Un Elvis muy peculiar en una Viena que se deshace
‘The loneliest man in town’ es el sorprendente retrato de un hombre que siempre ha querido ser un artista y que al borde del deshaucio encuentra una salida inesperada.
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Al Cook es un personaje verdadero, tiene incluso una página de Wikipedia suya personal, en alemán. Sin embargo es ‘The loneliest man in town’, el hombre más solitario de la ciudad. Esta peli, presentada en la Berlinale de este año, participa en Zabaltegi-Tabakalera y es una verdadera joya de poco menos de hora y media.
La ciudad en cuestión es Viena, capital de un cierto tipo de música (el vals) que poco pega con la verdadera pasión de este personaje: el blues. Más precisamente, todo lo que pueda conectarse con Elvis Presley, del cual ha sido durante décadas interprete o imitador en los locales de la capital austríaca y produciendo 17 discos.
Desafortunadamente Al, cuyo verdadero nombre es Alois Koch, va a ser desahuciado de su piso, ya que lo van a derrumbar. Para él, es como el final de un trayecto: a pesar de ser bastante mayor, no hay otra manera para seguir que dejar todo su pasado, o incluso venderlo, y con el dinero recaudado finalmente ir a su Eldorado, al Delta del Mississippi, siguiendo las huellas de Elvis. Un viaje de solo ida, por supuesto.
Repartir la memoria
Al principio, ‘The loneliest man in town’ puede parecer una peli sobre la crueldad de los desahucios de la gente mayor. Un perfecto MacGuffin a lo Hitchock, una falsa pista.
En realidad, el intento es simplemente mostrar a este outsider, a Al Cook, que vive entre momentos donde toca sus instrumentos y las averías del piso.
Cuando llegan los abogados ya es ora de dejar la casa, a cambio de un puñado de dinero. Muy eficaz la decisión incluso física de representar a estos apparatchik, a estos burocratas, con actores de cuerpos y de caras muy peculiares. La peli quiere que nos hagamos amigos de Al, y faltaría más, sobre todo cuando empezamos a empatizar con él y sobre todo con su pasado.
Exmecánico en Siemens, Cook es un fanático de Elvis Presley: hasta su pelo mantiene todavía un boceto del estilo del King, de cuando como actividad extra al trabajo tocaba piezas blues y era un ídolo local. Lo vemos, a Al, en su versión joven, porque de vez en cuando en el filme pone sus viejos cassettes, donde aparece también su exmujer Silvia.
Una manera de decirnos que no es una broma, que a pesar de estar en una peli de ficción, ‘The loneliest man in town’ tira también hacia el estilo documental, y con evidentes toques de comedia a pesar de afrontar temas tristes: por eso en Alemania esta obra ha sido comparada con las de Aki Kaurismaki.
El desahucio es el punto de inflexión de su vida. Tiene que marcharse cuanto antes, pero quiere despedirse de la mejor forma: en primer lugar vendiendo o dejando a sus pertenencias, casi todas relaccionadas con Elvis Presley.
Muchas dejan sorprendidos a los compradores, como los viejos discos o los posters. Si no puede guardarse su pasado, por lo menos puede repartirlo, sin que se pierda del todo: trozos de memoria garantizados. No es una venta motivada por la desesperación, es una venta casi de relevo generacional.
Luego, es proyecto es muy simple: marcharse a Estados Unidos, a pesar de que la dueña de la agencia de viajes casi le avise a Al que América es un lugar muy peligroso para una persona mayor. Mientras tanto Cook nota que en Viena los locales donde se exhibía han cerrado y finalmente se marcha después de haber reconectado con su antigua pareja Brigitte.
Un mundo off
Presentado en la Berlinale de este año, donde ha optado al Oso de Oro, el nombre completo de la peli es ‘Wiener Blues - The loneliest man in town’. Es decir, que es fundamental entender el peso de Viena en la historia. Al es un mito en los círculos ‘alternativos’ de la ciudad, pero de todas formas cuando le quitan la casa es como si le faltara el aire. Y probablemente no por casualidad la última imagen de la peli, cuando el hombre se marcha definitivamente, es una ventana abierta desde donde entran pequeñas ráfagas de viento, sacudiendo las cortinas.
Hemos podido hablar después de la primera proyección, el pasado sabado, con los dos directores, la pareja italo-austriaca compuesta por Tizza Covi y Reiner Frimmel. Ambos vienen del mundo de la fotografía y esto se nota, sobre todo en algunas tomas de cámara muy peculiares, los colores de esta Viena que no es para influencers, sino más privada, realmente off, alternativa. Y donde los protagonistas son gente mayor, los jóvenes de hecho haciendo de curiosos compradores.
Muchos aplausos después de la proyección, cabe decir, y mucho interés. Tizza es italiana, de Bolzano, y con Reiner estudió en Roma: ella ha montado la peli e insiste mucho en el concepto de esta ciudad que «cierra cada vez más locales», igual porque ya no son rentables.
«Conocemos a Al desde hace mucho tiempo, unos 20 años –nos confirman los dos–, pero solamente en época reciente hemos empezado a pensar a una historia relaccionada con él. Y hemos encontrado la ocasión a través de toda una serie de desahucios que han empezado a ocurrir en Viena. Sí, somos un poco nostálgicos, pero esto es el cine: en medio siglo igual no se podrán ver cosas que por otro lado están presentes en nuestra peli».
Y cuando le preguntamos a Tizza si habrá en un futuro, quizás, un ‘The loneliest man in town – 2’, para documentar lo que haya podido pasar a Al en Mississippi, ella contesta entre sonrisas: «No, no lo hemos planteado, es bonito dejar el final abierto». El hombre más solitario, en fin, ya no es así.