Rusia avaló un programa secreto de formación militar en China
Una investigación revela que militares rusos recibieron formación especializada en academias del Ejército chino con autorización del Kremlin. Pekín sigue presentándose como un actor neutral en la guerra de Ucrania. Se refuerzan las dudas sobre el alcance real de la cooperación entre Moscú y Pekín.
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Durante más de tres años de guerra en Ucrania, Pekín ha insistido en presentarse como un actor neutral, partidario del diálogo y alejado de cualquier implicación militar directa en el conflicto.
Sin embargo, una investigación basada en documentos internos del Ejército ruso y en testimonios de fuentes europeas sostiene que militares rusos recibieron formación especializada en instalaciones del Ejército Popular de Liberación chino (PLA) con la autorización expresa del Ministerio de Defensa de Moscú y del Kremlin.
Si las informaciones se llegan a confirmar, las revelaciones apuntan a un nivel de cooperación militar entre ambos países muy superior al admitido públicamente y vuelven a cuestionar el papel que China desempeña en este conflicto bélico de más de cuatro años.
La documentación obtenida por Reuters indica que el entonces ministro de Defensa ruso, Andrei Belousov, autorizó en 2025 el desplazamiento de delegaciones militares a academias del Ejército chino.
Entre los programas figuraban cursos sobre protección radiológica, química y biológica, reconocimiento de contaminación y defensa de infraestructuras militares frente a amenazas no convencionales.
Según la investigación, en estas actividades participaron altos mandos de ambos ejércitos, un nivel de representación que, para diversas fuentes europeas, refleja el carácter estratégico de esta cooperación.
La colaboración militar entre Moscú y Pekín no es nueva, pero ambos gobiernos habían evitado reconocer iniciativas de este tipo vinculadas al conflicto ucraniano.
Mientras China insiste en que no suministra armamento letal y se ha postulado como mediador para conseguir una salida negociada, la formación de oficiales rusos en centros militares chinos introduce un elemento difícil de encajar con esa imagen de neutralidad, al evidenciar una cooperación directa entre las fuerzas armadas de ambos países en ámbitos especialmente sensibles.
Cursos sobre protección radiológica, química y biológica
Los documentos describen cursos impartidos en academias militares de Pekín y Nanjing sobre protección radiológica, química y biológica, reconocimiento de contaminación y respuesta ante incidentes con materiales peligrosos. Los informes incluyen imágenes de militares rusos asistiendo a clases, utilizando simuladores y participando en ejercicios dirigidos por instructores chinos.
Aunque valoran el elevado nivel tecnológico del PLA, también señalan como una de sus principales limitaciones la falta de experiencia reciente en combate.
La revelación ha reforzado la inquietud de la Unión Europea sobre el verdadero alcance de la cooperación entre Moscú y Pekín. La alta representante para la Política Exterior, Kaja Kallas, aseguró que Bruselas ha confirmado por sus propios canales la existencia de estos programas y estudia ahora sus implicaciones.
Para varios responsables europeos, el episodio refuerza la idea de que China ya no puede analizarse únicamente como un socio económico, sino también como un actor cada vez más relevante en el respaldo estratégico a Rusia.
La documentación también refleja la creciente complementariedad entre ambos ejércitos. Rusia aporta la experiencia adquirida tras más de cuatro años de guerra en Ucrania, mientras China ofrece capacidades tecnológicas y de formación desarrolladas durante su proceso de modernización militar.
Ese intercambio permite a Moscú acceder a conocimientos especializados y a Pekín extraer lecciones del mayor conflicto convencional registrado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Esta evolución ayuda a explicar el cambio de percepción que comienza a consolidarse en varias capitales europeas. Si antes China era considerada principalmente un socio comercial con diferencias estratégicas, la guerra de Ucrania ha ampliado ese enfoque.
Bruselas ya ha sancionado a empresas chinas acusadas de suministrar componentes de doble uso a Rusia y estudia ahora hasta qué punto el apoyo político, económico y tecnológico de Pekín contribuye a sostener el esfuerzo militar ruso sin participar directamente en el conflicto.
Pekín niega las acusaciones y mantiene que su posición sobre la guerra no ha variado. Sin embargo, la implicación de altos mandos militares y la autorización directa del Ministerio de Defensa ruso descritas en los documentos cuestionan la imagen de neutralidad que China sigue defendiendo en los foros internacionales.
Más que un episodio aislado, las revelaciones alimentan el debate sobre el alcance real de una asociación estratégica entre Moscú y Pekín que Europa observa con creciente inquietud.