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Inglaterra busca su segundo Mundial de la mano de Thomas Tuchel

La federación inglesa confió en 2024 en el técnico alemán Thomas Tuchel para llevar a su selección a un segundo título mundial. Cuenta con una gran plantilla, pero sabe que, en caso de derrota, habrá polémica.

Thomas Tuchel saluda a sus jugadores ingleses, en este caso al capitán Harry Kane, tras ganar a Croacia. (ARIC BECKER | AFP)

Una selección de fútbol tiene un alto componente de identidad nacional. Entre otras cosas, porque, si Paul Auster estaba en lo cierto, «el fútbol es un milagro que permitió a Europa odiarse sin llegar a destruirse». Es por eso que la FIFA dificulta tanto el reconocimiento de una selección nacional que no esté respaldada por un Estado y es por eso también que se hacen interpretaciones políticas de la composición de una plantilla o de la procedencia de un técnico. En este Mundial son 28 los seleccionadores extranjeros. Algunos en selecciones con poca historia en el fútbol, como la de Qatar, dirigida por el asteasuarra Julen Lopetegui, y otros al frente de selecciones con mucho peso en los Mundiales, como es el caso de Carlo Ancelotti, Marcelo Bielsa o Thomas Tuchel.

La llegada del técnico alemán a la selección inglesa en 2024 no estuvo exenta de polémica. El CEO de la federación, Mark Bullingham, explicó que se había elegido al «mejor candidato posible», sin tener en cuenta su nacionalidad y que «Thomas nos da las mayores opciones de ganar la próxima Copa del Mundo masculina», pero a nadie se le escapaba el detalle de que se trataba de un técnico alemán.

En Inglaterra les gusta presumir de ser los inventores del fútbol, a pesar de que no hicieron más que poner por escrito unas normas para un deporte con muchas similitudes con otros que se practicaban en diferentes países y se habían practicado en otras civilizaciones. Y aunque el orgullo nacional que les llevó a no participar en las tres primeras ediciones de los Mundiales se ha ido diluyendo a fuerza de acumular decepciones y se cumplen 60 años de su único título mundial, no contar con un seleccionador inglés sigue generando recelo en el país y la llegada de Tuchel no fue una excepción.

El precedente de Sven Goran Eriksson en 2001 y de Fabio Capello en 2008 ayudaba a allanar el camino, aunque el hecho de que ninguno lograra mejorar las actuaciones de sus antecesores tampoco contribuyó a mejorar la opinión sobre los técnicos extranjeros. Eriksson contó con una de las mejores generaciones de jugadores ingleses, pero no logró sacar el rendimiento esperado de los Ferdinand, Terry, Gerrard, Lampard, Beckham y compañía, y cayó por penaltis ante Portugal. Capello también contó con esa generación, además de los Rooney, Ashley Cole, Milner o Joe Cole, pero cayó igualmente, esta vez en octavos de final y frente a Alemania. Y es que, ya lo dijo el delantero inglés Gary Lineker, «el fútbol es deporte en el que 22 futbolistas persiguen un balón durante 90 minutos y siempre gana Alemania».

La selección teutona no es solo el país contra el que los ingleses se enfrentaron en dos guerras mundiales, también es un rival presente en muchos de los momentos más importantes del fútbol inglés. Frente a ellos ganaron el título mundial en 1966 y frente a ellos perdieron también las semifinales en Italia 90, el día que las lágrimas de Gascoigne despertaron el cariño de todo el país. Durante años, los tabloides ingleses utilizaron un lenguaje con tintes bélicos cuando a su selección le tocaba enfrentar a la alemana. De cara a las semifinales de la Euro 96, el titular 'Achtung! Surrender' (¡Atencion! Ríndanse) del diario 'The Sun', acompañado de la imagen de Gascoigne y Stuart Pearce con cascos del ejército británico de la Segunda Guerra Mundial, generó tal polémica, que el director tuvo que pedir disculpas días después.

El sueño del Mundial

La federación era consciente del significado que tiene Alemania para los ingleses; era consciente de que la contratación de Tuchel generaría controversia en el país, pero también confiaba en que llegaría un técnico libre de los fantasmas que arrastra el fútbol inglés. Los ocho años de Southgate como seleccionador, con dos finales de la Euro y unas semifinales del Mundial, habían ayudado a diluir parte del trauma con los penaltis, aunque la derrota en la final de 2020 frente a Italia y en el pasado Mundial frente a Francia no permitieron que se olvidara completamente.

El propio Tuchel trató de rebajar la tensión declarando su amor por el país, por su humor y su forma de vida. Sabe que la Champions League que logró al frente del Chelsea es su mejor carta de presentación ante los aficionados y sabe también que Inglaterra cuenta de nuevo con una gran generación de futbolistas. Se ganó el título oficioso de favorito para ganar el Mundial con una fase de clasificación impoluta, con ocho victorias en ocho partidos y sin haber recibido goles en contra. Sin embargo, abrió un importante debate cuando dejó fuera de la convocatoria para el Mundial a nombres como Cole Palmer, Phil Foden, Morgan Gibbs-White o Trent Alexander-Arnold.

Tuchel demostró que está dispuesto a ir hasta el final con su idea de juego para la selección inglesa y el primer partido del Mundial pareció darle la razón. Ganaron con brillantez a Croacia, se destacó el juego vertical de sus futbolistas y se reforzó su posición entre las selecciones favoritas para ganar el Mundial. En el segundo, empataron sin goles frente a Ghana y volvió la polémica por los jugadores que no entraron en la lista. Tuchel sabe que será así a lo largo de todo el torneo, igual que la federación sabía que la contratación de un técnico alemán traería cola. Al fin y al cabo, dirige a la selección de la liga más importante del mundo y 60 años sin títulos pesan mucho.