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Las intersecciones de la transición energética

El despliegue de las renovables sigue un camino complejo en el que se cruzan muchas variables. Debe ser justo y, al mismo tiempo, rápido, y debe darse donde se pueda captar la energía, pero no donde dañe una zona sensible. Cristóbal Gallego habla de ello en la quinta entrega de «Petroherria».

Un poste de tendido eléctrico en el que se cruzan varios cables, en Washington. (Paul EDMONSON | AFP)

Rápida y justa, a pequeña y gran escala, donde haya viento o sol suficientes pero no produzcan más daño que el estrictamente necesario... Son muchas las variables que condicionan la transición energética. Con Jon Urzelai al volante, el quinto capítulo del podcast “Petroherria” las aborda con Cristóbal Gallego, experto en energía eólica, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y uno de los autores de ‘‘Un lugar al que llegar’’.

Por partes. Rápida y justa. En línea con Xan López, Gallego insiste en que la transición energética debe ser rápida. «Podemos mirar a otro sitio, pero eso no va a cambiar la realidad, la urgencia es una condición de contorno». Es decir, si queremos que la temperatura global no pase de 1,5-2º C las emisiones tienen que bajar muy rápido. «Hay que hacer cosas realmente significativas». Esto tiene consecuencias positivas y negativas: «Necesitamos mecanismos y consciencia para distribuir tanto los beneficios como los inconvenientes».

Gallego define la intersección: «Si solo te centras en una transición rápida, posiblemente no será justa. Y si te centras en un concepto muy purista de la justicia, posiblemente no sea suficientemente rápida. Hay que relacionar estos dos conceptos».

Tirando del mismo hilo, Gallego llega al siguiente cruce, ahí donde se juntan lo pequeño y lo industrial. Recuerda que la energía está en todo –«detrás de los objetos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, como una cuchara»– y que es mayoritariamente fósil. El reto de descarbonizar la energía es enorme, «la transformación es increíble».

En este sentido, reivindica la importancia de la pequeña escala y los gestos individuales hacia «una vida más sencilla, más austera, que no ponga el valor en el consumo», pero pide realismo: «Hablar de escala industrial no es muy sexy, pero si queremos cambiar las calefacciones de gas por bombas de calor, que son mucho más eficientes, estamos hablando de cientos de miles de hogares. Es un proceso industrial que tiene que estar muy bien engrasado».

¿DÓNDE COLOCAR LAS RENOVABLES?

Antes de responder, este ingeniero apunta hacia una trampa habitual. «Captar energía renovable requiere terreno, y a veces parece que eso es como un precio a pagar frente a la posibilidad de que no se ocupe ningún terreno, pero eso es un espejismo. La energía siempre viene de algún sitio, y cuando es fósil, la manera de obtenerla es dramática, tienes que perforar la tierra, abrir minas… lo que pasa es que no convivimos con esos impactos, están externalizados».

Por eso ve positiva también la transición a las renovables, porque supone corresponsabilizarnos de la energía que consumimos. Y además, probablemente no sea para tanto. Recuerda que para un escenario totalmente descarbonizado en el Estado español, se calcula que habría que dedicar un 2,4% de la superficie. «No es una amenaza absoluta, es una labor de coordinar y planificar cómo vamos a distribuir ese pequeño porcentaje».

Sobre la instalación de renovables, Gallego recuerda que la energía siempre viene de algún sitio y que, cuando es fósil, su obtención es dramática: «Hay que perforar la tierra, abrir minas... lo que pasa es que no convivimos con esos impactos, los tenemos externalizados».

Gallego ha publicado recientemente un artículo académico sobre el tema, cruzando dos variables en una nueva intersección: dónde se dan las condiciones materiales para captar energía eólica –próximamente lo harán también con la fotovoltaica–, y dónde hay terrenos protegidos en los que no pueden instalarse. «Hay que combinar recurso renovable con sensibilidad ambiental», explica.

El estudio, con datos para todo el Estado pero desglosados por comunidades autónomas, tiene dos conclusiones aplicables a Euskal Herria. La primera es que «restringiéndote a sitios con mucho viento y poca sensibilidad ambiental, hay suficiente espacio para instalar la capacidad que necesitamos». La segunda tiene sus complicaciones: «Ese potencial está repartido de manera muy desigual». Unos territorios tienen mucho más potencial que otros. «Es un conflicto que hay que ver con generosidad y mucha perspectiva», dice.

Euskal Herria tiene esta asimetría. El potencial para la CAV «es relativamente bajo», explica Gallego. Con la eólica, daría para cubrir la demanda eléctrica actual, a la que habría que añadir la fotovoltaica en expansión, pero si hablamos de descarbonización, hablamos también de electrificación, lo que requerirá un mayor consumo eléctrico. En Nafarroa sucede lo contrario: «Hay mucho potencial para cubrir varias veces la demanda eléctrica actual».

COLONIALISMO, UN CONCEPTO MALEABLE

Gallego trata aquí de cambiar el prisma. Rechaza la idea de zonas de sacrificio a la hora de hablar de renovables y recuerda: «En general, tener un recurso energético siempre es mejor que no tenerlo».

Otro concepto que rehúye es el del «colonialismo energético», porque es algo que «puedes definir al gusto para reforzar una postura que tienes previamente para rechazar algo». «¿Qué quiere decir colonialismo energético? ¿Que todo lo que sea exportar generación renovable es malo porque es colonialismo? ¿Pero a qué nivel? Imagínate que dijésemos: tenéis que abasteceros a nivel de municipio o de comarca». Y añade una última pregunta, al centro de la diana: Si no instalas renovables, ¿de dónde vas a sacar el petróleo que seguirás necesitando?

Eso sí, incluye un matiz. «El concepto de colonialismo energético se puede utilizar muy malintencionadamente, pero hay un punto que sí tenemos que tener en cuenta: ¿a quién va a beneficiar el retorno económico de esos recursos renovables? Porque si es a un único propietario o a un fondo de inversión, tenemos un problema».

¿QUÉ HACER CON EL CAPITALISMO VERDE?

La pregunta siguiente cae por su propio peso y es espinosa. Gallego opina que «por muy conflictivo que pueda sonar», no es lo mismo «un capitalismo verde que esté invirtiendo en desplegar la tecnología para descarbonizar, que un capitalismo fósil dispuesto a acabar con todo lo que se ha avanzado para que continúe una hegemonía fósil que nos lleva por un barranco climático».

Cristóbal Gallego subraya que, a medio plazo, «un sistema basado en un crecimiento perpetuo es incompatible con los límites planetarios», pero subraya que «empezar por ahí sería empezar la casa por el tejado, la transición (energética) necesita acción ya». 

«La transición es un proceso complejo, debe estar dirigido por lo público, porque tenemos que garantizar que se dé de una manera justa y rápida, pero la urgencia obliga a utilizar las fuerzas productivas que están ya en marcha, lo que implica sentarte a negociar con esos actores del capitalismo verde», considera este ingeniero.

No obstante, recuerda algunos principios básicos: «No podemos hacernos trampas al solitario. A medio y largo plazo, un sistema basado en un crecimiento perpetuo es incompatible con los límites físicos planetarios. El problema es que no podemos empezar por ahí, sería empezar la casa por el tejado. La transición necesita acción ya, y esa negociación con el capitalismo verde puede ser un plato de mal gusto, pero es un plato necesario, siempre y cuando esté claro que lo que necesitamos es ganar el tiempo necesario para ir hacia un sistema de economía estacionaria y decrecimiento material».

LAS RENOVABLES TAMBIÉN NECESITAN MATERIALES

Litio, cobalto, tierras raras… se sabe que por mucho que el viento y el sol no se agoten, sí pueden hacerlo los materiales que requiere una transición energética de este calibre. El nivel es diferente, porque no es lo mismo quemar la materia prima sin posibilidad de reutilización (petróleo y gas), que utilizarla para construir algo que va a durar décadas y que, en teoría, debería poderse reutilizar. Con todo, es una de las aristas de la transición energética y Gallego no la esquiva.

Por un lado están los materiales necesarios para un gran despliegue de renovables, para lo cual no habría excesivos problemas. «Podemos avanzar», dice. Pero no sucede lo mismo con la movilidad y el transporte, algo que liga al concepto de movilidad que tenemos. «Si entendemos por movilidad simplemente un reemplazo del coche fósil por el coche eléctrico, posiblemente nos encontremos con límites materiales», asegura.

No es una cuestión menor, opina, porque «da forma a la transición energética que hay que planificar». «Para que sea viable, la transición debe cuestionar y rehacer el concepto de movilidad que tenemos», explica, antes de concluir con una advertencia: «Estos debates son muy necesarios, no vayamos a emprender un camino que, pese a parecer más cómodo, nos lleve a un callejón sin salida».

Las gafas de Lynch: La transición como muro frente al fascismo fósil

«Yo veo muchos rayos de sol. Creo que la transición energética es un proceso complejo, pero el hecho de que haya colectivos  plantando cara y planteando debates, es un rayo de sol. A nivel más general, lo que me da más esperanza es que la transición energética, por todas las implicaciones que tiene, puede convertirse en un elemento que cohesione a las fuerzas democráticas del mundo frente a un fascismo fósil que, representado por Trump y sus aliados, se ha quitado la careta y nos amenaza explícitamente. Hay que plantarle cara y creo que la transición energética puede ser ese elemento de cohesión».