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Barcelona y el legado del Tour

Barcelona ha acogido este año el Grand Départ del Tour, un evento que ha atraido a miles de personas en una ciudad que ya de por sí carga con una serie de importantes problemas relacionados con la saturación turística y la emergencia habitacional. 

Ambiente en Barcelona durante el arranque del Tour. (Laia SOLANELLAS | EUROPA PRESS)

Cuando había pasado una hora y media desde el final de la segunda etapa del Tour, la montaña de Montjuic presentaba un ambiente lleno de contrastes. Los operarios seguían la tarea de recoger el montaje de la carrera, mientras los últimos ciclistas abandonaban la zona, en medio de un espacio que poco antes había rugido de excitación y ahora se preparaba para volver a la normalidad de una montaña acostumbrada a estar apartada del bullicio de la ciudad. 

Vingegaard era recogido por un coche de su equipo una vez terminada su rueda de prensa y Alaphilippe se marchaba tras haber atendido a una cadena de televisión, con el ruido de fondo de los aficionados mexicanos, todavía eufóricos con la victoria de Isaac del Toro.

El Grand Départ de Barcelona finalizó al día siguiente con una etapa con inicio en Granollers y que seguiría en dirección norte, para terminar, una vez dejado Catalunya, en Les Angles. Han sido tres días en los que la ciudad ha estado tomada por la ronda francesa, y la gente la ha seguido con entusiasmo. 

La subida hacia el estadio Olímpico desde plaza España se ha llenado de aficionados los dos días, a pesar incluso del gran calor que soportaba la ciudad y que parecía acumularse sobre el asfalto. Colombianos y mexicanos eran los que se hacían más presentes, con banderas, camisetas de su selección de fútbol y muchos cánticos. Al final, el Tour prepara un espectáculo con el que espera atraer a multitudes y en el que se oye hablar mucho francés, mucho castellano, pero también inglés, italiano, flamenco o catalán.

Los actos del Grand Départ se iniciaron el día 2 con la presentación de los equipos, en un recorrido desde el Recinto Modernista de Sant Pau, atravesando la avenida de Gaudí, para terminar frente a la Sagrada Familia. El Tour también sabe qué mueve a un ayuntamiento a afrontar el gasto que supone organizar la salida de la carrera ciclista más importante del mundo, y cuida cada uno de los actos para que pueda llegar la mejor imagen de la ciudad a los millones de aficionados que siguen la carrera por televisión.

Desde los Juegos de 1992

Una ciudad acostumbrada a los eventos multitudinarios, que acogió recientemente la visita del Papa y hace dos años la Copa América de vela, estaba preparada para recibir al Tour. «Sin duda es el acontecimiento deportivo más importante que hemos vivido en Barcelona desde los Juegos Olímpicos del 1992», declaraba ayer el alcalde, Jaume Collboni. 

Más allá de la euforia del regidor catalán, es difícil medir la trascendencia de un evento como el Tour. Las carreteras han estado repletas de aficionados y una multitud subió a Montjuic para ver el final, tanto de la contrarreloj por equipos, como de la victoria de Isaac del Toro.

«La imagen de la ciudad sale muy reforzada. Casi todo lo que ha pasado ha sido positivo y creo que, a partir de ahí, puede servir de anclaje para tirar diferentes iniciativas adelante», comenta el periodista catalán Isaac Vilalta en conversación con NAIZ. Vilalta se refiere a temas como la movilidad sostenible, las ayudas a las escuelas de ciclismo o la obra para cubrir el velódromo Miquel Poblet de Horta.

9,6 millones de euros es la cantidad que ha tenido que pagar el Ayuntamiento de Barcelona a Amaury Sport Organisation (ASO), empresa organizadora del Tour. Desde el ayuntamiento, el concejal de deportes, David Escudé, destacaba que el Tour es una prueba que exige «menos inversión» y genera «más ingresos», pero a la tarifa de ASO hay que sumarle el incremento del gasto público en transporte o seguridad. 

Al mismo tiempo, los precios de los hoteles se han incrementado aproximadamente en un 25% con motivo del Grand Départ, y se esperaba una ocupación completa para recibir a las más de 500.000 personas previstas para el sábado. Hablamos de una ciudad con un alto nivel de saturación turística. Por su parte, Tarragona vivió las protestas del Sindicato de Inquilinos con motivo de la salida de la segunda etapa.

¿Quién se beneficia?

Siguiendo las auditorias hechas tras el Grand Départ de 2023 en Euskal Herria, la Generalitat de Catalunya esperaba para este año un impacto económico superior a los 100 millones de euros. De ser así, el éxito económico del paso del Tour por Barcelona sería importante, aunque convendría estudiar también quién se beneficia de la alta inversión pública en una ciudad que ya presenta problemas derivados de la alta concentración turística o del alto precio de la vivienda.

El Tour es una fiesta que despierta un interés evidente entre la población y los ciclistas aportaron su granito de arena dejando un gran espectáculo en los dos finales de etapa de Barcelona. «El impacto a nivel emocional será muy resaltable. ¿Se va a recordar durante mucho tiempo? No lo sé. Eso es muy subjetivo», declaraba Vilalta. 

Igual que ocurre con los Juegos Olímpicos o el Mundial de fútbol, los proyectos suelen partir de una iniciativa pública y no se suele consultar a la población sobre la idoneidad de la inversión. La sensación del paso del paso del Tour por Barcelona ha sido de éxito, pero todo este legado queda en entredicho si se limita al retorno económico de la inversión pública y no se aprovecha para mejorar la calidad de vida de la ciudad.