Ira Sachs, la ciudad y sus cuerpos
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‘¿Cuánta cinta hemos gastado ya?’, le pregunta el fotógrafo Peter Hujar a la escritora Linda Rosenkrantz al principio de su conversación grabada en diciembre de 1974. Cuando ella le responde: «Un tercio», él insiste: «Vale, entonces no te estoy aburriendo, ¿no?». «No», contesta Linda. «A mí no me aburres en absoluto». En ‘El día de Peter Hujar’, película que adapta la cinta de aquella conversación, Ira Sachs (Memphis, 1965) decide mantener este diálogo, en apariencia nimio, como para percatarse de que todavía les escuchamos con cariño. En el fondo, la pregunta podría formularla cualquiera de sus protagonistas: hombres que vibran, inquietos, frágiles, tras la fachada. Que se cuentan para que les sobrevivan sus memorias.
El cineasta era ya conocido por sus dramas intimistas, pero saltó de una vez por todas a la primera línea con ‘Passages’ (2023) y ‘El día de Peter Hujar’ (2025), ambas coprotagonizadas por Ben Whishaw. Se trata, respectivamente, de un tórrido melodrama sobre los límites de una pareja a tres ambientado en el París actual, y de una pieza de cámara biográfica que resucita el Nueva York de los años setenta, como lo haría una película de la época. Es decir, son películas radicalmente diferentes… Excepto que ambas se crecen imaginando de noche, a pie de calle, qué grandes vidas se recortan tras los ventanales iluminados.
Ni de Nueva York ni de París, sino de Memphis es originario Sachs, quien creció visitando el pueblo natal de su padre, Park City, justo donde por aquel entonces empezaba a celebrarse un incipiente Festival de Sundance, del que se enamoró. Más tarde estudiaría Literatura y cine en Yale, donde dirigió sus primeras producciones teatrales con actores de su propia compañía estudiantil.
Desde entonces, ha ido construyendo una de las filmografías más discretas de todo el indie estadounidense. Una trayectoria que arroja la perspicacia y el cariño justos sobre lo queer, la masculinidad, las familias elegidas, las presiones sociales y el propio impulso de la creación. ‘Keep the Lights On’ (2012) es el epítome perfecto de una película made by Ira Sachs: un relato de autoficción en el que un director de cine guapo, inteligente y juguetón se empareja con un abogado igual de atractivo, formado y dispuesto, pero hay un problema que los separa sin remedio; en este caso, una grave adicción a las drogas.
A lo largo de su carrera, el cineasta ha retratado con suma delicadeza y convicción la tensión entre el deseo y la precariedad, y además el sentido de pertenencia. Lo vemos desde su primer largometraje, ‘The Delta’ (1990), un despertar sexual que, si ocurre en el beatus ille de los márgenes del río Misisipi, es porque el sexo gay ha sido siempre expulsado de las ciudades. También en sus hits más recientes, como ‘El amor es extraño’ (2014), donde una pareja gay se ve obligada a renunciar a su apartamento en Manhattan tras casarse.
Para Ira Sachs, la intimidad se convierte en un campo de batalla frente al abandono. Su debut, el cortometraje ‘Lady’ (1994), sobre la soledad de una anciana en Nueva York, ya anticipaba su enorme sensibilidad hacia los cuerpos invisibilizados. O en su ensayo ‘Last Address’ (2010), que yuxtapone vistas sobre vistas a las fachadas de los edificios donde vivieron artistas fallecidos por el sida, como Robert Mapplethorpe, Keith Haring o David Wojnarowicz. Son vestigios de historias pequeñas y olvidadas: cuentos en interior noche que, como Peter Hujar, piden solo un poco más de nuestro tiempo.