Larraitz Ugarte
Abogada

Amaestrar el feminismo y repartir tortas

Veo con cierta sorpresa todo lo que está trascendiendo a la esfera pública en lo que parece ser una rebelión ante los avances feministas y estoy llegando a la conclusión de que hay una reflexión por parte de algún partido político que ha valorado que renta embarrar todo aquello que no tiene bajo su control, sean valores, movimientos sociales o alcaldesas. Me los imagino en una gela oscura de algún batzoki del uri batzar de turno, con titulaciones de comunicación y másteres varios diseñando un planazo para «recuperar los valores clásicos de la decencia cristiana, ir calentando el verano a base de polémicas impostadas y sobre todo generar un desgaste electoral a EH Bildu». Y todo ello con mentiras tan zafias y burdas que generan vergüenza ajena. El sentido común por suerte ya no está allí, en ese retrato anacrónico católico y prosistema. Los resistentes y reacios los aplaudirán, pero la sociedad afortunadamente ha evolucionado y ya no calan ciertos mensajes más allá de en algunos medios de difusión que siguen intentando gobernar desde sus mesas de escritorio.

Por partes. Por un lado, que la Diputación Foral de Araba haya decidido sancionar y prohibir unos udalekus, que ya funcionaban cuando yo era adolescente, tras unos publirreportajes no casuales del Grupo Vocento en los que casi hemos leído que a nuestros niños y niñas les extraían la sangre para ofrecérsela a algún Belcebú depredador sexual... ha sido todo tan absurdo y malintencionado que poco más se puede añadir. Cualquier modo de ver el cuerpo humano que no sea pecaminoso ni sexualizado ha sido ya proscrito antes de la visita papal. Espero que Euskal Udalekuak pueda seguir con su proyecto para que muchos niños y niñas, especialmente aquellas que han estado tuteladas en centros de la Diputación, puedan tener unas vacaciones felices y con valores, que es de lo que se trata. 

Ahora Orereta. Ahora resulta que la entente feminista de este país son Eider Mendoza, Bingen Zupiria y el mismísimo Imanol Pradales. Aquí ya se sube el volumen moral, otra vez a través del grupo Vocento; uno se coloca la mochila feminista cual boy scout y a repartir tortazos a todas aquellas instituciones, asociaciones feministas y alcaldesas que no han seguido los métodos clásicos, y según ellos válidos, de perseguir la violencia machista. 

No es casualidad que sea Orereta, es obvio. No en balde es el municipio de más habitantes de la Comunidad Autónoma Vasca que gobierna Euskal Herria Bildu y en el que su alcaldesa, Aizpea Otaegi, ha liderado numerosos proyectos pioneros convirtiéndose en una líder carismática y con una descomunal capacidad política para, no solo transformar su ciudad, sino las políticas públicas institucionales. Hay que neutralizar a los posibles contrincantes. Lo hicieron con Nagore Alkorta y Corrugados y ahora lo hacen con Aizpea Otaegi, la compañía de danza y... ¿la Bertso Eskola? 

Unas mujeres, víctimas de algunas conductas inapropiadas, delictivas, machistas, sexistas... (pongámosle el atributo que queramos) optan por denunciar a través de cauces no formales (Ertzaintza, juzgado) a algún miembro de la Bertso Eskola o de la compañía de danza en su caso. Se abren a través del movimiento feminista de la localidad protocolos desde el respeto al deseo de las víctimas sobre cómo proceder y se adoptan una serie de medidas para con los autores de dichas conductas. 

Tal y como reza mi descripción de columnista, soy abogada, me dedico a ello y veo a cientos de mujeres al año acudiendo a la justicia formal. Dependiendo de sus necesidades y circunstancias, a algunas les he recomendado yo misma que acudan. A otras, sin embargo, les he aconsejado expresamente que no. Bien porque el sistema formal tampoco las va a proteger (las fallas del sistema las vemos a diario), bien porque la justicia es lenta y la Policía, en algunos casos (no en otros), bastante inepta. Y si las víctimas en este caso no han querido denunciar e ir a la justicia formal... ¿Quién es Eider Mendoza para inmiscuirse en un tema del que todo lo sabe de oídas y concluir en portada que la actuación por parte del Ayuntamiento hubiera sido diferente si el agresor fuera de otra naturaleza política? 

¿Cuál es el papel de la víctima en un procedimiento formal? ¿Se han sentido, por ejemplo, las víctimas del profesor de Irun condenado a 4 años reparadas? Quizá sí. Para muchas es muy importante que haya una condena simplemente porque han conseguido ganar la batalla de la credibilidad social, algo que es muy importante. Pero más allá de eso, ¿han conseguido un cambio en ese profesor? ¿Cómo ha sido el proceso para ellas, han sabido su condena, se les ha notificado después de que lo sepa la prensa o antes? ¿Qué pasa con el trato que reciben de estar horas y horas en comisaría y más horas en el juzgado? ¿Qué pasa cuando ni les avisan que sus victimarios han salido de la cárcel? Las fallas son innumerables y es por ello que la justicia es la institución en la que la población menos confía. Razones no le faltan. Pero es que además, ¿qué pasa si no crees en la cárcel ni en el castigo, sino que piensas que ciertas conductas no deben entrar en el ámbito del derecho penal, pero sí en el de la justicia restaurativa? 

Y si las víctimas han optado por ello y han tenido la suerte de que el Ayuntamiento (que no lo hace cualquiera) decide acompañar en ese asunto, no mirar para otro lado y coadyuvar al movimiento feminista en ese proceso... ¿qué está mal? ¿No les da vergüenza utilizar algo tan serio y traumático para las mujeres que han sido agredidas con el fin de debilitar al adversario? ¿Tan mal están que ahora intentan pelear en un campo como el feminismo en el que día a día pierden su legitimidad y credibilidad? Muy mal tiene que estar Aitor Esteban para ser tan torpe y zafio. Porque la utilización de las víctimas es algo muy, muy feo, y demasiado serio para que no te venga de vuelta a hacerte un chichón en la frente como un boomerang playero. 

Quiero acabar dando las gracias al movimiento feminista de Orereta y de Euskal Herria por estar ahí para nosotras y, a pesar de la presión, haber dado la cara esta semana con un discurso desde el principio hasta el fin. 

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