La ciudad de Nueva York enloquece con el inesperado anillo de los Knicks
Lágrimas, balbuceos, gritos, detenidos, apuñalamientos, tiroteos y fiesta. El primer anillo de los New York Knicks tras 53 años de sequía ha supuesto una locura colectiva a la altura de la espera y las decepciones. Nadie esperaba una dinastía ganadora en la Gran Manzana, pero ahí tienen su anillo.
Artikulu hau irakurtzeko
erregistratu doan edo harpidetu
Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi
Klikik gabe gelditu zara
Sucedió. Jalen Brunson, nadie sabe si olvidados o en el recuerdo sus 45 puntos en el quinto partido de las Finales de la NBA frente a los San Antonio Spurs, lloraba de la emoción. «¡Joder, tío! ¡No hay palabras para describir esto!», acertaba a balbucear a pie de pista del Frost Bank Center mientras que a 1.824 millas –casi 3.000 kilómetros– al noreste, en cualquier punto determinado o por determinar de Nueva York, se desataba la locura. Los New York Knicks acababan de romper con una sequía de 53 años y conquistaban su tercer anillo de la NBA, y lo lograban devolviéndole el 4-1 a su verdugo de sus anteriores Finales, aquellos Spurs de Duncan y Robinson que superaron a los de la Gran Manzana en las Finales de 1999.
Jalen Brunson lloraba como un niño, quizá como el niño que había encontrado la mejor forma de «matar el padre». El 31 de agosto de 1996 venía Jalen Brunson a este mundo y aún no tenía tres años cuando su padre, Rick, formaba parte de la plantilla de los Knicks que rozó el anillo por última vez para los neoyorquinos. Aunque el pequeño Jales nació en New Brunswick, New Jersey, creció a la sombra del Madison Square Garden, solo dos años después de que los Knicks se adelantasen 2-3 en las Finales ante los Houston Rockets, para caer por 4-3 ante Olajuwon y compañía.
Ser de los Knicks es ansiar a lo grande, ilusionarse a lo grande y llevarse las decepciones más dolorosas. Derrotados por los Bulls de Jordan primero. Derrotados por los Rockets de Olajuwon después. Derrotados por los Spurs de Duncan y Robinson en 1999. Se marchitaba la carrera de Pat Ewing y tocaba reconstruir, pasar por el desierto. Nombres propios como Latrel Sprewell, Amar'e Stoudemire, Carmelo Anthony, Andrea Bargnani, Danilo Gallinari, Kristaps Porzingis, Tracy McGrady... nombres resonantes como Jeremy Lin o hasta el mismísimo Pablo Prigioni... Nombres y más nombres. Y una bofetada tras otra.
«¡Historia! ¡Historia! ¡Historia! Nunca había vivido algo así», gritaba descosida una chica, Allison, vestida completamente con la indumentaria del equipo y que no había nacido cuando el equipo jugó su última final, en 1999. Quien ha vivido en la decepción y la melancolía, a veces cree que no existe nada más.
James Dolan ha escuchado prácticamente de todo desde que tomó las riendas de la franquicia en 1999. Ha sido acusado de incompetencia, venganzas personales y egocentrismo durante más de un cuarto de siglo. «El propietario más tonto del deporte profesional», «un desastre en la gestión», «el Einstein de la incompetencia»... Hasta Phil Jackson regresaba a una franquicia en la que triunfó como jugador –formó parte de las plantillas campeonas de 1970 y 1973, aunque apenas jugó en el primer anillo por culpa de una lesión y siempre fue suplente– y salió escaldado en medio de una travesía por el desierto de 20 años.
Entre 2001 y 2021, los Knicks solo jugaron los play-offs en cinco ocasiones y, en total, solo superaron una ronda: cayendo en Semifinales del Este en la campaña 2012/13 ante los Indiana Pacers de Paul George. Entrenadores como Mike D'Antoni, Derek Fisher, Herb Williams, Lenny Wilkens, Don Chaney, el indigesto Jeff Van Gundy, nombres con amplias resonancias como Jeff Hornacek, Isiah Thomas, Kurt Rambis o Mike Miller naufragaron uno tras otro y no fue sino la llegada de Tom Thibodeau que el rumbo de los Knicks empezó a tener algo de sentido.
El arte de la remontada
Desde 2023, los Knicks han llegado al menos a Semifinales del Este y en 2025 volvieron a unas Finales de Conferencia por primera vez desde el año 2000. Igual que entonces, en 2025 fue los Pacers quienes le cerraron la puerta a los Knicks, dando así por finalizada la etapa de Thibodeau en el banquillo, llegando Mike Brown, actual seleccionador de Nigeria y como vulgarmente se dice, alguien con el «culo pelado» de haber peleado en franquicias donde es difícil hacer tu trabajo, como eran los Lakers entre 2011 y 2012, con la decadencia de los Kobe Bryant, Pau Gasol y compañía, los Cleveland Cavaliers con quienes llegó a las Finales de 2007 –topándose con los Spurs–, y alcanzando la gloria como ayudante de Steve Kerr en los Warriors en los que estuvo entre 2016 y 2022.
Con Mike Brown los Knicks han aguantado el tirón de Thibodeau en cuanto a seriedad en la defensa y buscar el juego coral por encima de las individualidades, siendo el propio Jalen Brunson carne de traspaso, toda vez que el fulgor de Luka Doncic en los Mavericks le tapaba el camino al flamante MVP de estas Finales. Karl-Anthony Towns, OG Anunoby y otros nombres de la principal rotación de los Knicks, sin los cuales es imposible entender este anillo, llegaban a la Gran Manzana de manera opuesta a la que han llegado en otras ocasiones nombres propios que se han metido el batacazo cuando se han vestido de azul y naranja.
James Dolan acertó al ceder las riendas a un nuevo fichaje, el exagente Leon Rose, quien fue nombrado presidente en 2020.
El que fue agente de LeBron James, Allen Iverson y Carmelo Anthony reconstruyó por completo el equipo, descubriendo perfiles específicos y jugadores a menudo infravalorados, como Jalen Brunson y OG Anunoby, y de su mano, en el contexto en el que los Knicks han ido de tapados hasta presentarse en las Finales. Perdían por 1-2 en la primera ronda ante los Atlanta Hawks, y de pronto aquello encajó por completo: 4-2 ante Atlanta. 4-0 ante unos Sixers que recién habían eliminado a Boston; 4-0 ante los Cavaliers, remontando 22 puntos de desventaja en uno de los partidos.
Detenidos en la celebración
Los Spurs venían de derrotar por 3-4 a los Oklahoma City Thunder en las Finales del Oeste. Con Victor Wembanyama como estrella y un plantel joven llamado a arrasar con todo, los Knicks partían como víctima propiciatoria. Y Brunson lideró la victoria neoyorquina por 95-105. Y 0-2 ganando nuevamente en San Antonio por 104-105. Y pese a la derrota en el tercer duelo, el primero del Madison Square Garden, llega la remontada en el cuarto: 29 puntos de diferencia enjugados y resueltos con un palmeo de OG Anunoby que quedará para la historia.
Ya entonces Nueva York estaba ardiendo, al punto que hubo 56 detenidos en distintos disturbios en los diversos barrios de la ciudad. No había forma de controlar a unos neoyorquinos que, al no poder pagar las prohibitivas entradas del Madison, optaban por los ‘watch parties’ donde se siguió el partido entre cánticos, banderas y música a todo trapo.
Si el cuarto partido hizo que Nueva York vibrase, el quinto fue el acabose . «¡Joder, tío! ¡No hay palabras para describir esto!», recordaba Jalen Brunson, pudiendo abrazar a Rick, su padre, uno de los ayudantes de Mike Brown, después de liderar la enésima remontada de los Knicks, 16 puntos en este caso, para ganar por 90-94, con 45 puntos en su haber.
Tal fue el jolgorio y el entusiasmo, un total de 63 personas fueron detenidas este domingo en Nueva York durante las celebraciones por la victoria de los Knicks en la NBA, incluyendo un chaval de 17 años herido en un tiroteo y cuatro apuñalamientos, amén de pillar a gente trepando a postes de luz, semáforos, estructuras y andamios, protagonismo de «grandes peleas físicas», mientras calles y avenidas eran «tomadas por multitudes que se negaban a dispersarse» y que bloquearon el tráfico durante varias horas.
Y es que los Knicks no han venido aquí a formar una dinastía ganadora. El Oeste acecha con los Thunder, San Antonio, Minnesota, Denver y demás; en el Este Indiana recuperará a Haliburton, los Celtics han recuperado a Tatum y suspiran por Giannis Antetokounmpo, y equipos como Detroit o Cleveland avisan que no están en los play-offs para hacer de comparsas. En la NBA nadie repite título desde el doblete de los Warriors de 2017 y 2018, y aunque se están presentando más oportunidades que nunca para casi todos, hay que cazarlas al vuelo. Nueva York cazó la suya y ahora toca vivir el momento. Y como dice Albert Pla, «si mañana amanecemos / ya veremos lo que haremos».