Azul-dorado Movistar
EL CASTILLO
Estado español, 2026. Dir.: Elena Martín Gimeno, Sandra Romero. Gui.: Isabel Peña, Eduardo Villanueva. Int.: Raúl Arévalo, Valentina Vidal, Omar Ayuso, Laia Marull.
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Una forma sobrevuela las mansiones acristaladas de ‘Crematorio’, o las carreteras polvorientas de ‘La ruta’, con la que ‘El castillo’ comparte no pocos elementos: se trata del ‘azul-dorado movistar’, un dispositivo narrativo y estético que garantiza que la ficción por delante es verídica, además de lo bastante importante para ser contada.
Se necesita un halo de gravedad para abordar la temática que eligen Isabel Peña y Eduardo Villanueva para su serie, sobre el auge de una red de clubes nocturnos donde se explota a mujeres inmigradas. Pero todo en ‘El castillo’ parece replegarse a las fórmulas más comodonas de la ‘tele’ de cable. Raúl Arévalo, simpático proxeneta de doble filo, suaviza el arquetipo de villano de descampado de Alberto Rodríguez, y demás neonoirs españoles. El secuestro y extorsión de Claudia (Valentina Vidal) sigue las pautas más ortodoxas del cine social, e incluso el aliado de ética ambivalente que interpreta Omar Ayuso tiene algo de la deconstrucción masculina de ‘Querer’.
Subordinadas al showrunner, perdemos cualquier rastro de escritura autoral de parte de las realizadoras Elena Martin Gimeno (‘Creatura’) y Sandra Romero (‘Por donde pasa el viento’), dos de las voces más potentes del audiovisual contemporáneo. Ellas se disfrazan en favor de un packaging neto, comercializable a un público adulto e interesado. Defenderemos, claro, la visibilización del edutainment (entretenimiento con ánimo educativo), y más cuando la trata ilegal de mujeres no se consideró delito en el estado Español hasta 2010. Pero a la ficción hay que pedirle más, o diferente.