Federico Martín Aramburu, un nexo entre Argentina y Euskal Herria en Biarritz
Muerto a manos de dos miembros de la extrema derecha en marzo de 2022, el caso de Federico Martín Aramburu conmocionó al mundo del rugby y a Euskal Herria, donde el argentino había vuelto tras su retirada deportiva. Sus allegados repasan su trayectoria antes del inicio del juicio por el crimen.
Sábado, 22 de agosto de 2026. La élite del rugby a siete en el Estado francés ha hecho las maletas y ha desembarcado en el estadio de Aguilera para la primera etapa del In Extenso Supersevens. Bajo un sol abrasador, entre el bullicio de las actividades, nadie en el flujo constante y variopinto de aficionados parece prestar atención al enorme retrato que preside la parte trasera de la tribuna Serge Blanco. Un rostro sonriente y cuatro letras blancas escritas sobre un fondo negro: «Fede», el diminutivo de Federico Martín Aramburu. «¿Es el jugador de rugby al que mataron, no?», pregunta dubitativa una joven maquillada con los colores del Union Bordeaux-Bègles, mientras busca la confirmación de su familia.
Aquí, prácticamente todo el mundo conoce al exjugador del Biarritz Olympique (BO). O, al menos, todo el mundo ha oído hablar de su historia, ya sea de Burdeos, de Clermont o de Toulon. Prueba de que, cuatro años y medio después, su muerte aún resuena en la memoria, y no solo en Euskal Herria. «Lo que le pasó me golpeó muchísimo», suspira Stéphanie, una mujer de unos cuarenta años con la camiseta de La Rochelle. «He oído que se está organizando algo para que su familia pueda asistir al juicio [en París]».
«Lo mínimo»
Ese «algo» es una iniciativa de Pierre Guérin. Educador en el BO, es uno de los que entablaron amistad con Martín Aramburu cuando este regresó a vivir a Biarritz al terminar su carrera deportiva. «Los jueves jugaba con nosotros al touch [una variante del rugby sin placajes] en la peña Archiball —recuerda—. Ni siquiera tenía 35 años. Era genial tener a alguien con semejante talento y ver a un tipo tan sencillo».
El pasado mes de julio, justo antes de arrancar las fiestas de Baiona, él y un amigo pusieron en marcha Hego Pampa. La asociación vende, entre otras cosas, pañuelos rojos estampados con la bandera argentina y la inscripción «Fede 13», el número que lucía el exjugador. Diez euros la unidad. Con los fondos recaudados quieren «continuar lo que ‘Fede’ había empezado a construir: puentes entre Argentina y Francia». Más concretamente, ayudarán económicamente a su familia, especialmente a su esposa, María, y a sus tres hijos, para que puedan asistir a las tres semanas del juicio contra los presuntos autores de su muerte, que comenzará el próximo 7 de septiembre. «Fede vino a mi boda. Tenía su amistad, su confianza. Es lo mínimo que puedo hacer», declara, emocionado, Pierre Guérin.

Cuando llega en 2004, Federico Martín Aramburu se reencuentra con Martín Gaitán, que había llegado un año antes al BO. Los dos compatriotas viven frente al hotel-restaurante Le Bon Coin. Allí trabaja la madre de Roger Aguerre y su familia reside a pocos metros. Entrenador y comentarista en la radio local Ici Pays Basque, Roger Aguerre es una figura conocida del mundo del rugby en Biarritz.
«En el barrio, éramos los únicos que hablábamos español», repasa el biarrota. «‘Fede’ y Martín se convirtieron en otros dos hijos de la familia. Los domingos por la noche, mi madre les hacía escalopes a la milanesa, como en su casa».
En 2008, el matrimonio Aguerre es «uno de los pocos franceses» invitados a la boda de Federico Martín Aramburu en Buenos Aires. Fue «una fiesta extraordinaria», que les brindó la oportunidad de correrse también «una juerga enorme» dos días antes, por la despedida de soltero. Aquello da lugar a una escena cómica al abandonar Argentina.
«En el momento de embarcar, un empleado mira mi pasaporte y me ordena quedarme a un lado. Mi mujer me dice: ‘Habéis hecho el tonto durante la fiesta’. Yo le respondo: ‘¡No, no hemos hecho nada!’. Todo el mundo embarca y entonces el tío me pregunta: ‘¿Eres amigo de ‘Fede’? Sígueme, vais en business’. En plena boda, ‘Fede’ había llamado a su contacto en la compañía para que al día siguiente fuéramos en business», el hombre, de casi cincuenta años, aún no se lo cree. El vínculo nunca se rompería. Hoy en día, una parte de las cenizas del jugador de rugby reposa en el panteón de los Aguerre, en Basusarri.
Fútbol, rugby y dictadura
«‘Fede’ era la generosidad. Era el mejor amigo de todo el mundo», se ríe Juan Martín Berberián. Con pasado en el Aviron de Baiona, el ala conoció a Federico Martín Aramburu en sus inicios. Primero en la selección argentina de rugby a siete, y luego en el Club Atlético San Isidro (CASI), el equipo local de uno de los numerosos municipios que orbitan alrededor de Buenos Aires. «Fui allí por ‘Fede’», precisa Berberián, originario de Mar del Plata, inmensa localidad balnearia a más de cinco horas en coche de la capital argentina.
Como todo latinoamericano que se precie, Federico Martín Aramburu es ante todo un apasionado del fútbol, que practicará con los veteranos de la Jeanne d'Arc de Biarritz (JAB). Nacido en La Plata, crece siguiendo las hazañas de Estudiantes, el club estrella de la ciudad, situada a unos cincuenta kilómetros al sureste de Buenos Aires.
La familia Martín Aramburu se mudaría allí tras la caída de la dictadura en 1983. Rodeado de sus padres, de su hermana Rosario y de su hermano Isidro, el pequeño ‘Fede’ vivirá una infancia «marcada por momentos felices y alegres», relata su hermano [La compañera de Federico Martín Aramburu, María, y su madre, Cecilia Aramburu, no quisieron participar en la elaboración de este artículo].
No tenía ni cuatro años cuando los militares fueron expulsados del poder. Dejaron tras de sí 30.000 desaparecidos, entre ellos personas cercanas a Cecilia Aramburu, su madre, periodista de investigación censurada por la Junta. Su padre era abogado.
De la mano de sus progenitores, Federico Martín Aramburu participó en las gigantescas movilizaciones populares que acompañaron el regreso de una democracia todavía vacilante. «En Argentina, el rugby es un deporte de élite y estamos precisamente en un entorno intelectual y burgués», resume Yann Le Bras, uno de los numerosos abogados de la familia.
De no haber sido por el rugby, ‘Fede’ probablemente se habría convertido en jurista, como su padre, su hermano y su hermana. Pero cuando abandonó su país, a los 24 años, también dejó sus estudios de Derecho. De aquella experiencia conservó sus dotes de orador. Su desparpajo y su carisma terminaron de convertirlo en un líder y en un capitán en quien los entrenadores gustaban de apoyarse. Al final de su carrera llegó incluso a llevar el brazalete en Glasgow, Escocia, pese a manejar un inglés más que rudimentario. Se cuenta que era su esposa, quien se manejaba mejor con el idioma, quien le escribía los discursos previos a los partidos.
En el BO quedó enseguida bajo la tutela de Thomas Lièvremont, siete años mayor que él, quien tomó cariño a «ese hombre de valores». «Yo hablaba un poco de español y, como capitán, mi papel también consistía en ayudar a los jóvenes jugadores extranjeros a integrarse», explica el antiguo tercera línea. Ese mismo año 2004, Federico Martín Aramburu logra su primera internacionalidad en el XV argentino. En la Copa del Mundo de 2007, al anotar un ensayo contra la selección francesa, es uno de los héroes de los Pumas que consiguen un histórico tercer puesto.
Buenos Aires, Biarritz, Perpinyà, Dax, Glasgow. En todos los lugares por los que pasó, tanto el hombre como el jugador concitaron unanimidad. Tras una última etapa en el CASI, terminó instalándose de nuevo en la costa vasca. «Más allá de las horribles circunstancias de su muerte, la historia de este argentino que, al contrario que sus antepasados, cruza el Atlántico para vivir aquí... Creo que eso hizo que la gente se sintiera muy triste cuando se conoció su muerte», apunta Maider Arosteguy, alcaldesa de Biarritz cuando ocurren los hechos. El 26 de marzo de 2022, más de un millar de personas le rinden un último homenaje en la localidad.

La generación dorada del BO, con la que el jugador de rugby ganó dos escudos de Brennus (2005 y 2006), está evidentemente presente. Shaun Hegarty, Manuel Carizza, Thomas Lièvremont y Nicolas Brusque portan el féretro. «En 2012, vuelve y retoma el contacto con todos los que se habían quedado allí. Como si nunca se hubiera ido», rememora el último de los deportistas nombrados.
Federico Martín Aramburu se involucra bastante rápido en la vida del Biarritz Olympique, inmerso en el proyecto de fusión con el rival baionarra. Un episodio que le costará el puesto al presidente Serge Blanco [actualmente alcalde de Biarritz], sustituido entonces por Nicolas Brusque, quien en 2015 cedió al argentino su puesto al frente de los aficionados accionistas.
Con un asiento en el consejo de administración, ese grupo desempeñaba un papel importante. Los excompañeros funcionaban prácticamente como un tándem. «[Al entrenador argentino] Gonzalo Quesada no nos lo podíamos permitir. Si vino, fue porque estaba ‘Fede’», explica Nicolas Brusque.
Cuando a él le tocó a su vez ser apartado, en 2018, su compañero abandonó el consejo de administración. Porque «‘Fede’ era leal», resume el antiguo zaguero.
A partir de ahí, puede concentrarse en sus negocios: su vino, Atypico, lanzado junto a Federico Thomann, uno de sus primeros compañeros en el CASI, y, sobre todo, su agencia de viajes de Biarritz, Esprit Basque. «La creamos en 2014. Organizábamos seminarios de empresas, viajes para grupos, estancias deportivas en torno a grandes partidos de rugby», resume su socio de siempre, Shaun Hegarty.

Ambos se conocieron diez años antes, cuando el argentino vino a jugar a Biarritz. «Federico era más bien titular; yo era más bien suplente. Pero nos hicimos amigos bastante rápido», prosigue.
«Siempre ha estado presente en nuestros pensamientos»
El 18 de marzo de 2022, los socios están en París; al principio, cada uno por su lado. Al día siguiente, con unos clientes, deben asistir al partido Francia-Inglaterra en el marco de la última jornada del Torneo de las Seis Naciones. «Ese día, Federico se entera de que íbamos a poder trabajar para la próxima Copa del Mundo de rugby. Me llama y me dice: ‘Ven, nos juntamos a tomar algo’», recuerda Shaun Hegarty.
Hacia las 5.20 de la madrugada del sábado 19 de marzo, terminan de celebrar la noticia en el Mabillon. A las 6.09, en el Boulevard Saint-Germain, Federico Martín Aramburu muere bajo las balas de Loïk Le Priol [su abogado fue contactado por Mediabask para este reportaje, pero no contestó].
Por la noche, los Bleus logran el Grand Slam al dominar a los ingleses. En las gradas del Stade de France, el exinternacional francés y compañero de Federico en el centro en Biarritz, Damien Traille, no está para celebraciones. «Nos habíamos juntado entre antiguos jugadores, en particular los de Biarritz, para no quedarnos solos. El ambiente festivo en el estadio fue muy difícil de sobrellevar. Las semanas y los meses siguientes también, confiesa. Hoy en día, sigue siendo difícil y la apertura del juicio va a hacer que todo vuelva a aflorar. Porque, durante estos cuatro años y medio, siempre ha estado presente en nuestros pensamientos».