Andy Burnham, el camaleónico ‘rey del norte’ a las puertas de Downing Street
El ‘rey del norte’ está a un paso de Downing Street. El laborismo se aferra al carisma de este viejo conocido de Westminster para frenar su caída, aunque su ambigüedad sobre Gaza y sus primeros fichajes ya despiertan recelos.
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«Hay tres cosas importantes en mi vida, además de la familia: el Everton FC, el Partido Laborista y la Iglesia Católica, en ese orden». Así resume Andy Burnham su jerarquía de lealtades. Respecto a sus ideas políticas, en cambio, hay más dudas. Camaleónico y difícil de etiquetar, el ex alcalde del Gran Manchester se ha convertido sin hacer demasiado ruido en el político laborista más popular del país. Un respaldo que le ha llevado a ser por ahora el único nombre en liza en la carrera por ser el próximo primer ministro británico tras el fracaso anunciado de Keir Starmer.
Nacido hace 56 años en Aintree, un suburbio de Liverpool, Burnham es hijo de un ingeniero de telecomunicaciones y una recepcionista. Creció en el pueblo Culcheth, en una familia católica de raíces irlandesas que se remontan a la diáspora que llegó a los muelles del Mersey a finales del siglo XIX. En ‘Head North’, libro que escribió junto al alcalde de Liverpool Steve Rotheram, reivindica un norte de Inglaterra olvidado por la City de Londres.
Es hijo del noroeste obrero que pagó cara la llegada de Margaret Thatcher al poder en 1979. UB40 y The Smiths sonaban de fondo en su adolescencia mientras el neoliberalismo se abría paso a golpe de cierre patronal. ‘Boys from the Blackstuff’, la serie de Alan Bleasdale sobre el paro en Merseyside, fue para su generación algo más que ficción.
Burnham tenía quince años cuando estalló la huelga de los mineros de 1984, que, según cuenta, lo empujó a afiliarse al Labour. «Al crecer en barrios así pude ver lo que hizo Thatcher», recordaba durante la campaña de Makerfield, las parciales en las que se impuso a Reform para hacerse con el escaño de diputado, requisito para aspirar a primer ministro.
Aparato y partido
Conocido por su apuesta por descentralizar el poder económico, Burnham no es el outsider de Westminster que ha querido aparentar tras sus gafas de pasta y su camisa negra.
Estudió Filología Inglesa en Cambridge, pero pronto se decantó por la carrera política. Diputado desde los 31, acabaría ocupando cargos con Tony Blair para aterrizar después en el Gabinete de Gordon Brown como secretario del Tesoro y ministro de Sanidad.
La tragedia de Hillsborough, donde en 1989 murieron aplastados 96 hinchas del Liverpool, marcó su carrera. En 2009 impulsó la reapertura del caso, que acabó destapando el encubrimiento policial. No le faltan, sin embargo, episodios oscuros, como su voto a favor de la invasión de Irak en 2003. «Agonicé con aquella decisión, no todo es blanco o negro», se justificaría después.
En 2010 perdió las primarias laboristas como blairista declarado. En 2015 cayó de nuevo, esta vez desde la izquierda moderada, frente a Jeremy Corbyn. Quienes lo tratan de cerca lo siguen ubicando en la «soft left», un paso a la izquierda de Starmer pero a años luz de Corbyn. El resto se queda con el chiste que circula desde hace tiempo entre las filas laboristas. «Un blairista, un brownista y un corbynista entran en un bar. El camarero pregunta: ¿qué vas a tomar, Andy?».
‘Manchesterismo’
Lejos de Westminster labró su capital político. Como alcalde del Gran Manchester desde 2017 remunicipalizó el transporte con la Bee Network, una de sus medidas estrella. Su pulso con Boris Johnson durante la pandemia, reclamando más fondos para su condado, le valió el apodo de «rey del norte». Unionista declarado, Burnhman llegó sin embargo a plantear cambiar la Cámara de los Lores por un Senado que dé voz a los territorios.
Con un enfoque cercano hacia los vecinos, ha bautizado su modelo como ‘Manchesterismo’, un «socialismo amigable con las empresas» que aspira a arrebatar a Londres parte del poder económico, revertir privatizaciones y devolver agua y energía al control público.
Llegó a decir que el país no podía seguir «a merced de los mercados de bonos», pero pronto se retractó para calmar a los inversores y ahora jura respetar las reglas fiscales. También en migración ha apretado el discurso, con un ojo puesto en el avance de Reform.
Friends of Israel
La cuestión palestina vuelve a mostrar su ambigüedad. Miembro desde 2015 de Labour Friends of Israel, tachó en su día el boicot de «rencoroso», aunque en octubre de 2023 plantó cara a Starmer reclamando un alto el fuego en Gaza. Eso sí, evita pronunciar la palabra genocidio. Sus primeros movimientos tampoco apuntan a una ruptura con la era Starmer. Para jefe de gabinete suena James Purnell, exministro blairista y expresidente de Labour Friends of Israel.
A falta de un rival que le dispute el liderazgo, Burnham podría ser proclamado líder laborista el 17 de julio y primer ministro pocos días después. Será el séptimo desde el Brexit, contra el que hizo campaña, y hereda un país estancado y un partido en tercera posicióin en intención de voto, con Reform y los Verdes acechando por flancos opuestos. El rey del norte se ciñe por fin la corona, pero no son pocos los que le auguran un reinado largo.