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Los venezolanos siguen buscando: «No podemos dejar a nadie atrás»

Entre túneles abiertos bajo los escombros, altares improvisados sobre el hormigón y el rastro de cuerpos rescatados que la burocracia perdió en el caos, los familiares de víctimas del doble terremoto ocurrido hace un mes en Venezuela siguen buscando a los suyos, exigen recuperar a sus muertos.

Voluntarios y familiares de las víctimas buscan a sus seres queridos entre los escombros de un edificio derrumbado en Caraballeda, estado de La Guaira. (Federico PARRA | AFP)

Utilizando el rastro que dejan las moscas, grupos de ciudadanos equipados con picos, palas y herramientas de protección -o sin ellas- cavan túneles entre las montañas de escombros de los edificios de una urbanización construida por el Gobierno en la localidad de Caraballeda del estado costero La Guaira, el más afectado por los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que el 24 de junio sacudieron Venezuela.

En uno de ellos, un hombre asegura haber detectado un golpe como señal de vida la noche del miércoles, lo que provocó un despliegue de voluntarios con bomberos y ambulancias a la espera de que esa posibilidad se materializara.

La escena demuestra que quienes siguen en pie exigen recuperar a sus muertos y se niegan a perder la fe.

Lo hacen en un país donde las autoridades contabilizan ya casi 5.400 muertes, pero no dan datos de desaparecidos, estimados en unos 29.400, según la plataforma ciudadana Desparecidos Terremoto Venezuela.

«El trabajo hay que seguir haciéndolo porque estamos en una situación en la que no podemos alarmar ni positiva ni negativamente», declara a EFE Gómez Arroyo, líder de la brigada que escuchó el golpe y determinó señales de calor con un escáner. «Existe algo llamado fe», añade.

Al otro lado de ese complejo de viviendas, Javier Navarro, de 36 años, busca a nueve familiares. «Tenemos que sacar a nuestra familia, así sea a pulmón, en las circunstancias que sea. Nosotros no podemos dejar a nadie atrás», señala a EFE.

Navarro encontró a su madre y a su abuela hace tres días en un avanzado estado de descomposición. Trabaja de noche para eludir el inclemente sol de La Guaira acompañado por otros familiares que se turnan para excavar, mientras la ciudadanía los apoya llevándoles con alimentos y herramientas.

Ha tenido calurosos debates con conductores de maquinaria pesada para impedir la remoción de escombros en la zona en la que sus «topos» trabajan.

«No nos vamos a rendir. Que ni se les ocurra, porque nosotros no lo vamos a aceptar», responde Navarro al ser consultado sobre la posibilidad de que las autoridades puedan pedir que se retiren.

El periplo en las morgues

Mientras desde la cima de esas toneladas de hormigón, donde ondea una bandera venezolana, se ven decenas de familiares escarbando entre los restos; otros luchan contra la burocracia de las morgues porque, habiendo sacado los cadáveres de sus parientes de entre los escombros y entregados allí, luego no pudieron recuperarlos.

Es el caso de la familia de Amir Infante, un adolescente de 16 años que quedó atrapado entre las puertas de una nevera, mientras un edificio de Playa Grande le caía encima. Resistió durante al menos 13 horas y cuando fue sacado por los vecinos de debajo de los escombros falleció.

Su padre, Jaime, cuenta a EFE que lo llevó cargado en brazos en una moto hasta un hospital en La Guaira, donde juntaron su cuerpo con el de un grupo de fallecidos, tras ponerle un código. Allí empezó el periplo de la desaparición. El señor Infante hizo todo el trámite para que le entregaran el acta de defunción, pero cuando fue a retirar el cuerpo para el sepelio nadie supo responder.

Como el padre de Amir estaba lesionado y aturdido, la búsqueda la asumió la tía del joven, Yanira, quien junto a la madre recorrió hospitales y morgues de La Guaira y de la vecina Caracas.

«Hasta tres veces diarias me hacían pasar por los containers, los difuntos que estaban en hileras (...) todos me decían: vamos a buscarlo, de cuándo es (...) y yo les mostraba el código que le habían puesto», relata Yanira, quien explica que nadie conseguía dar con su paradero porque, al parecer, la nomenclatura del código no tenía origen.

Ahora planean tomarse muestras de sangre ante la convocatoria del Estado para identificar cuerpos mediante pruebas de ADN.

Amir conversó con EFE la madrugada del 25 de junio mientras estaba entre los escombros. Estudiaba música y creía que después de esto quedaría inválido. Su padre lo recuerda como un «guerrero».

«Ese muchacho me esperó para morir», recuerda Jaime, quien salió de los escombros corriendo a buscar ayuda.

Su familia reza por él. Lo mismo hacen decenas de familiares de víctimas que murieron en el edificio La Estrella en Macuto. Sobre esos escombros, regados con agua bendita, hay una hilera de pétalos y flores.