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Dolores Fonzi, la mujer de los mil fondos

Dolores Fonzi, en una entrevista con este medio en Zinemaldia de 2023, cuando presentó ‘Blondie’. (Idoia ZABALETA | FOKU)

La actriz, directora, guionista y productora Dolores Fonzi (Buenos Aires, 1978) ha forjado una trayectoria donde los límites entre la pantalla y la militancia se desdibujan, o más bien se dibujan como polos diferentes, indisociables.

Su consolidación comenzó en 1998, actuando para la ‘tele’ de antes con series como ‘La Nena’ y ‘Verano del ‘98’, pero su verdadero despegue actoral-autoral se vio en el séptimo arte: sus primeras películas serían ‘Plata quemada’, junto a Eduardo Noriega y Leonardo Sbaraglia en 2000, y ‘Esperando al mesías’, aquel mismo año y compartiendo reparto con Daniel Hendler. Con Hendler lleva ya ocho películas en común. Es lo que conlleva ser parte del Rat Pack del Nuevo Cine Argentino de Lucrecia Martel, Daniel Burman o Martín Rejtman…

Fue ‘Vidas privadas’, ópera prima de Fito Páez de 2001 sobre las cicatrices de la dictadura, la obra que la condujo a Zinemaldia. Este festival representó su bautismo en los grandes circuitos internacionales y se erigió como el gran parteaguas definitivo en su carrera, una trayectoria desde entonces marcada por la apertura y la denuncia social en tonos más o menos bajos.

Lejos de encasillarse, Fonzi ha transitado por una multiplicidad de géneros, estéticas y registros tonales. Hay un párrafo, dentro de un texto por lo general bastante machista sobre ella, que acierta en destacar la mejor virtud de la porteña y la más inefable. Dice, «es ese tipo de mujer al que, uno pensaría, basta con ponerle una cámara al frente y un poco de música al fondo y ya, listo, aquí tienes, una película hecha y derecha. Si lo que quieres es un drama, le ponemos música tristona de fondo; si lo que querías es una comedia, no hay problema, le chantamos música de circo con trompetitas y todo».

No es mentira. Como actriz, ha clavado el histrionismo low-key de la comedia negra (‘El fondo del mar’, 2003), la gravedad del thriller psicológico (‘Mujeres asesinas’, 2005) y el naturalismo del gesto del drama social más crudo, como en ‘Salamandra’ (2008). Mi primer contacto con Fonzi, sin embargo, pasa por ‘Paulina’ (‘La patota’, en el título original, de 2015), dirigida por Santiago Mitre y que se estrenó en la sala Kursaal 2 ante el aplauso vehemente –lo recuerdo bien– de todo el Jurado Joven.

Luego vinieron ‘Truman’ de Cesc Gay (2015), ‘La cordillera’ de Mitre (2017) y, junto a María Valverde, ‘Distancia de rescate’ de Claudia Llosa (2021). Con 48 años, Fonzi es una estrella de todas todas. Estrella, y creadora. Sus delirios autorales arrancan a los 21 años, en 2002. Fue entonces cuando coescribe con Luis Ortega ‘Caja Negra’, una película hecha con cuatro duros y a toda prisa que –a méritos propios– cosechó los Premios del Jurado en Mar del Plata, Fribourg y Miami.

Cuatro años después, en 2006, desarrolló, produjo y protagonizó la serie ‘Soy tu fan’, la ‘Girls’ argentina que, como la de Lena Dunham, rompía los esquemas de lo que resultaba aceptable en una ficción televisiva aún muy tradicionalista y de culebrón.

Decíamos. Fonzi ha empleado su faceta como creadora para dar voz a la lucha política que abandera: en ‘Blondi’, su ópera prima de 2023, hizo de la ‘tía’ más enrollada del mundo, una joven madre que lo es porque no pudo abortar.

En ‘Belén’, Goya a Mejor Película Iberoamericana y Mejor Interpretación de Reparto en Zinemaldia de 2025, viste las elegantes ropas de una abogada feminista que intenta detener los engranajes duros tras la violencia sistémica contra el aborto ‘ilegal’. El monstruo parece imparable, pero Fonzi lo es más.