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La Naval de Sestao: orgullo y memoria sin nostalgia

Entramos –metafóricamente– en la enorme avenida con la que se accedía a La Naval de Sestao. Estamos en Itsasmuseum, en Bilbo. donde recupera una de las etapas más relevantes de nuestra historia industrial con ‘La Naval. Cantera de titanes’, un viaje en el que no cabe la nostalgia... ¿O sí?

Maqueta del Bilbao Knutsen, que todavía sigue en activo. (Mikel MARTINEZ DE TRESPUENTES | FOKU)

Ángel Comonte es el comisario de ‘La Naval. Cantera de titanes’, la exposición que acoge la sala principal de Itsasmuseum hasta abril de 2027. Por cierto, este museo dedicado al patrimonio marítimo se levanta sobre parte de los terrenos del antiguo Astillero Euskalduna, otro de los grandes protagonistas de la construcción naval de la ría de Bilbo.

Hay muchas conexiones aquí: las trayectorias de Euskalduna y La Naval quedaron estrechamente vinculadas con la creación de Astilleros Españoles en 1969. Tras el cierre de Euskalduna durante el proceso de reconversión industrial, parte de su plantilla se incorporó al astillero de Sestao.

«Yo soy hijo y nieto de trabajadores de la Naval de Sestao. Mi abuelo fue un ‘niño de la guerra’ que viajó durante la evacuación de la Guerra del 36 en el vapor ‘Habana’, como se rebautizó al famoso ‘Alfonso XIII’», recuerda. La vida de aquella especie de ciudad dentro de Sestao se le ha quedado marcada a fuego a Comonte, con aquellas botaduras a las que los trabajadores llevaban, orgullosos, a sus hijos.

A mí, aquellas botaduras me crearon una sensación de enormidad –recuerda–, de ser una pequeña cosa al lado de aquel monstruo, de aquel titán, que habían hecho nuestros padres y nuestros abuelos. Me dije: ‘Esto es un orgullo colectivo; esto va más allá de las luchas en la calle y de las reconversiones’».

Patrocinada por Knutsen OAS España (filial del grupo naviero noruego Knutsen Group) y Laboral Kutxa, esta exposición recoge modelos navales, cedidos por Evizalde –eran las maquetas que se realizaban para los clientes; son impresionantes por su detalle y su tamaño–, fotografías históricas, planos, imágenes aéreas y documentación, que permiten recorrer la evolución del astillero y acercarse tanto a sus grandes construcciones como a las personas que las hicieron posible. 

Esta es la primera de la serie de exposiciones previstas en Itsasmuseum.

Porque en el centro de esta intrahistoria se sitúan los hombres y mujeres que sostuvieron nuestra industria con su trabajo y su lucha colectiva, buscando mejorar las condiciones de vida y los derechos sociales que hemos heredado. También se aborda la convivencia cotidiana entre lo industrial y lo urbano en aquellas poblaciones donde la frontera entre fábrica y ciudad se desdibujaba.

La fábrica se convertía así en una vecina más, un elemento inseparable del paisaje cotidiano, dando lugar a las llamadas ciudades-fábricas.

«Hay arquitectas como Lina Ghotmeh [la visionaria arquitecta libanesa], que  hablan de que un edificio o cualquier representación pertenece al colectivo, a todo el mundo, no solo al arquitecto que lo realiza. Ella habla de ‘la arqueología del futuro’ y se refiere a que, a través de la modernidad, accedemos a la tradición», apunta Comonte.

Los buzos, las bolsas de la empresa... se ha recopilado todo tipo de material. (Mikel MARTINEZ DE TRESPUENTES / FOKU)

Jon Ruizgomez, director del Itsasmuseum, da algunas de las claves de este viaje al pasado del que esta exposición es un primer paso, porque es la primera de una serie de muestras: «Está la dimensión de La Naval, con unas infraestructuras descomunales. Luego, la  dimensión tecnológica, porque la complejidad técnica de realizar una embarcación como estas es enorme, y luego también está la dimensión económica, que fue realmente potente en La Naval».

«Estamos hablando de una obra colectiva –añade–. Esto no se realiza por una persona o por un único oficio, sino que es labor conjunta de muchísimas personas y muchísimos oficios trabajando en coordinación. Estamos hablando de una concentración de conocimiento realmente colosal». 

Vemos los barcos, vemos el tren que les usaba de transporte interno, los buzos que se utilizaban, vemos los tirachinas de las movilizaciones... ¿Y vemos mujeres? Sí, son las grandes olvidadas de la historia obrera, nos reconoce Comonte, pero aquí están. Nos habla de la telefonista que «estaba en la entrada de las oficinas y tenía un teclado enorme como lo de las discotecas», también de mujeres luchadoras como Nati Cuevas, delegada sindical, trabajadora desde los 21 años de La Naval y fotógrafa. Con su cámara, Nati Cuevas guardó para la memoria cómo era el trabajo diario en aquellos titanes.

‘La Naval. Cantera de titanes’ propone, en definitiva, redescubrir la historia de La Naval a través de sus grandes construcciones, pero también de aquello que las hizo posibles: el conocimiento técnico, la capacidad de innovación y, sobre todo, el esfuerzo, el compromiso y el saber hacer de miles de personas. Se reivindica así el legado de uno de los principales referentes de la construcción naval europea y conecta el patrimonio industrial con la memoria colectiva de Bizkaia, poniendo en valor su impacto económico, social y humano.

«Mientras exista un buque en activo, seguirá estando vivo el espíritu de La Naval». 

El núcleo de la exposición se centra en las décadas comprendidas entre los años sesenta y el final de su actividad. Aquí se refleja la capacidad de adaptación de La Naval en un contexto internacional cada vez más competitivo, desde la construcción de grandes petroleros y buques mercantes hasta el desarrollo de buques lanzadera, metaneros, dragas de grandes dimensiones, ferris de nueva generación, buques cableros y otras construcciones de alta complejidad tecnológica. 

Una de las áreas centrales de la exposición está dedicada a los barcos. Una selección de modelos navales permite recorrer tres etapas fundamentales de la historia reciente del astillero: Astilleros Españoles S.A. (AESA), IZAR y Construcciones Navales del Norte (CNN).

La integración de La Naval, Euskalduna y Astilleros de Cádiz en Astilleros Españoles en 1969 abrió una etapa de gran expansión industrial. Tras la crisis naval de las décadas de 1970 y 1980 y los sucesivos procesos de reconversión industrial, el astillero inició una profunda transformación orientada a la construcción de buques cada vez más complejos desde el punto de vista tecnológico.

Durante la etapa de IZAR, La Naval reforzó su especialización en construcciones de elevada complejidad tecnológica, especialmente grandes metaneros de gas natural licuado (GNL). En este proceso tuvo un papel destacado la relación de largo recorrido con el armador noruego Knutsen, que contribuyó a consolidar esta línea de trabajo.

En su última etapa, bajo la gestión de Construcciones Navales del Norte, se apostó por buques de alto valor añadido: grandes dragas, buques para trabajos submarinos, ferris más eficientes y sostenibles y buques cableros.