno un día después. No son muchos kilómetros pero el terreno es complicado porque los primeros kilómetros discurrirán por las calles de Belluno, con estrecheces y tramos de adoquines, lo que requerirá mucha técnica y un buen manejo de la bicicleta, y los cuatro últimos tendrán una pendiente media del 10%, que en algún punto alcanza el 14%.
La jornada dolomítica como tal, aunque no la etapa reina, será la del miércoles, con los 146 kilómetros entre Longarone y Santo Stefano di Cadore, que incluyen las ascensiones al paso Tre Croci, Sant'Antonio y en el tramo final la doble subida a Costa, un puerto de fuerte pendiente aunque de apenas cuatro kilómetros.
Habrá un respiro para la gente de la general en las dos etapas posteriores, con llegada en Brescello y Salice Terme, que vendrá bien para afrontar la etapa reina del sábado seis de junio. Serán 105 kilómetros entre Rivoli y Sestriere, con el ascenso a Colle delle Finestre en medio. Solo una vez se habían superado los 2.000 metros en el Giro femenino; fue en 2010, cuando se ascendió el Stelvio. Ya andaban por allí unas jovencitas Van der Breggen y Lucinda Brand, que se dejaron una minutada; y dos equipos vascos, ahí es nada, Debabarrena Kirolgi y Durango Bizkaia. Tres lustros después vuelve a superarse esa barrera de los 2.000 metros para ascender un puerto que, en la carrera masculina, apenas se ha subido en cinco ocasiones desde que debutó en 2005. Suficientes para saber que es un «puertaco», con 18'5 kilómetros de ascensión, un sinfín de curvas de herradura, una pendiente casi constante superior al 9% y la mitad del recorrido sin asfaltar, a lo que hay que añadir un complicado descenso posterior.
Es difícil que el Giro no salga decidido de Sestriere. Pero las últimas ediciones se han decidido por pocos segundos y si esta vez las cosas marchan así, la última etapa dará la opción a movimientos. Será una jornada bastante exigente con salida y llegada en Saluzzo y el paso por Montoso –nueve kilómetros al 9'4%– y, algo más suaves pero más cerca de meta, Colleta di Paesano y Colleta di Brondello.
Nombres de categoría
Suficiente para neutralizar, por ejemplo, los apenas 18 segundos de ventaja con los que ganó el año pasado Elisa Longo Borghini o los 21 del anterior. Le dieron para ganar y solo por eso la veterana corredora italiana parte entre las grandes favoritas a acabar de rosa. Claro que en esas dos ediciones no tuvo que vérselas con Demi Vollering, ausente en la prueba desde 2021. Es la única grande que se le resiste a la neerlandesa, que en los últimos años había priorizado la Vuelta en su camino al Tour. Pero el año pasado se le escapó la ronda francesa y, bien por ese motivo, bien por la ambición de añadir el Giro a su palmarés, este año ha cambiado de ruta. Supondrá el regreso a la competición de Vollering desde que puso la guinda a su gran primavera ganando en Lieja.
La tercera en discordia será Anna Van der Breggen. 36 años tiene ya la neerlandesa –dos más que Longo Borghini, frente a los 29 de Vollering–, pero viene de ser segunda en la Vuelta y afronta la prueba con una motivación extraordinaria: si gana, igualará el récord de cinco triunfos de Fabiana Luperini.
Las tres estarán bien escoltadas por equipos completos en los que no faltan las corredoras que incluso podrían aspirar a algo más en caso de que sus líderes fallen. Valentina Cavallar escoltará a Van der Breggen, Pauliena Rooijakkers –cuarta el año pasado con el maillot de Fenix– a Longo Borghini, y Elise Chabbey y Lauren Dickson a Vollering.
Trabajo tendrán porque aunque esos tres nombres, aunque solo sea por palmarés, conformen el grupo de principales candidatas, el Giro parte con un buen número de corredoras con capacidad de competir, al menos, por meterse en el podio. Y eso que también hay ausencias. Sarah Gigante, tercera el año pasado, no se ha recuperado aún de la fractura de fémur que sufrió en verano; Lotte Kopecky se ha tomado un respiro; y Kasia Niewiadoma y Pauline Ferrand-Prevot han optado por disputar la vuelta. Pero Canyon llega con Antonia Niedermaier, que viene de ser sexta y quinta los dos últimos años y que mostró muy buenas piernas cuesta arriba en la Itzulia. Visma deposita su confianza en Marion Bunel, mejor joven en la Vuelta y tercera en el podio final. Y AG Soudal tendrá que confiar en el paso adelante de Urska Zigart, top ten el año pasado y en la Vuelta que acaba de terminar.
Del resto, es imposible que los ojos no se vayan a Lidl Trek. Puede que no tenga una corredora como para apostar por ella para el triunfo final en esta previa, pero sí varias cuya presencia en las primeras posiciones no sorprendería en absoluto, desde Niam Fisher Black hasta Isabella Holmgen, pasando por Elisa Balsamo, la jovencísima Shirin Van Anrooi y las veteranísimas Amanda Spratt y Lucinda Brand.
Una de las grandes incógnitas, si no la principal, pasa por Marlene Reuser. Y es que la líder de Movistar, segunda el año pasado, lleva prácticamente dos meses sin competir tras dañarse una vértebra en una caída durante el Tour de Flandes.