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Fútbol, cuestión de estado en Arabia Saudí

En 1994, la selección de Arabia Saudí llegó a octavos en su debut en un Mundial. Jamás, pese al dispendio económico de la satrapía y con la aquiescencia de la FIFA, ha igualado ese hito. Ahora se la juega ante Cabo Verde para volver a las eliminatorias directas mientras prepara «su» Mundial de 2034.

Arabia Saudí comenzaba el Mundial de 2026 empatando con Uruguay e intrigando en los despachos. (Patricia DE MELO MOREIRA | AFP PHOTO)

Cuando la selección de Arabia Saudí logró su primera clasificación para un Mundial en 1994 la federación se encontró con un problema inesperado, apenas quedaban unos meses para debutar frente a los Países Bajos en Washington y no tenían seleccionador. El rey Fahd consultó con el presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem. Ante la imposibilidad de contar con Bilardo, Menem recomendó al ‘Indio’ Solari, que había hecho a Independiente campeón de Argentina. Solari aceptó el cargo y dirigió al equipo saudí durante el Mundial de Estados Unidos.

Tras la derrota frente a los Países Bajos, el hijo del rey Fahd le dictó al seleccionador la alineación para el decisivo partido frente a Marruecos. Solari se negó a seguir las órdenes del príncipe y a punto estuvo de perder el cargo en ese momento. Arabia Saudí salió finalmente con los jugadores elegidos por su seleccionador y ganaron el partido frente a Marruecos. Cuatro días más tarde, un gol “maradoniano” de Owairan les dio la victoria frente a Bélgica y el pase a los octavos de final en su primera participación en un Mundial.

Arabia Saudí sería finalmente eliminada por Suecia y Solari abandonó el cargo habiendo convertido a su equipo en el primer país asiático en superar la fase de grupos de un Mundial desde que lo hiciera Corea del Norte en 1966. Sigue siendo la mejor actuación de Arabia Saudí en un Mundial.

Fútbol estatal

No sorprende el control ejercido entonces por la casa real saudí sobre la selección de fútbol. Al fin y al cabo, se trata de una monarquía absoluta en la que la familia Saud ejerce el control sobre las principales instituciones del Estado y el fútbol hace tiempo que es uno de los deportes más seguidos en el país. De hecho, tras el Mundial de 1994, la selección se clasificó para las tres ediciones siguientes, sin lograr una sola victoria más.

En el fútbol saudí todo empezó a cambiar tras la publicación en 2016 del plan estatal Saudi Vision 2030, impulsado por Mohammed bin Salman, hijo del actual monarca saudí y sobrino del rey Fahd. Bin Salman había sido nombrado ministro de defensa por su padre un año antes y en 2017 se convertiría en príncipe heredero, tras la destitución de su primo, Mohammed bin Naif.

El plan Saudi Vision 2030 no es muy diferente de los publicados por otras monarquías árabes en años anteriores. En todos los casos, el objetivo es diversificar los ingresos del país y reducir la dependencia económica del petróleo e igual que en el caso de sus vecinos, el fútbol se convierte en un motor fundamental para aumentar los ingresos y mejorar la imagen global del país. Todo siguiendo una estrategia planificada desde el Estado que entra en conflicto con los estatutos de la FIFA, que obligan a las federaciones a funcionar “de forma independiente” y sin “ninguna injerencia por parte de terceros”.

A través del fondo soberano PIF, el gobierno saudí invirtió en la compra de cuatro clubes del país, además del Newcastle United de la Premier League inglesa. Estas operaciones despertaron dudas, pero, tanto la FIFA como la Premier dieron su autorización después de que el gobierno saudí les diera “garantías legales” de que no controlarían los clubes. No importó que, en ese momento, de los nueve miembros del consejo de administración del PIF, siete fueran ministros del gobierno saudí ni que el presidente del consejo del PIF sea el príncipe heredero Mohammed bin Salman, mientras que la supervisión recae en el jefe del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo que, casualmente, también es Bin Salman.

Lavado de cara

En 2023, las futbolistas Alex Morgan y Megan Rapinoe hicieron público su rechazo a un posible acuerdo de patrocinio del Mundial femenino por parte de la agencia estatal de turismo Visit Saudi, que finalmente no se llegó a cerrar. Unos meses más tarde sí se cerró el acuerdo que convertía a la petrolera saudí Aramco, “uno de los mayores productores del mundo de combustibles fósiles” en palabras de Amnistía Internacional, en uno de los principales patrocinadores de la FIFA. En este caso, más de 100 mujeres futbolistas firmaron una carta dirigida a Gianni Infantino rechazando el acuerdo, que convertía a Aramco en patrocinador del Mundial femenino.

En diciembre de ese mismo año, el propio Infantino anunciaba la concesión del Mundial 2034 a Arabia Saudí por aclamación. Unos días antes se había hecho público el acuerdo entre la plataforma de streaming DAZN y la FIFA, que permitió financiar el Mundial de Clubes, tras lo que el fondo PIF anunció la compra del 10% de DAZN.

Mientras tanto, la selección saudí sigue su evolución con miras al Mundial 2034. Ya en la pasada edición, disputada en Qatar, dieron una gran sorpresa al vencer a Argentina, aunque terminaron perdiendo con Polonia y México y no lograron superar la fase de grupos. En esta edición, empataron frente a Uruguay y cayeron derrotados por 4-0 frente a la selección española, después de una gran actuación de Mikel Oyarzabal. Frente a Cabo Verde buscarán repetir el éxito de 1994 y pasar la fase de grupos. Entonces, el ‘Indio’ Solari debió resistir los caprichos de la familia real y a día de hoy, la injerencia estatal ha convertido el fútbol en un sector económico estratégico del país, mientras la FIFA da por buenas las “garantías legales” de su independencia.