Werner Herzog, domador de historias
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Ni ‘El enigma de Gaspar Hauser’ (1974), ni ‘Grizzly Man’ (2004), ni ‘Teniente corrupto’ (2009). Puedes no haber visto ninguno de los 35 documentales o las 21 películas de ficción que ha dirigido Werner Herzog (Múnich, 1942), y aún así reconocerlo por la calle. Personaje acomodado con su estatus de meme, el alemán se deleita explicando las historias que acompañan la producción de sus películas. Y no se explaya solo en su autobiografía, ‘Cada uno por su lado y Dios contra todos’. Memorias, editada por Blackie Books: Herzog aprovecha cada oportunidad para domar de nuevo –ahora a través de la palabra– a bestias, humanos y actores por igual.
De anécdotas, al cineasta, no le faltan. A lo largo de los años, ha arrastrado un barco de vapor a través de la montaña en Perú (‘Fitzcarraldo’, 1982), ha rodado una película al borde de un volcán en erupción (‘Dentro del volcán’, 2016) e incluso rescató a 150 monos de la selva para el final de ‘Aguirre, la cólera de Dios’ (1976), película por la que amenazó al actor Klaus Kinski con dispararlo. La frialdad con la que describe cada una de sus aventuras inverosímiles en países remotos, así como sus codeos surrealistas con las grandes estrellas de Hollywood, bien vale leerlo en primera persona.
«La frialdad con la que describe cada una de sus aventuras inverosímiles, así como sus codeos surrealistas en Hollywood, bien vale leerlo en primera persona»
Por hoy, déjenme tomar la palabra de Werner Herzog para desandar tres episodios memorables en su vida. El primero, de cuando le dispararon mientras daba una entrevista y siguió con la entrevista. La bala lo hirió, alarmando al equipo de la BBC. Sin embargo, tras comprobar el orificio sangriento, el director le restó importancia y arrancó a contar: «La vez que me dispararon más en serio fue mientras cruzaba ilegalmente la frontera de Honduras a Nicaragua…». Quedó todo grabado.
Luego está la vez que explicó, en una charla en Reddit, haber aprendido a hipnotizar gallinas: «Tranquiliza a la gallina. Ponle el pico en el suelo y luego, con determinación, traza una línea de tiza alejándote de ella. Suelta a la gallina y verás que se quedará hipnotizada». El cineasta tiene una relación particular con la naturaleza: descubrió el nihilismo de un pingüino en el documental ‘Encuentros en el fin del mundo’ (2007) y la desesperación de la selva en ‘Un montón de sueños’ (1982). Queda la posteridad aquel «los árboles de aquí sufren, y los pájaros sufren. No creo que canten. Simplemente chillan de dolor».
Sabrán también de cuando se comió su propio zapato al perder una apuesta contra su amigo Errol Morris. Herzog había apostado que Morris nunca terminaría su aclamado documental ‘Gates of Heaven’ (1979). La penitencia resultante, ejecutada el día del estreno, se convirtió en el cortometraje de ‘Les Blank Werner Herzog Eats His Shoe’ (1980).
«No me creo ni una palabra», declara el crítico Dwight Garner del ‘New York Times’ sobre las memorias publicadas por Blackie. «Herzog es un farolero de la vieja escuela, uno de primera categoría. Y un teatrero. No te dirá la verdad, o no del todo, a menos que se le caiga del bolsillo accidentalmente, como si fuera un mechero». El documentalista podría rebatirlo explayándose sobre su famosa noción de la ‘verdad extática’, la idea de que, como él mismo dice en el libro, «la verdad no tiene por qué coincidir necesariamente con los hechos».
En una conversación con Alex Gibney (‘Enron, los tipos que estafaron a América’, 2005), el alemán afirmaba: «La idea del cinéma vérité es un error histórico. ¡Somos directores, maldita sea! De lo contrario, la cámara de vigilancia de un banco sería la mejor cámara de todas». Se non è vero, è Werner Herzog.