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Gorka Miranda
Director de Easo Abesbatza

«Cantar en un coro tiene un valor más allá de la propia música»

Easo Abesbatza afianza su presencia en la Quincena con una actividad intensa y exigente: Novena Sinfonía de Beethoven, obras de Arriaga, el estreno de la ópera infantil ‘Zomozorroak’, el ciclo de órgano, y el gran ‘Réquiem’ de Berlioz. Hablamos con su director, Gorka Miranda, sobre el trabajo coral.

Gorka Miranda tiene diversos retos al frente de Easo Abesbatza. (QUINCENA MUSICAL DONOSTIARRA)

Quien haya cantado en un coro alguna vez sabe que es una actividad muy gratificante pero que requiere mucha dedicación y, a menudo, cuesta compaginarla con otras responsabilidades, entre ellas las familiares. ¿Cómo se hace para tener al coro disponible todo el mes de agosto, mes vacacional por excelencia? 

Intentamos planificar con mucho tiempo los ensayos atendiendo a las necesidades de programación de modo que los coralistas puedan organizarse, y también intento gestionar los tiempos de descanso, que son muy importantes, sobre todo siendo un coro amateur. Pero, por otro lado, aunque no deja de ser un esfuerzo, ellos están muy motivados, lo que suaviza mucho el sacrificio. Y las óperas infantiles hay que ajustarse a los tiempos de montaje, de memorización, de escena… pero, si te planificas bien, puedes adelantar ciertas fases a los meses de abril y mayo y así poder dejar algunas semanas de julio libres para que los niños disfruten de su verano y sus vacaciones. Es exigente, requiere mucha dedicación, pero para ellos es tan motivador y satisfactorio que gana con creces al esfuerzo. De hecho, ¡ellos nos lo piden!

Montar una ópera infantil cada año, ¿cómo se consigue? ¿Cuál es el proceso?

Esto de las óperas infantiles surgió de una idea que trasladé a Patrick Alfaya, director de la Quincena Musical, porque, generalmente, en producciones de ópera, aunque sean infantiles, los coros son tratados desde una perspectiva gregaria, nadie les enseña a actuar, nadie les enseña todo lo que tiene que ver con la creatividad, con estar en escena, y a mí me parece fundamental; yo les puedo enseñar a cantar, pero no a actuar, y esto hace que tomen parte en la ópera pero que no la sientan como propia. Así que lo que pretendíamos era involucrar a los niños en este proceso, hacerlo todo nosotros, desde la iluminación, el vestuario, la dirección escénica… involucrando lo máximo posible a gente de la casa. Y a partir de ahí, hay que buscar una idea que surja y luego elaborar el libreto, la música, los aspectos de producción como escenografía, vestuario… La estructura, una vez que ya la tienes asimilada, es bastante lineal, y una vez que ya tienes todo esto en marcha, empiezan los ensayos y, para cuando te das cuenta, ¡pum!, ya está, ya ha pasado. Es más, ya estamos trabajando en la del año que viene.

Y luego hay otra cosa que es importante para nosotros: veíamos que los libretos de las óperas en este contexto infantil suelen estar muy dirigidos y queda muy poco espacio para la creatividad y la imaginación donde el niño como espectador pudiese recrearse, así que planteamos historias en las que haya zonas abiertas, diferentes lecturas, diferentes espacios y muchos grados de profundidad; tanto es así, que muchas veces los adultos están más metidos en la historia que los propios niños.

«Planteamos historias en las que haya zonas abiertas, diferentes lecturas, diferentes espacios y muchos grados de profundidad; tanto es así, que muchas veces los adultos están más metidos en la historia que los propios niños»

¿Es más fácil trabajar con los coros de adultos o con los infantiles?

Mi itinerario con el canto coral es muy dilatado en el tiempo pero, hasta el año 2017, yo trabajaba con niños exclusivamente. Llevo unos diez años trabajando con adultos y, evidentemente, hay que adaptar algunas cuestiones, pero la base es la misma: crear un buen grupo, rodearte de buenos profesionales que te acompañen en este trabajo –David de Oliveira, Lucía Arzallus, Óscar Candendo, Sergio Pedrouso…–, generar una dinámica cohesionada, rica, y a partir de ahí en el día a día, picar piedra. En los coros jóvenes hay que enseñar a cantar a la vez que enseñas a interpretar y a participar en la actividad concertística, y es un trabajo que requiere constancia y paciencia, pero yo lo disfruto mucho. Es verdad que los frutos no se ven inmediatamente, hay que darle tiempo a ese proceso, pero ver a un chaval que hace nada estaba cantando en las producciones infantiles y que ahora está cantando la ‘Novena’ de Beethoven, es muy gratificante. El trabajo con niños es duro, es difícil, pero, además de bello y enriquecedor, es nuestro futuro y creo que a veces se está abandonando un poco; es algo que estoy intentando poner sobre la mesa desde hace tiempo, porque esta sociedad está acostumbrada a la inmediatez, y los proyectos que vienen a futuro no se tratan como debería; además, se nos olvida de que los niños y los jóvenes no son el futuro: son el hoy, son el eje del presente.

Imagen de los miembros de Easo Abesbatza en el Kursaal. (QUINCENA MUSICAL DONOSTIARRA)

La Escolanía Easo es un coro referente por su calidad, pero hoy en día sorprende ver un coro de chicos. ¿Cómo se consigue? ¿Cómo se compite contra el atractivo del fútbol?

Nosotros también hemos tenido que adaptarnos a esta realidad sociocultural que viene dándose desde hace bastante tiempo. Los coros y la danza son los que están sufriendo los efectos de forma más visible, pero los perfiles más relacionados con las humanidades, las lenguas y las artes siempre son femeninos. Ahí hay una línea muy clara y cada vez más pronunciada que está determinando el futuro. Hay que hacer un trabajo de reflexión de por qué todas las actividades que tienen que ver con los chicos están tan parcializadas en nuestro contexto sociocultural europeo. A mí me preocupa, no tanto el fútbol, sino por qué se tiene esa tendencia. Este cambio es constatable y tenemos que adaptarnos a él. Además, el trabajo con chicos es diferente, empezando porque tienes que correr: la voz de un niño es tan efímera, dura tan poco, que te obliga a ir muy rápido. Y se nota que cada vez mudan antes la voz; ¿por qué? no lo sé, pero es un hecho, y hay que encontrar la forma de trabajar con ellos. Durante un tiempo nos funcionó la segregación, porque a esas edades preadolescentes en las que socialmente ya se les está cuestionando qué hacen cantando y que las chicas a su alrededor ya están en otro punto de desarrollo, es normal que prefieran irse a darle patadas a un balón, pero no es la vía, porque el problema tiene más que ver con un discurso sociocultural que habría que abordar.

«Hay que hacer un trabajo de reflexión de por qué todas las actividades que tienen que ver con los chicos están tan parcializadas en nuestro contexto sociocultural europeo»

La ‘Gran Misa de Muertos’ de Berlioz es una obra monumental y la producción de Quincena es tan monumental como la propia obra. ¿Cómo está siendo el trabajo de encaje de las dos orquestas y los dos coros?

El trabajo de encaje es complicado, pero hace falta un trabajo previo de cada formación para tenerlo a punto. Es una obra monumental, efectivamente, pero además tiene esa pátina religiosa del oficio de difuntos mezcladas con ese toque de Berlioz tan espectacular, donde la presencia de las voces de hombres es estructural. Berlioz siempre me ha apabullado, pero en cuanto te metes en la obra hay tanto detalle que es tremendamente interesante y estoy disfrutando mucho de ella, ha sido todo un descubrimiento.

La ‘Novena’ de Beethoven, pese a ser vocalmente muy exigente, parece un juego de niños en comparación.

Es una obra tremendamente exigente que se presta a un montón de lecturas diferentes y lo que estoy haciendo es trabajar la preparación para que, en función de lo que nos pida el director Jaan van Zweden, podamos amoldarnos. Es una obra habitual del repertorio sinfónico-coral, pero desde que se formó el coro mixto nunca la habíamos interpretado, es nuestra primera vez.

Nada más acabar Quincena empieza el nuevo curso. ¿Hay tiempo de un descanso antes de afrontar la nueva temporada?

Pues no, tenemos un montón de conciertos de índole camerístico tanto con niños como con adultos, y en noviembre tenemos la recuperación de la obra de Aita Donostia ‘La Vie Profonde de Saint François d’Assise‘ en su centenario, luego me toca la preparación de la tercera edición del programa Abestu Euskadiko Orkestrarekin y en diciembre hacemos la ‘Cantate Saint Nicolas’ y ‘Ceremony of Carols’, de Britten, en el Festival de Adviento de Cuenca… Tenemos un montón de proyectos interesantes, no nos podemos quejar.

Con la infinita oferta de ocio que hay hoy en día, ¿por qué apuntarse a un coro?

Para empezar, es un proyecto que se hace en comunidad y, en un contexto en el que el individualismo impera, ya es un gran motivo; además, el canto coral exige del individuo una serie de intenciones que van volcadas al compañero: el coro es un grupo, y cada uno tiene la responsabilidad de trabajar, mejorar, de ser riguroso por el objetivo común. Y a partir de ahí, en cuanto das esos pasos, se abre un mundo de satisfacción que tiene que ver con tu vis humana en el contexto de sujeto social y también en lo individual, en lo que percibes o sientes cuando cantas. El canto coral es algo que te engancha para toda la vida, desde los 7 años hasta pasados los 90, que tienen nuestros coralistas más longevos; pocas disciplinas artísticas te permiten esta trayectoria y, sobre todo, desde una perspectiva amateur ya que, siendo algo totalmente voluntario, totalmente sincero, imprime a la actividad un valor añadido. Cantar en un coro tiene un valor más allá de la propia música.